El otro Río Alhama

Caratula-Alhama-Beas

19 Octubre 2014

En Granada, hablar del Río Alhama es pensar en Alhama de Granada y su río. Pero “alhama” (del árabe: los baños [calientes]) es un topónimo muy abundante en España, asociado por lo general a surgencias termales, así que no es extraño que el nombre se repita aquí y allá. En este caso en la comarca de Guadix, y asociado tal vez a los Baños de Graena o a otros que hubiera en el curso del río que nos ocupa: el Río Alhama… de Guadix. El que nace en el Camarate y riega tierras de Lugros, Polícar, Beas, Marchal y Purullena antes de desembocar en el Fardes. Es bastante conocido por encima de Lugros, pues es el camino del prodigioso bosque del Camarate, pero… ¿y aguas abajo?

Aguas abajo, abandona enseguida el llano arcilloso donde se ubican Lugros y Polícar (superficie nivelada de lo que fue un gran lago o mar interior) y se talla un vistoso cañón antes  de remansarse de nuevo en una amplia vega entre Beas de Guadix y Purullena. Ese escalón, donde se divisa un espectacular bosque galería entre laderas densamente cubiertas de pinos -y más arriba encinas- era lo que tenía metido entre ceja y ceja. Así que, como la estación pedía alamedas otoñales, allá que nos fuimos.

Plano-Rio-Alhama-BeasLa margen derecha (geográfica) viene recorrida por un cómodo carril conocido de los ciclistas, y que yo quería usar para la vuelta. Pero pretendía subir por el mismo río, o lo más cerca posible del agua. Cosas de la querencia…

Dejar el coche tuvo un poco de tarea, y al final nosotros lo hicimos “en cualquier parte” para luego, andando, descubrir el sitio bueno, que es el que he señalado en el plano (pto. A): viene a ser, para entendernos, la tercera curva a derechas (las que se asoman al valle) desde que se comienza la subida desde Beas por la carretera de Polícar.

TajosSe reconoce porque, antes de ese punto, divisamos unos tajos a la izquierda sobre los que hemos pasado con la carretera sin notarlos. En la siguiente curva, en el ápice de la loma, arranca un antiguo camino con espacio para el aparcamiento.

 

Ya andando, el camino hace una revuelta para llegar a unas eras, precioso mirador sobre el valle:

La alameda juega al despiste con los colores: tramos aun verdes alternan con otoñales amarillos, en función -supongo- de la insolación y los vientos predominantes según la orientación. La loma de la derecha, desgraciadamente, exhibe los tonos parduzcos típicos de la plaga de procesionaria. Nada definitivo, espero, pero desluce el monte en un día que empieza a apuntarse como más cálido de lo deseable…

La alameda juega al despiste con los colores: tramos aun verdes alternan con otoñales amarillos, en función -supongo- de la insolación y la orientación respecto a los vientos predominantes. La loma de la derecha, desgraciadamente, exhibe algunos tonos parduzcos típicos de la plaga de procesionaria. Nada irremediable, espero, pero desluce el monte en un día que empieza a apuntarse como más cálido de lo deseable…

Pero cuando, tras caracolear por unas paratas de olivos llegamos al nivel de los chopos, todo se olvida:

… pues es como ingresar en otro mundo, fresco y sombreado.

… pues es como ingresar en otro mundo, umbrío y evocador.

El río baja aquí sin agua, pero no está lejos: su humedad sube como una benefactora exhalación desde el cauce alfombrado de hojas caídas…

El río baja aquí sin agua, pero intuimos que no está lejos: su humedad sube como una benefactora exhalación desde el cauce alfombrado de hojas caídas, bajando la temperatura un buen puñado de grados…

Entre la fronda se pudre un viejo molino, casi fagocitado ya por la vegetación.

Entre la fronda se pudre un viejo molino, casi fagocitado ya por la vegetación.

