La Huida desde el Cañuelo

29-Cortijo-desde-alli3 Mayo 2014

No es el título de una película de truculentas evasiones carcelarias. Se trata de conectar la conocida área recreativa del Cañuelo, en la Sierra de Albuñuelas, con el paraje que ya hemos visitado antes y que transcribimos como Juia, pero que en algunos mapas aparece como “casas de La Huida”…

track de la ruta en Google Maps

En aquella entrada ya me llamaba la atención el curioso topónimo de Juia, pero al leer lo de la huida mi curiosidad fue en aumento. Podría ser un error de transcripción, en uno u otro sentido (cosas peores se han visto, como “Garrataqui” por “Carialfaquí”), pero daba la impresión de algo más… Y un día se me encendió la luz: podría no ser un error de transcripción, sino de acentuación. Si pronuncias Juía, con acento en la í, y sustituyes la recia jota por una suave aspiración al modo que algunos andaluces pronuncian la h… Juia era Huida. Entonces googleé ambos términos juntos y conseguí encontrar un artículo, luego otro, donde el término se comentaba explicitamente, y además en un contexto inesperado para mí: al parecer, durante la Guerra Civil, y conforme las áreas republicanas caían en poder de los facciosos, se preparaban rutas de escape para notables y amenazados, que quedaron en el habla popular como “Juías”. Generalmente de las ciudades al monte, lo que no he conseguido encontrar es el punto de partida de esta que al parecer discurrió por aquí. Supongo que Granada. Si alguien sabe algo más del asunto, cualquier aportación será bienvenida.

Pero vamos a lo nuestro: el punto de partida será el mismo que en la otra ocasión:

El prado a la izquierda del camino en la última curva antes de los Prados de Lopera

El prado a la izquierda del camino en la última curva antes de los Prados de Lopera. Y nuestra ruta inicial, nada menos que el GR-7.

Ascendemos la suave vaguada por donde discurre el camino, hasta salir al principal, que desde la carretera de la Cabra se dirige al Cañuelo y a Albuñuelas por el valle:

El carril cruza en perpendicular nuestro rumbo. En la anterior ocasión lo cruzamos y seguimos al frente, pero hoy lo tomamos hacia la derecha, descendiendo a los valles…

El carril cruza en perpendicular nuestro rumbo. En la anterior ocasión lo cruzamos y seguimos al frente, pero hoy lo tomamos hacia la derecha, descendiendo a los valles…

…el primero, el propio Barranco del Cañuelo. Sierra Nevada al fondo, y a la derecha el Pico Giralda.

…el primero, el propio Barranco del Cañuelo. Sierra Nevada al fondo, y a la derecha el Pico Giralda.

El carril rodea una cuenca, luego una loma, mientras se aproxima al fondo del barranco. Llegados a éste, continúa valle arriba, pero de él se desprende, valle abajo, el que tomamos ahora:

… hacia el que trochamos en cuanto lo vemos paracticable.

… hacia el que trochamos en cuanto lo vemos paracticable.

Valle abajo vamos a a continuar, por un carril en franco desuso…

… que nos regala unos hermosos ramilletes de Iberis pectinata creciendo entre las agujas de pino.

… que nos regala unos hermosos ramilletes de Iberis pectinata creciendo entre las agujas de pino. No en vano acaba de comenzar el mes de mayo.

Un poco más adelante, el carril se echa al monte, y nuestra senda, por la izquierda, permanece en el fondo del valle. Un poste del GR-7 ya nos avisa de que NO es por el carril.

Un poco más adelante, el carril se echa al monte, y nuestra senda, por la izquierda, permanece en el fondo del valle. Un poste del GR-7 ya nos avisa de que NO es por el carril.

Ahora discurriremos un rato por senda, primero bajo los pinos, luego por una zona despejada, antes de volver a la espesura, donde encontramos una agradable sorpresa…

…en forma de fuentecilia romántica y pastoril, cuyas frescas aguas agradecemos.

…en forma de fuentecilia romántica y pastoril, cuyas frescas aguas agradecemos.

A poco de esto se sale de lo más espeso y la senda vuelve a convertirse en carril…

Poco después la senda vuelve a ser carril, que un poco más adelante se bifurca. Tomaremos, como antes, el ramal izquierdo, que baja.

…que un poco más adelante se bifurca. Tomaremos, como antes, el ramal izquierdo, que baja.

Y tanto que baja, que es la cuesta más pronunciada de la jornada (afortunadamente hacia abajo).

Y tanto, que es la cuesta más pronunciada de la jornada (afortunadamente hacia abajo).

Al final de la cuesta el camino tuerce a la derecha y aborda, por encima, el área recreativa del Cañuelo:

Entre pinos y cipreses, unas cuantas mesas de piedra…

Entre pinos y cipreses, unas cuantas mesas de piedra…

Abajo los refugios, que están abiertos…

Abajo los refugios, que están abiertos…

Y enfrente la fresca alameda que los separa del camino.

Y enfrente la fresca alameda que los separa del camino.

