Humilde Arroyo de Huenes

20 Abril 2019

Ea! Has pensado comer en Macareno (Cortijo del Hervidero) o en la Guitarra (Cumbres Verdes), porque hace un bonito día de primavera y apetecen terraza y solecito con papas a lo pobre y una cerveza (o dos, si son pequeñas). Pero quieres ganarte el jornal y hacer hambre con una excursión mañanera por las inmediaciones, sin complicarte en exceso. Pues es el momento de encaminar los pasos hacia el humilde (pero menos) Arroyo de Huenes, en un tramo frecuentemente pasado por alto -literalmente, porque las rutas habituales lo dejan ahí abajo– y comprobar que guarda tesoros insospechados. Vamos a ello.

Sobrepasada la urbanización de Cumbres Verdes, dejaremos el vehículo justo al final del pinar que sigue a la misma, donde un carril arranca a la izquierda en dirección al Barrio de Monachil. En su comienzo, una pequeña explanada al borde de los pinos proporciona aparcamiento accesible y adecuado. Aquí tienes el Track de la ruta en Wikiloc.

Está la mañana juguetona, y los campos por debajo del hervidero brillan de verdes recién estrenados…

Comenzaremos la excursión por el mencionado carril, en ligero descenso, y en una dirección en principio contraria a nuestro objetivo; pero se trata de tomar el Arroyo por debajo del Cortijo de Huenes, para mayor disfrute y aprovechamiento.

Andando hacia la Vega por el carril. Descartaremos el que vemos que sale a la derecha, para hacer más tramo del Arroyo.

El camino se interna unos metros en el pinar, sin perder de vista el borde donde el terreno desciende pronunciadamente hacia el valle. En aproximadamente un kilómetro, un ramal sale por la derecha y a contramano para abordar enseguida dicha pendiente (esta “U” se puede trochar por una veredilla que arranca entre aulagas a mitad del camino, pero ¿quién dijo prisa?)

Acabamos el descenso del talud con una curva en redondo a la izquierda, descartando en su ápice un nuevo ramal, que llevaría directo al Cortijo de Huenes, cuyos perros se pirran por los caminantes.

Un nuevo giro, a derechas esta vez, nos aboca luego al tramo que, ahora sí, promete dejarnos en el Arroyo de Huenes. Destaca a la derecha la característica meseta caliza inclinada sobre la que se recuesta el mencionado Cortijo de Huenes.

Un poco más abajo, observamos al frente un bello paraje: rellano herboso adornado por un grupo de nogales, a los pies de los cortados en que acaba la meseta. Ese va a ser nuestro ingreso al Arroyo.

En efecto, en la curva que allí hace el camino, lo abandonamos siguiendo de frente por el prado. Mi compi llama a este lugar “Los Nogalillos”, que no sé si es término oficial o propio de la infancia familiar, pero parece perfectamente adecuado.

Enseguida, por su borde izquierdo, nos sale al paso la que será inseparable compañera en lo que sigue: la acequia del Huenes, que nos va a servir de hilo conductor -cuando no de camino- hasta el final.

Doblando la esquina, y ya metidos plenamente en lo que es el valle del Arroyo de Huenes, la acequia tiene un tramo entubado, pero andamos justo por encima, su trazado convertido en senda de acequiero.

Un poco más allá, reaparece el agua al aire libre.

Insensiblemente, el fondo del valle ha subido a nuestro encuentro, y la acequia circula apena a un metro del cauce. Se diría que su función es más la de impedir que el agua se filtre por este terreno tan poroso, que ganar altura.

Unos metros después, la vegetación en torno a la acequia se espesa. Sauces, retamas y espinos nos invitan a abandonarla por la izquierda, descendiendo al mismo cauce del Arroyo.

Comprobamos entonces, mirando a la derecha, que han acabado los cortados que defendían ese lado del valle, y que se abre un coladero de aspecto practicable, de nuevo adornado por nogales.

Este es, en efecto, uno de los accesos o salidas posibles del recorrido (“Posible salida a Cortijo de Huenes” en el track). Si atravesáramos la barrera de arbustos, y luego el regato de agua que baja por la vaguada, saldríamos a los llanos del Cortijo de Huenes, tras haber sobrepasado su vistosa meseta. Pero hay otro punto que merece atención, aunque no tenga relevancia el día de hoy: por la margen contraria, y en contraria dirección a la que traemos, unas trochas se aplican a subir la ladera del Huenes, convirtiéndose enseguida en la conocida como Cuesta de Quebrantajares (o Quebrantajarres), antiguo acceso a Fuente Fría antes de las invenciones que vinieron después. Pero eso es otra historia.

Nosotros, de momento, seguiremos arroyo arriba, ahora por un fondo de valle amplio salpicado de aulagas, piornos y otras hierbas. La acequia nos acompaña un par de metros por arriba, adosada a la ladera derecha.

Como todo en esta vida es alternancia, al terreno bajo del coladero de la derecha suceden ahora unos imponentes cortados, de calizas enrojecidas por la oxidación.

Superados los escarpes, el valle vuelve a abrirse y aparece por la derecha un nuevo coladero (“Posible salida a Hervidero” en el track). Este, fácilmente accesible por una veredilla que arranca tras los árboles del centro de la foto, nos dejaría junto a una caseta (entiendo que algún transformador de red eléctrica), al extremo de un carril que nos llevaría al del Hervidero.