Tenemos un momento de duda, entre intentar seguir por el cauce o ganar la acequia que surtía de agua al molino, un par de metros por encima de éste. El acceso en este preciso punto es complicado debido a las zarzas, y habría que retroceder, río abajo, para hacerlo. Al final, dado que no hay agua, nos decidimos por el río, pero hacia arriba:

… y avanzamos unos metros bajo el dosel de vegetación, sin demasiado problema. Con alegría comprobamos que esos pocos metros bastan para que el agua aparezca. lo justo para aportar su discreto susurro al cauce.

… y avanzamos unos metros bajo el dosel de vegetación, sin demasiado problema. Con alegría comprobamos que esos pocos metros bastan para que el agua aparezca, lo justo para aportar su discreto susurro al cauce.

Más arriba, la vegetación vuelve a cerrarse sobre el río, ahora menos practicable debido al agua. Nos dejamos guiar por un hueco en la fronda, donde una trocha abandona el cauce por la izquierda… (por cierto que entre un numeroso grupo de setas, creemos que de cardo, que Maite recoge con empeño). En tres o cuatro metros de ascenso salimos a la acequia:

… que es estrecha y vetusta, pero lleva agua, para delicia nuestra y en especial de Bruno, que la navega, eufórico.

… que es estrecha y vetusta, pero lleva agua, para delicia nuestra y en especial de Bruno, que la navega, eufórico.

Desde este apropiado balcón admiramos los matices del bosque-galería, sin que su cortejo espinoso nos perturbe.

Desde este apropiado balcón admiramos los matices del bosque-galería, hurtándonos a los inconvenientes de su cortejo espinoso. Hay sobre todo chopos, pero también plateados sauces, ocasionales higueras y un serbal (-doméstica) en sazón, del que catamos los frutos…

Como todas las acequias de buena familia, la nuestra progresa hacia el punto en el que fatalmente ha de juntarse con el río que la alimenta, dejándonos a merced de salicáceas, trepadoras y espinosas diversas…

Como todas las acequias de buena familia, la nuestra progresa hacia el punto en el que fatalmente ha de juntarse con el río que la alimenta, dejándonos al nivel -y a merced- de salicáceas, trepadoras y espinosas diversas…

Y enseguida sucede; llegamos a un pequeño dique por cuyo lateral, con una compuerta, arranca la acequia que nos ha traido hasta aquí. Y más allá esto es lo que hay:

Por encima del muro, el agua que desde aquí le habían sustraido al cauce vuelve a estar en él, en forma de poza rodeada por vegetación arrastrada y zarzas. No way. Nos quedamos sin camino, man.

Por encima del muro, el agua que desde aquí le habían sustraido al cauce vuelve a estar en él, en forma de poza rodeada por vegetación arrastrada y zarzas. No way. Nos quedamos sin camino, man.

Vale que me lo esperaba y que ya lo había advertido: “puede que haya que retroceder en algún momento, si no hay paso por el río…” Pero… ¿retrocedió Cortés? ¿retrocedió Pizarro…? (seguramente, para mejor avanzar). Consideramos cambiar de margen y continuar por la vega, por una terraza a unos metros del agua, pero el terreno se ve puñetero aun así. En cambio, por el lado en que estamos se puede ascender hacia la izquierda, trepando un poco por una ladera de pinos relativamente practicable. Tengo estudiado que, unos cientos de metros más adelante, un antiguo camino baja desde el principal hasta el río, así que resolvemos buscarlo a media altura. De modo que eso hacemos, ganando la altura suficiente para esquivar el cortado que  el agua ha excavado en la pendiente. Es un terreno empinado, alfombrado de resbaladiza pinocha, pero suficiente para progresar valle arriba… Pero no acaban ahí nuestras penas:

… pues enseguida un barranquito lateral se cruza en nuestro camino, estabilizado por un par de diques consecutivos. De alguna manera nos apañamos para bajar a su fondo y acceder al dique inferior, junto al que conseguimos pasar al otro lado.

… pues enseguida un barranquito lateral se cruza en nuestro camino, estabilizado por un par de diques consecutivos. De alguna manera nos apañamos para bajar a su fondo y acceder al dique inferior, junto al que conseguimos pasar al otro lado.