Aquí se juntan el que hemos seguido con el que habíamos dejado irse valle arriba, que ha vuelto subrepticiamente hasta aquí por un valle paralelo al nuestro, con el que también confluye en este punto.

Desde aquí seguimos bajando cerca de 1 km, lo que da para alejarnos del cauce y para volver a él y cruzarlo dejándolo a nuestra derecha. En esa zona amplia y relativamente llana estaremos atentos al punto clave de la jornada, que nos permitirá huir de estos secos terrenos hacia verdores insospechados:

Se trata de un talud rocoso a la izquierda, que marca el final del llano anterior y precede a una curva del camino a la izquierda.

Se trata de un talud rocoso a la izquierda, que marca el final del llano anterior y precede a una curva del camino igualmente a la izquierda.

Desde el mismo ápice de la curva subiremos ese talud…

… y comprobaremos que, mitad patas y mitad agua han excavado algo que podríamos tomar por una senda o trocha destartalada.

… y comprobaremos que, mitad patas y mitad agua han excavado algo que podríamos tomar por una senda o trocha destartalada. Su dirección es ligeramente a contramano del camino.

Tras esos primeros metros descarnados, la senda se interna en un llano cubierto de pinos no demasiado apretados. Aquí hay que afinar, y nos dirigimos al frente con cierto titubeo, procurando enfrentar el sentido ascendente de la loma sin caer a izquierda -por donde volveríamos al camino del que veníamos- ni a derecha, donde un barranco complicaría el avance. En realidad tenemos que acabar remontando dicho barranco, pero hay que acometerlo más arriba.

La táctica prudente rinde sus frutos, y conforme el llano se convierte en una cuesta arriba, y tras el agostado pino de la foto, encontramos algo que, sin ser una vereda real, está algo más marcada que la que seguíamos.

La táctica prudente rinde sus frutos y, conforme el llano se convierte en una cuesta arriba, tras el agostado pino de la foto encontramos algo que, sin ser una vereda real, está algo más marcada que la que seguíamos.

Tampoco mucho más, vayáis a creer: esto es lo que hay. Si la acepto es porque viene dibujada en el 1:10.000 y porque, al fin y al cabo, sin esta continuación no se entiende el tramo anterior.

Tampoco mucho más, vayáis a creer: esto es lo que hay. Si la acepto es porque viene dibujada en el 1:10.000 y porque, al fin y al cabo, sin esta continuación no se entiende el tramo anterior. La tomaremos hacia la derecha, ahora sí empezando a derivar hacia el barranco de ese lado.

Mientras hacemos camino, nos damos cuenta de que aquí hubo más de lo que queda, acogotado por romeros y aulagas, por jaras y enebros: en algún punto encontramos restos de los potes de barro de la recogida de la resina, aun con su última carga; en otro punto, una sospechosa alineación de piedras parece un jorfe o murete de lo que debió ser, pues, una vereda de cierta enjundia, hoy en trance de desaparecer.

Algún árbol caído obliga a rodear, y los últimos metros son confusos, mientras el barranco va subiendo a nuestra altura por la derecha, pero eventualmente salimos…

a este lugar donde el valle se aplana y los pinos se retiran, sustituidos por el matorral que, sin sus mayores, se desmadra

… a este lugar donde el valle se aplana y los pinos se retiran, sustituidos por el matorral que, sin sus mayores, se desmadra, convirtiendo el avance en una tarea un poco jeroglífica.

Menos mal que venimos desde abajo con idea clara de a dónde vamos, porque en sentido contrario costaría atreverse a afrontar este pestoso aulagar. Pero para nosotros, y desde ya, todo va a cambiar:

Porque llano adelante el matorral desaparece, y entre los pinos atisbamos ya el cortijo donde los partisanos nos ayudarán a salir de esta.

Porque llano adelante el matorral desaparece, y entre los pinos atisbamos ya el cortijo donde los partisanos nos ayudarán a salir de esta.

Las casas de la Huida -o digámoslo claramente, de la Juía- se recuestan indolentemente en su prado, con sus distintos tonos de verde, como las sierras de Cajamarca.

Las casas de la Huida -o digámoslo claramente, de la Juía- se recuestan indolentemente en su prado, con mil distintos tonos de verde, como las sierras de Catamarca.

Y del otro lado del altozano -en realidad un collado- que ocupa el cortijo, de nuevo nos maravilla el cambio de paisaje:

El amplio y suave valle de los Llanos de la Juía se alfombra de verdes, de hierba, de álamos y sauces, nogales y membrillos

El amplio y suave valle de los Llanos de la Juía se alfombra de verdes, de hierba, de álamos y sauces, nogales y membrillos… campiña inglesa injertada en el esclerófilo monte sureño.

