Los capachos del Camello (Cequia)

Caratula-Cequia

8 Febrero 2015

Vale que el título de la entrada es un tanto enigmático, pero todo tiene su explicación: Cequia (o Acequia) es un pequeño anejo de Alcalá la Real, junto a Ermita Nueva, ambos a poca distancia de la carretera N-432, por la salida de Mures pero al lado contrario. Se apoyan en un cerro boscoso que llaman el Cerro del Camello (a saber por qué). Lo más característico de la localidad son unas espectaculares dolinas (hundimientos del terreno calizo, como las torcas de la Serranía de Cuenca) situadas a las afueras del pueblo y algo más allá. En la zona las llaman “los capachos”. En cualquier mapa de curvas de nivel (el del SIGPAC FEGA, por ejemplo) llaman poderosamente la atención por su redondez y su profundidad. Llamaron la mía, en cualquier caso, y allá que nos fuimos a disfrutarlas sobre el terreno…

Cequia es humilde y discreta como puede verse, pero tal vez por ello ha congregado a un inusual número de súbditos británicos que han ido a posar sus reales en la localidad, a tenor de los buzones que pueden verse entre la primera y la segunda dolina…

Cequia es humilde y discreta como puede verse, pero tal vez por ello ha congregado a un inusual número de súbditos británicos que han ido a posar sus reales en la localidad, a tenor de los buzones que pueden verse entre la primera y la segunda dolina…

Los mencionados capachos comienzan en la parte alta del pueblo, hacia el monte…

La primera es este rotundo coliseo, con olivos a modo de espectadores y bello prado central con pozo incluido. A la derecha puede verse el talud -con carretera encima- que la separa de la siguiente.

La primera es este rotundo coliseo, con olivos a modo de espectadores y bello prado central con pozo incluido. A la derecha puede verse el talud -con carretera encima- que la separa de la siguiente.

La segunda es menos profunda pero más extensa, y en este caso los olivos ocupan el centro, sobre la fértil terra rossa que suele ocupar estos lugares.

La segunda es menos profunda pero más extensa, y en este caso los olivos ocupan el centro, sobre la fértil terra rossa que suele rellenar estos lugares.

En lugar de tomar la carreterita que cruza entre las dos depresiones, rodeamos la segunda por la derecha, entre grupos de casas (que suponemos son las de la colonia extranjera). Allí comienza un carril de tierra que abandona el caserío en dirección al monte:

Pasando primero por el cortijo que podéis ver en la foto.

Pasando primero por el cortijo que podéis ver en la foto.

Anticipando la primavera, los lirios tapizan el suelo verdeante. Ha llovido en abundncia y se nota…

Anticipando la primavera, los lirios tapizan el suelo verdeante. Ha llovido en abundancia y se nota…

Superado el cortijo, donde un aplicado mastín nos previene de que aquello es de su amo, el camino bordea un olivar a la izquierda, que se afila hasta desaparecer dejando paso a un hermoso monte de encinas.

Superado el cortijo, donde un aplicado mastín nos previene de que aquello es de su amo, el camino bordea un olivar a la izquierda, que se adelgaza hasta desaparecer dejando paso a un hermoso monte de encinas.

Hacia atrás queda el cortijo, y al fondo el amplio paisaje cuyo telón de fondo no es otro que la Sierra Sur de Jaén, más o menos en el término de Frailes.

Hacia atrás queda el cortijo, y al fondo el amplio paisaje cuyo telón de fondo no es otro que la Sierra Sur de Jaén, más o menos en el término de Frailes.

Hay que estar atentos al mapa, porque la tercera dolina nos queda a la derecha del camino, que de suyo muere en un olivar algo más allá. Nos saldremos por ese lado al avistar algunas trochas que toman esa dirección, en ligero ascenso. A los pocos metros, en el ángulo que forman trocha y camino, nos asomaremos a una tercera depresión:

Esta es todavía más grande y más profunda, y los civilizados olivos ya han dejafo paso a las silvestres encinas, que tapizan el fondo.

Esta es todavía más grande y más profunda, y los civilizados olivos ya han dejado paso a las silvestres encinas, que tapizan el fondo.

Aquí dudamos de la ruta a seguir: la vuelta al camino nos llevaría al mencionado olivar, por debajo de la dolina, y a una incierta trocha que debería atravesar la empinada ladera del cerro hasta un collado y cortijo bastante más allá. La otra opción es tirarse al monte, por encima de la dolina, y ganar la cima del cerro, por donde en la ortofoto se adivina una trocha que sin duda será más espectacular. Es lo que decidimos hacer, para lo cual seguimos la trocha que habíamos tomado…

… la cual va faldeando el cerro, por un terreno cerrado que dice "coto de caza" a voces. Al fondo, las alturas de la Sierra Sur se visten todavía de la última nieve.