Superado el obstáculo la cosa mejora y las antiguas paratas de la repoblación ofrecen un paso algo más cómodo.

La cosa es tal que así: buscar la pendiente regularizada por encima del balate que cae al cauce.

La cosa es tal que así: buscar la pendiente regularizada por encima del balate que cae al cauce.

Aun así comprobamos que la ladera es inestable, afectada por ocasionales derrumbes del suelo de filitas y esquistos, que nos obligan a algún subeybaja entretenido y exigente para con las piernas menos entrenadas. Pero al que algo quiere…

Y por otro lado, ganar altura nos permite hablarle de tú a tú a la alameda, de la que no nos alejamos demasiado.

Y por otro lado, ganar altura nos permite hablarle de tú a tú a la alameda, de la que no nos alejamos demasiado.

Por cierto que, a estas alturas, ya hemos comprobado que el valle, que yo imaginaba excavado en terreno sedimentario, es en realidad una ventana de los esquistos nevado-filábrides que hay por debajo y que el río, no contento con horadar el terreno de aluvión, ha cortado también, para dar como resultado un típico barranco de los que abundan en esta cara norte de la Sierra.

Por fin nuestro plan se cumple satisfactoriamente:

… y venimos a salir a este punto en el que algo que fue camino viene bajando desde enfrente para dar una revuelta delante de nosotros y bajar al río, donde podemos entrever una nueva poza y dique entre los árboles. De no estar esperándolo, sería difícil calificarlo de camino, pero lo cierto es que va a convertir nuestro deambular por la ladera en algo mucho más cómodo.

… y venimos a salir a este punto en el que algo que fue camino viene bajando desde enfrente para dar una revuelta delante de nosotros y bajar al río, donde podemos entrever una nueva poza y dique entre los árboles. De no estar esperándolo, sería difícil calificarlo de camino, pero lo cierto es que va a convertir nuestro deambular por la ladera en algo mucho más cómodo.

De momento, antes de tomar el sentido ascendente nos llegamos al borde del agua para estudiar la poza:

Como muchas en este río tan regulado, al dique principal le sigue uno más pequeño que remansa el agua en un diminuto "contraembalse". Una empinadísima escalera nos va a permitir bajar al mismo, aunque abajo no hay espacio para nada. Tampoco nos seduce la idea de un baño en esa profundidad opaca y de mala salida, así que volveremos a subir sin más.

Como muchas en este río tan regulado, al dique principal le sigue uno más pequeño que remansa el agua en un diminuto “contraembalse”. Una empinadísima escalera nos va a permitir bajar al mismo, aunque abajo no hay espacio para nada. Tampoco nos seduce la idea de un baño en esa profundidad opaca y de mala salida, así que volveremos a subir sin más.

Por encima del dique, los sedimentos han colmatado el espacio…

… que el agua que va llegando y filtrándose convierte en casi un marjal, donde los sauces, amantes de terrenos encharcados medran a su gusto.

… que el agua que va llegando y filtrándose convierte casi en un marjal, donde los sauces, amantes de terrenos encharcados, medran a su gusto. Me hace pensar en el Arroyo Tornasauce, del Bosque Negro en la linde de La Comarca, donde los hobbits se las tuvieron con el viejo Hombre-Sauce de podridas entrañas…

No podrida, pero tal vez sí afectada por algún hongo, esta hoja pop nos llama la atención.

No podrida, pero tal vez sí afectada por algún hongo, esta hoja pop nos llama la atención.

Como no contamos con un Tom Bombadil, dejamos a los sauces en lo suyo y retomamos el camino, esta vez en la dirección ascendente que nos saca del cauce a la ladera.

Así ganamos un poco de perspectiva, hasta el punto de divisar la cabezota calva del Picón de Jeres asomar por encima de los cerros.

Así ganamos un poco de perspectiva, hasta el punto de divisar la cabezota calva del Picón de Jeres asomar por encima de los cerros del fondo.