Esta es la vista desde las inmediaciones de la caseta, que disfrutaríamos si entráramos (o saliéramos) por ahí. Pero nosotros estamos ahora en el fondo…

… disfrutando del lugar desde una perspectiva más baja, pero igualmente imponente.

Ni que decir tiene que hay que descartar los barranquitos de la derecha, y embocar el estrechamiento de la izquierda, vistosa puerta entre cortados a uno y otro lado.

Un apunte geomorfológico: aunque hoy en día el Arroyo de Huenes apenas lleva agua en contados momentos, y pasa por ser un cauce menor, hay que pensar que los millones de toneladas de sedimentos que conforman el impresionante cono de deyección de los Llanos de Cájar y La Zubia tuvieron que pasar por estos parajes, depositándose a lo largo de los milenios mientras Sierra Nevada iba levantándose y la erosión desmontando su cinturón calizo, para desparramarlo en el borde de la Vega, dejando en los huesos testigos como el Trevenque, Cerro Gordo, Pico de la Carne… Tras esos episodios de erosión brutal, luego el propio Arroyo, en épocas más calmadas, se reexcavó un cauce en el borde de esos mismos sedimentos, creando lo que hoy son Los Tajos del Arroyo de Huenes hasta el mismo pueblo de Monachil. Así que, humilde… pero con un glorioso pasado.

En el estrechamiento la vereda abandona el cauce, más trabajoso, y trepa unos metros por la ladera izquierda.

Algunos chopos se cobijan a la sombra de los tajos, al borde de la acequia, que discurre, como siempre, por el lado derecho.

Luego el valle vuelve a abrirse, y circularemos de nuevo por el fondo, por alguna de las múltiples trochas que lo surcan.

Un poco más adelante, tenemos una fugaz visión de la cima del Trevenque, coronado de nubes.

Llegamos sin dificultad a la encrucijada de dos barrancos: el propio Arroyo de Huenes, que sigue al frente, y uno lateral, a la derecha, que asciende hacia collado Sevilla (estamos en “Posible salida a Collado Sevilla” en el track). Dicha subida no sería por el barranco, bastante tupido, sino por un cono de derrubios que vemos, más despejado, a la derecha del mismo. Por su vértice, atravesando un cinturón de arbustos, accederíamos a veredillas que, por los arenales dolomíticos que siguen, nos sacarían al camino por el que los coches acceden desde el Hervidero al aparcamiento del collado. En todo caso, hoy no toca eso, sino seguir al frente por el barranco principal. ¿El camino? Este:

La propia acequia, adosada como siempre al lateral derecho del valle, que como hilo de Ariadna nos va a guiar en lo que sigue.

Alternando tramos más llanos con repentinos repechos, va ganando altura respecto al cauce, por aquí bastante tupido por la vegetación.

Caminaremos generalmente por su borde, aunque en algún momento pisaremos la propia acequia (atención a la humedad, que en los tramos empinados la pueden hacer un poco resbaladiza.

En un momento dado, nos sorprende un coqueto acueducto, por el que la acequia cambia de lado. En primavera, es posible escuchar el rumor del agua que, por un momento, aparece en el arroyo antes de volver a filtrarse en el subsuelo.

El acueducto desde el otro lado. Un grupo de guillomos (Amelanchier ovalis) duerme todavía su sueño de invierno. Por Mayo (cuando hace la calor) se llenarán de vistosas flores blancas de cinco pétalos alargados.

Por el otro lado continúa, entre los pinos, camino seguro aunque estrecho.

Enfrente, otro bosquete de guillomos aguarda su eclosión primaveral.

Es este un tramo sombreado y recoleto, al reparo de los calores que pudiera hacer fuera del bosque. El arroyo se ha hecho más llano, e intuimos el final.

Tras un último cruce del Arroyo, una empinada cuestecilla de la acequia nos acerca al objetivo final:

El puente de piedras por el que la vereda de Fuente Fría cruza el Arroyo, a la que llegamos en un momento sin mayores complicaciones.

He decidido poner el final aquí, punto suficientemente conocido y que ofrece diversas posibilidades para terminar la marcha: la acequia sigue más allá del puente, y es posible seguirla todavía unos minutos, aunque luego se complica antes del Puente de los Siete Ojos, por lo que es más fácil llegar al mismo por el carril, al que accederíamos tomando a la derecha en este puente, y luego a la izquierda en el carril. Por el mismo, a la derecha, ascenderíamos a Collado Sevilla y de allí, en 20 minutos de paseo, al Cortijo del Hervidero donde nos esperan las cervezas. Otra alternativa sería tomar aquí la vereda hacia la izquierda, flanqueando el Huenes hasta llegar al collado que antecede al Barranco del Lobo, donde podríamos tomar la ya mencionada Cuesta de Quebrantajares para volver al Arroyo, y salir por el coladero del Cortijo de Huenes para regresar al vehículo por los carriles. A voluntad. La tarea de hoy está hecha, y ha sido un placer. Nos vemos

Un pensamiento en “Humilde Arroyo de Huenes

  1. Pingback: Huenes: acceso directo (Quebrantajares-Barranco del Lobo) | elcaminosigueysigue

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