… la cual va faldeando el cerro, por un terreno cerrado que dice “coto de caza” a voces. Al fondo, las alturas de la Sierra Sur se visten todavía de la última nieve.

Y en efecto, eligiendo siempre la trocha más alta y más a la izquierda, por ver de situarnos por encima de la dolina, acabamos topándonos con la sempiterna valla de alambre, que en este caso parece claramente vedar un coto. Aguzamos el oído por si los tiros, pero en no oyendo nada, decidimos que vamos a suponer que es una valla de ganado, y la cruzamos. Desplazándonos a la izquierda, acabamos llegando al borde superior de la depresión:

Que se abre a nuestros pies como el Snaeffels a los pies del profesor Lidenbrock…

Que se abre a nuestros pies como el Snaeffels a los pies del profesor Lidenbrock…

Depresión aparte, el cerro es una suave cuesta donde masas de encina alternan con jugosos prados:

Un paraíso para ungulados, ya sean domésticos o salvajes. Las trochas que lo atraviesan lo mismo pueden ser de cazadores que de pastores…

Un paraíso para ungulados, ya sean domésticos o salvajes. Las trochas que lo atraviesan lo mismo pueden ser de cazadores que de pastores…

Pero desde luego están hechas más a medida de animal que a medida humana, lo que ns obliga a agachar la cerviz…

Pero desde luego están hechas más a medida de animal que a medida humana, lo que nos obliga a agachar la cerviz…

Resiguiendo el borde de la depresión llegamos a una zona un poco más escarpada:

A modo de rocoso balcón sobre la dolina.

…a modo de rocoso balcón sobre la dolina.

El lugar parece indicado para la foto oficial, que completamos rápidamente. Hoy somos poc@s, pero nos las apañamos para sumar 18 patas en total.

El lugar parece indicado para la foto oficial, que completamos rápidamente. Hoy somos poc@s, pero nos las apañamos para sumar 18 patas en total.

Proseguimos la marcha buscando lo que llamaríamos la espina dorsal del cerro. El encinar se aclara en un rosario de calveros herbosos que hacen nuestras delicias (y las de Bruno sobre todo, que no deja centímetro sin olisquear)

Proseguimos la marcha buscando lo que llamaríamos la espina dorsal del cerro. El encinar se aclara en un rosario de calveros herbosos que hacen nuestras delicias (y las de Bruno sobre todo, que no deja centímetro sin olisquear).

Por alguna abertura en el verde divisamos la cercana Alcalá la Real, con su castillo de La Mota en lo alto.

Por alguna abertura en el verde divisamos la cercana Alcalá la Real, con su impresionante Castillo de La Mota en lo alto.

Y más prados, que cerca de la cima del cerro predominan sobre el arbolado.

Y más prados, que cerca de la cima del cerro predominan sobre el arbolado.

Aunque la misma cima se protege con un espeso cinturón de coscojas, que hay que atravesar agachados…

Aunque la misma cima se protege con un espeso cinturón de coscojas, que hay que atravesar agachados…

… hasta la ventana que nos enfila en el punto más alto.

… hasta la ventana que nos enfila en el punto más alto.

Estamos en lo alto de la joroba del Camello, gozando de buenas vistas hacia el Sur, el Este y el Oeste…

Hacia el Suroeste el cerro se prolonga en una cresta airosa pero practicable, que vamos a recorrer de cabo a rabo. De entrada hasta un primer collado que desaparece bajo la pendiente, y luego, si es posible, por el cerrete boscoso a la izquierda del notorio erial rojizo del fondo.

Hacia el Suroeste el cerro se prolonga en una cresta airosa pero practicable, que vamos a recorrer de cabo a rabo. De entrada hasta un primer collado que desaparece bajo la pendiente, y luego, si es posible, por el cerrete boscoso a la izquierda del notorio erial rojizo del fondo. En su parte alta, oculto por el cerrete se encuentra un tal Cortijo Cabrerizas que hemos pensado visitar.

Tras unos minutos de descenso empinado pero fácil, alcanzamos el primer collado. Suponemos que desde aquí, desviándonos a la derecha, podríamos llegar al valle por el que pretendemos bajar, pero de momento vamos a mantenernos en la cresta e intentar recorrerla hasta el final.

Tras unos minutos de descenso empinado pero fácil, alcanzamos el primer collado. Suponemos que desde aquí, desviándonos a la derecha, podríamos llegar al valle por el que pretendemos bajar, pero de momento vamos a mantenernos en la cresta e intentar recorrerla hasta el final.