Al salir del frescor de la ribera tomamos conciencia de que se está cocinando un buen día de calor, de modo que, apenas desembocados en el camino principal, volvemos a abandonarlo por otro secundario que enseguida se descuelga a la derecha:

Este es el lugar, adonde podríamos haber llegado directamente por el camino si hubiéramos empezado el ascenso por él.

Este es el lugar, adonde podríamos haber llegado directamente por el camino principal si hubiéramos empezado el ascenso por el mismo. Dicho camino principal se toma aguas abajo del molino por el que entramos al cauce, y será nuestro camino de vuelta en todo caso.

Cómodo y bastante más despejado que el que nos sacó del valle hace un momento, nos lleva de vuelta al río en este lugar (punto B en el mapa):

… donde un nuevo dique, esta vez con barandilla incorporada, nos permite cruzarlo sin problemas.

… donde un nuevo dique, esta vez con barandilla incorporada, nos permite cruzarlo sin problemas.

Desde el dique, un nuevo "contraembalse" aun mayor.

Desde el dique, un nuevo “contraembalse” aun mayor.…

… y bajo el mismo, un aliviadero que devuelve el agua al río. Conforme subimos va corriendo más agua, al revés de lo que sería de esperar.

… y bajo el mismo, un aliviadero que devuelve el agua al río. Conforme hemos ido subiendo va corriendo más agua, al revés de lo que sería de esperar.

Al otro lado del dique-pasarela, un rellano con nogales, que antecede a un nuevo molino, nos parece propicio para echar un bocado, así que nos ponemos a la tarea con entusiasmo.

Al otro lado del dique-pasarela, un rellano con nogales, que antecede a un nuevo molino, nos parece propicio para echar un bocado, así que nos pondremos a la tarea con entusiasmo.

Entre una cosa y otra, Maite ha recogido suficiente material para un bodegón de otoño, que aquí os dejo (la manzana no es autóctona, pero da mucho color).

Entre una cosa y otra, Maite ha recogido suficiente material para un bodegón de otoño, que aquí os dejo (la manzana no es autóctona, pero da mucho color). El membrillero lo hemos encontrado junto a la pasarela, y los frutos van estando en su punto…

Aprovechando la siesta, como es costumbre, intento ir un poco más allá:

De entrada inspecciono el molino, cuyo caz podéis ver a la izquierda, profundo tubo que cargaba el agua para hacer girar el rodezno, rueda de palas de madera que movía el eje que a su vez hacía girar la muela. A la derecha quedan restos del canal por el que llegaba el agua, que es el que voy a seguir a ver a dónde me lleva.

De entrada inspecciono el molino, cuyo caz podéis ver a la izquierda, profundo tubo que cargaba el agua para hacer girar el rodezno, rueda de palas de madera que movía el eje que a su vez hacía girar la muela. A la derecha quedan restos del canal por el que llegaba el agua, que es el que voy a seguir a ver a dónde me lleva.

Por dicha acequia me interno de nuevo en la alameda, pero mi dicha dura poco:

En concreto unos 100m, donde me encuentro que el canal (o sus restos) desaparece bajo un borbotón de higuera y zarzas de imposible cruce.

En concreto unos 100m, donde me encuentro que el canal (o sus restos) desaparece bajo un borbotón de higueras y zarzas de imposible cruce (aunque no lo parezca, el canal está ahí, bajo la espesura).

Empecinado, trepo por la ladera con intención de doblar una esquina más, y consigo una última perspectiva:

Accedo al último dique de la jornada. Este parece ya casi castillo, enhiesto y poderoso como una fortaleza, con su sempiterno contraembalse por debajo. Se diría que los ingenieros han procurado todo el rato yuxtaponer la función de retención de sedimentos -arriba- con la de derivar o almacenar agua -debajo- No he visto nunca un río con tanta infraestructura.

Accedo al último dique de la jornada. Este parece ya casi castillo, enhiesto y poderoso como una fortaleza, con su sempiterno contraembalse por debajo. Se diría que los ingenieros han procurado todo el rato yuxtaponer la función de retención de sedimentos -arriba- con la de derivar o almacenar agua -debajo- No he visto nunca un río con tanta infraestructura.