Las eras y el paisaje gritaron a coro ¡foto oficial! y allí nos pusimos, en la cara la sonrisa del náufrago rescatado o del israelita ante su tierra prometida…

Las eras y el paisaje gritaron a coro ¡foto oficial! y allí nos pusimos, en la cara la sonrisa del náufrago rescatado o del israelita ante su tierra prometida…

Cumplimentado el homenaje, descendemos por el camino que, bajo las eras, cruza hacia el borde derecho de los llanos. Allí, antes de que el agua que rezuman los campos vuelva a las secas dolomías convertida en el Barranco del Tío Bernardo, reencontramos nuestra conocida mini-área recreativa:

… con camión, ya parte del paisaje, junto a los nogales y la (1) mesa de piedra…

… con camión, ya parte del paisaje, junto a los nogales y la (1) mesa de piedra…

… en la que, rodeados por esta arcadia feliz, procedemos a recompensar nuestros cuerpecillos con una opípara comida campestre.

Desde la sombra de los nogales, los llanos nos llaman con seductoras voces… todo se andará, en su momento.

Desde la sombra de los nogales, los llanos nos llaman con seductoras voces… todo se andará, en su momento.

A la hora de la siesta irrumpe en el valle, por donde el Cortijo, un ejército de cabras con su pastor. Toman posiciones a la izquierda del arroyo, y nos tememos que invadan nuestra ruta, pero no: se contentan con permanecer a ese lado, y luego se repliegan cuando iniciamos la marcha. Salimos de la sombra al prado de por encima, y avanzamos hacia la izquierda, paralelos al curso del arroyo y rodeando el cerrete que campea en mitad de los Llanos.

El campo está escandaloso, los árboles de ribera además con el follaje que no tenían en enero.

El campo está escandaloso, los árboles de ribera además con el follaje que no tenían en enero…

E incluso algunos en flor, como este pizpireto… ¿membrillo?

E incluso algunos en flor, como este pizpireto… ¿membrillo?

El cortijo nos queda a la izquierda y luego a la espalda conforme rodeamos el mencionado cerrete. El arroyo viene a nuestro encuentro (o viceversa) y nos adentramos en el húmedo meollo del valle:

… y si pongo esta foto y digo que es de Asturias nadie me va a replicar.

… y si pongo esta foto y digo que es de Asturias nadie me va a replicar.

Como guinda del pastel, por encima del robusto nogal del fondo encontramos…

… la charca, con sus juncos y hasta sus pececillos. Sólo le faltan los patos.

… la charca, con sus juncos y hasta sus pececillos. Sólo le faltan unos cuantos patos.

Esta foto viene a resumir este oasis: agua, álamos, detrás los cerros calizos y al fondo Sierra Nevada.

Esta foto viene a resumir este oasis: agua, álamos, detrás los cerros calizos y al fondo Sierra Nevada.

Superada la charca, andamos cerca del arroyo hacia un vistoso escalón de molasa (calcarenitas) que el agua ha partido en dos:

Y por la brecha vamos a entrar nosotros…

Y por la brecha vamos a entrar nosotros…

Tras el estrechamiento, cruzamos el arroyo y seguimos por su izquierda. Podemos ganar el camino, subiendo más hacia la izquierda, o seguir en la vecindad del arroyo hasta arribar, en todo caso, a la Casa Forestal de la Juía:

Bello enclave centrado por una exótica arboleda donde conviven cedros, cipreses y nogales, a la sombra de los cuales una pequeña alberca recibe el agua recién nacida de unos metros más arriba.

Bello enclave centrado por una exótica arboleda donde conviven cedros, cipreses y nogales, a la sombra de los cuales una pequeña alberca recibe el agua recién nacida de unos metros más arriba.

Si no lo hemos hecho antes, aquí encontramos el camino que viene desde el Cortijo por el borde izquierdo del valle. Lo seguimos hacia arriba, dejando atrás la Casa Forestal:

… pero sólo unos metros, porque gira a la derecha y viene a salir 1 km después a la carretera de la cabra en tierra de nadie. Así que tomaremos por la vaguada que en la foto se prolonga hacia el fondo.

… pero sólo unos metros, porque gira a la derecha y viene a salir 1 km después a la carretera de la cabra en tierra de nadie. Así que tomaremos por la vaguada de la izquierda, que se prolonga al frente…

Y por ella ascenderemos sin mayor problema hasta un último prado:

Que atravesaremos hasta su punta más lejana, tras la cual  una breve subida por la vaguada que sigue nos conducirá, derivando hacia la izquierda al final, al camino del Cañuelo, que por aquí pasa a poco de arrancar desde la carretera.

Que atravesaremos hasta su extremo más lejano, tras el cual una breve subida por la vaguada que sigue -sin senda- nos conducirá, derivando hacia la izquierda al final, al camino del Cañuelo, que por aquí pasa a poco de arrancar desde la carretera.

El camino lo seguiremos hacia la izquierda, para subir hasta la parte superior del Alto de la Juía, que en realidad es un altiplano por el que el camino luego llanea indolentemente, entre pinos, cedros, alguna sequoya, peonías, orquídeas o romero, según la estación.

… y algunas buenas vistas, como la de la Almijara, el robledal de Los Prados en plena efervescencia primaveral…

… y algunas buenas vistas, como la de la Almijara, el robledal de Los Prados en plena efervescencia primaveral…

Al final llegamos al punto en que la senda del comienzo desembocaba en el camino que seguimos ahora. La tomaremos (a derecha) para volver al prado y los vehículos. Et ça c’est tout!

À bientôt.

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