Hénos aquí en la tarea, nada penosa por otra parte.

Hénos aquí en la tarea, nada penosa por otra parte. Una valla -suponemos que la misma que veda todo el coto- nos acompaña por la izquierda.

Un poco más adelante una peculiar formación rocosa nos sale al paso…

Un poco más adelante una peculiar formación rocosa nos sale al paso…

Hacia atrás, la cima del cerro, que acabamos de recorrer, domina el paisaje circundante, con las sierras de Jaén como telón de fondo. Para la vuelta tomaremos el valle de la izquierda , en sentido inverso al actual.

Hacia atrás la cima del cerro, que acabamos de recorrer, domina el paisaje circundante, con las sierras de Jaén como telón de fondo. Para la vuelta tomaremos el valle de la izquierda , en sentido inverso al actual.

Por fin divisamos los tejados del Cortijo de las Cabrerizas por encima de las encinas. Es el final de la cresta y el comienzo de la vuelta.

Por fin divisamos los tejados del Cortijo de las Cabrerizas por encima de las encinas. Es el final de la cresta y el comienzo de la vuelta. Su posición es envidiable, asomado a la abertura que hace aquí el cerro, principiando un fértil calvero relativamente llano entre el monte de encinas.

Un camino entra en el paraje desde la izquierda y prosigue por el vallecito que aquí comienza en dirección al pueblo. Será el que tomemos para una cómoda vuelta hacia éste.

Junto al Cortijo, poderosas encinas sombrean los bebederos donde abrevan algunos caballos, las ovejas que hemos visto llegar desde la ladera de enfrente y unos cuantos mastines que, respetuosamente, nos acompañan en nuestro camino alejándonos de sus tierras.

Junto al Cortijo, poderosas encinas sombrean los bebederos donde abrevan algunos caballos, las ovejas que hemos visto llegar desde la ladera de enfrente y unos cuantos mastines que, respetuosamente, nos acompañan en nuestro camino alejándonos de sus tierras.

Que el camino va a ser un disfrute nos queda claro a los pocos metros…

Que el camino va a ser un disfrute nos queda claro a los pocos metros…

Y se confirma en cada tramo de prado que recorremos.

Y se confirma en cada tramo de prado que recorremos.

Para culminar, un poco más adelante, en una última dolina que se abre al borde del camino.

Para culminar, un poco más adelante, en una última dolina que se abre al borde del camino.

Su fondo plano y herboso presenta algún hundimiento, no sabemos si sumidero o revolcadero de jabalíes, y acoge una estructura metálica cuya función no acabamos de precisar, aunque podría ser un torno o cabrestante de algún tipo.

Su fondo plano y herboso presenta algún hundimiento, no sabemos si sumidero o revolcadero de jabalíes, y acoge una estructura metálica cuya función no acabamos de precisar, aunque podría ser un torno o cabrestante de algún tipo.

Colocados a su nivel, en todo caso, es de una configuración regular que nos fascina…

Colocados a su nivel, en todo caso, es de una configuración regular que nos fascina…

A partir de este lugar el valle se estrecha y el bosque está más encima del camino:

… lo cual tampoco molesta en absoluto.

… lo cual tampoco molesta en absoluto.

Acabamos saliendo a unos olivares que aparecen por la izquierda, donde se afanan algunos lugareños podando ramas y quemando los restos. Nos miran de costado como diciendo “esos no tendrían que estar de ese lado de la valla”, pero en cualquier caso, llegados a un portillo en la misma, lo franqueamos sin problema accediendo al camino principal al que viene a morir el que seguíamos. Continuaremos por él, siempre con encinas a la derecha, hasta el punto en el que, tras un arroyito lateral, comienza el primer olivar de ese lado. Dado que el camino, según el mapa, continúa valle abajo y que el pueblo se encuentra a la derecha, rodeando el cerro, tomaremos por el borde del olivar -en fuerte pendiente- unos 200m para salir a otro camino que -este sí- nos llevará a Ermita Nueva y Cequia sin más pérdida.

Desde este último tramo gozams de la panorámica más amplia sobre Alcalá La Real y la Sierra Sur, que viene a ser un estupendo broche de oro de esta agradabla jornada.

Desde este último tramo gozamos de la panorámica más amplia sobre Alcalá La Real y la Sierra Sur, que viene a ser un estupendo broche de oro de esta agradabla jornada.

Llegados al pueblo, callejeamos hasta el vehículo y nos vamos a comer por ahí, que la marcha ha sido corta y nos ha cundido. Nos vemos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s