Frente al dique, y al otro lado del río, diviso una loma baja con un nuevo carril. De poder cruzar, sería posible continuar la marcha por la loma que sigue -ya de encinas en lugar de pinos- y llegar al llamado Cortijo de la Casilla y la carretera entre Lugros y Guadix, lo que sería el final lógico de esta travesía, pues de allí arranca el carril que he llamado principal y que marcha paralelo al río todo el rato. Por aquí no se puede cruzar, así que hay que haberlo hecho antes, seguramente donde la pasarela. No podremos completar la subida hoy, pero al menos intentaré comprobar este penúltimo paso… Vuelvo atrás, pues.

Me llevo por lo menos estos amarillos reventones en la retina.

Me llevo por lo menos estos amarillos reventones en la retina.

De nuevo en el molino y la nogalera desperezamos a los durmientes y cruzamos de vuelta la pasarela. Entonces estamos en “el lado bueno” del río con vistas a seguir hacia arriba, pero la cosa no es sencilla: de este lado la orilla del río es impracticable, y una crestecilla estrecha se desarrolla entre dicha orilla y el camino por el que llegamos. Hay que ascender por la cara externa de dicha cresta y cruzarla algo más arriba para poder llegar a la zona más llana de pinos que constituye la margen izquierda (subiendo). Por eso en el plano veis que la línea de puntos desde B se aleja del río casi paralela al camino antes de volver a enfilar el cauce. Una vez hecho esto, todo es coser y cantar, pues la pinada es cómoda y agradable…

… y viene a culminar en un rellano rodeado de chopos por dos de sus lados. A nuestra derecha está el río, pero lo que entrevemos al frente y a la izquierda es un barranco lateral también adornado de árboles de ribera.

… y viene a culminar en un rellano rodeado de chopos por dos de sus lados. A nuestra derecha está el río, pero lo que entrevemos al frente y a la izquierda es un barranco lateral también adornado de árboles de ribera. Bruno se multiplica para explorar el paraje.

Cruzando dicho barranco, apenas un surco, desembocamos en la loma que yo había visto desde el último dique. Podríamos ir a la derecha para llegar frente al dique y luego, por sendas, proseguir valle arriba. O podríamos ir a la izquierda, remontando el barranco lateral por el camino. Eso es -más o menos- lo que hacemos, aunque aprovechamos las alamedas del barranquito para…

… la foto oficial, que ya se nos olvidaba. Aquí no tenemos casi amarillos, pero hay unos rojos muy pintureros.

… la foto oficial, que ya se nos olvidaba. Aquí no tenemos casi amarillos, pero hay unos rojos muy pintureros.

A la primera cuesta empinada que hace el camino al separarse del barranco le sigue una pronunciada curva a la derecha. El camino seguirá así, caracoleando y subiendo, para llegar al nivel del llano superior, pero nosotros lo abandonaremos por la izquierda en esa primera curva. Estamos ya en modo vuelta on, y pretendemos ahorrarnos subida y nueva bajada, desplazándonos a cota hasta una recíproca curva del camino principal (ver línea de puntos en el plano, sobre “las Ontozuelas”).

Dicho y hecho. El atajo funciona y desembocamos en el camino principal, que haremos hacia abajo sin más preocupaciones.

Desde allí es donde obtenemos las mejores perspectivas del valle en su conjunto. Aquí estamos justo por encima del carril en desuso por donde salimos del río en la subida.

Desde allí es donde obtenemos las mejores perspectivas del valle en su conjunto. Aquí estamos justo por encima del carril en desuso por donde salimos del río en la subida. A la izquierda destacan los tonos rojizos del terreno arcilloso que culmina la estratigrafía de la zona.

Valle abajo vemos por primera vez la vega que sigue a este tramo, y las casas de Beas en el centro.

Valle abajo vemos por primera vez la vega que sigue a este tramo, y las casas de Beas en el centro.

En mitad del camino nos llama la atención un extraño habitante del lugar. Con las alas abiertas parecía una mariposa, pero es una inquietante mantis de aspecto guerrero. Es de ver cómo, ante nuestra atención desconsiderada, se yergue amenazadora, patas delanteras en alto dispuesta a descargar un golpe fatal. Brrr!

En mitad del camino nos llama la atención un extraño habitante del lugar. Con las alas abiertas parecía una mariposa, pero es una inquietante mantis de aspecto guerrero. Es de ver cómo, ante nuestra atención desconsiderada, se yergue amenazadora, patas delanteras en alto dispuesta a descargar un golpe fatal. Brrr!

Al alejarse del río, el camino entra por fin en el terreno arcilloso que yo creía ubicuo en la zona:

Han intentado estabilizarlo a base de pinos y cipreses, pero cada vez que llueva se irá yendo para abajo con rapidez, creando estas cárcavas espectaculares.

Han intentado estabilizarlo a base de pinos y cipreses, pero cada vez que llueva se irá yendo para abajo con rapidez, creando estas cárcavas espectaculares.

Del otro lado del río se repite la secuencia, creando paisajes típicos del Medio Oeste americano.

Del otro lado del río se repite la secuencia, creando paisajes típicos del Medio Oeste americano. Toda la Hoya de Guadix abunda en este tipo de terreno, utilizado desde antiguo para excavar las casas-cueva típicas de la zona.

No hay más que seguir el carril hacia abajo para llegar al río. En realidad, nosotros cogeremos un desvío a la derecha que da un par de revueltas más, antes de volver al principal por una barranquera, pero el resultado final es el mismo.

Llegamos a nivel del río a la altura de los tajos que nos indicaban el lugar de comienzo. Son las únicas calizas que quedan en la zona. horadadas por cavidades y con signos de travertinización. En su base hay una amplia extensión de carrizos que revelan la existencia de una lámina de agua, que fue charca o balsa alimentada por un caño desviado del río, pero que se ha colmatado hasta casi desaparecer.

Llegamos a nivel del río a la altura de los tajos que nos indicaban el lugar de comienzo. Son las únicas calizas que quedan en la zona, horadadas por cavidades y con signos de travertinización. En su base hay una amplia extensión de carrizos que revelan la existencia de una lámina de agua, que fue charca o balsa alimentada por un caño desviado del río, pero que se ha colmatado hasta casi desaparecer.

Cruzado el río -aquí sin agua-, dejamos la ex-charca a la derecha y ascendemos por una vaguada entre olivos. Al final se abarranca un poco y nos vemos obligados a echarnos a la loma, a nuestra izquierda. Por un espartal empinado haremos los últimos metros hasta la carretera.

No sin reparar en esta belleza: Salsola oppositifolia, quenopodiácea propia de litorales y terrenos nitrificados o salobres, aquí en el límite superior de su distribución altitudinal (1.000m). Sus carnosas hojitas opuestas, cada par girado 90º respecto al precedente, le dan una geométrica elegancia, subrayada por las vistosas láminas rosáceas, que en realidad no son flores sino alas del fruto.

No sin reparar en esta belleza: Salsola oppositifolia, quenopodiácea propia de litorales y terrenos nitrificados o salobres, aquí en el límite superior de su distribución altitudinal (1.000m). Sus carnosas hojitas opuestas, cada par girado 90º respecto al precedente, le dan una geométrica elegancia, subrayada por las vistosas láminas rosáceas, que en realidad no son flores sino alas del fruto, sentado sobre las axilas de las hojas.

Un último vistazo. A la derecha de los tajos, casi en el centro, la charca atestada de carrizo. A la derecha las alamedas del río; arriba del todo las cárcavas rojizas de la cobertera superior.

Un último vistazo. A la derecha de los tajos, casi en el centro, la charca atestada de carrizo. A la derecha las alamedas del río; arriba del todo las cárcavas rojizas de la cobertera superior.

En resumen: un microcosmos algo desaliñado en el fondo (del barranco), pero con muchos atractivos que lo hacen merecedor de una visita (o dos, si son pequeñas). Pa!

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