Cerro y arroyo de la Maleza

Caratula-Maleza

6 Diciembre 2015

La umbría del Cerro de la Maleza pasa por ser una de las áreas de monte mediterráneo mejor conservadas de toda la Sierra Sur de Jaén (y parte del extranjero), así que merecía la pena llegarse a comprobarlo. Como además el cerro se levanta justo por encima de la Hoya del Salobral, hasta la que llega una carretera asfaltada desde la A-403 entre Benalúa y Alcalá la Real, nos permitía ensayar un acercamiento alternativo a esa zona de la sierra. Dado que tanto el acceso por Noalejo como por Frailes son largos y algo farragosos, esperábamos que este nos permitiera ahorrar algunos minutillos de viaje…

Y así es. Poca diferencia en tiempo, si acaso cinco minutos, pero por mejor carretera que los jirones de asfalto en que consiste la de Noalejo cuando se pasa el collado “de los molinos”. La que hemos tomado en esta ocasión pasa por el pequeño núcleo de Trujillo y accede a la Hoya del Salobral desde el sur. En su extremo Oeste, collado en dirección a Frailes, dejamos el vehículo.

Estamos a la altura del pequeño anejo de Cañada de Alcalá, y comenzamos a andaralejándonos del mismo, por un carril en ascenso que rodea una almazara.

Estamos a la altura del pequeño anejo de Cañada de Alcalá (en la foto), y comenzamos a andar alejándonos del mismo, por un carril en ascenso que rodea una almazara.

Enseguida dejamos atrás el paisaje de olivos y nos adentramos en un prometedor entorno de encinas y quejigos…

Enseguida dejamos atrás el paisaje de olivos y nos adentramos en un prometedor entorno de encinas y quejigos…

Nuestro carril asciende un rato antes de estabilizarse. Antes de que comience a bajar, se desprenden a la derecha algunos ramales que siguen ascendiendo en busca de la cima del cerro. Los seguiremos con entusiasmo, completando en poco tiempo la subida hasta la despejada calva del monte…

En cuanto salimos de la zona arbolada, la Sierra del Trigo aparece a la vista a nuestra espalda. Vemos el Paredón, la cortijada de Cerezo Gordo, e incluso la de Saltadero Bajo, en un repliegue a la izquierda de la foto.

En cuanto salimos de la zona arbolada, la Sierra del Trigo aparece a la vista a nuestra espalda. Vemos el Paredón, la cortijada de Cerezo Gordo, e incluso la de Saltadero Bajo, en un repliegue a la izquierda de la foto. Al fondo, Ventisqueros y la Pandera culminan la panorámica.

La cima casi no es tal: más bien un llano que sería lapiaz si no fuera por el componente margoso de estas calizas, que producen suelo suficiente como para que crezca feliz la hierba. Buscamos un majano (amontonamientos de piedras retiradas por el hombre de los campos) que pueda considerarse más alto que el resto, y allí plantamos la bandera. Un poco más allá, donde el llano comienza a inclinarse hacia la Hoya del Salobral, gano un poco de vistas del valle, para hacer unas panorámicas que quitan el hipo:

Partiendo en dos la vista se alza la Sierra de los Andanillos con el Cerro del Hachazo (1.444m). A su izquierda lo que vemos en esta foto: en cuerda sucesivas, la Sierrecilla (Montillana), las sierras del Campanario y el Pozuelo, Sierra Arana y el Peñón de la Mata y al fondo Sierra Nevada (poco nevada).

Partiendo en dos la vista se alza la Sierra de los Andanillos con el Cerro del Hachazo (1.444m). A su izquierda lo que vemos en esta foto: en cuerdas sucesivas, la Sierrecilla (Montillana), las sierras del Campanario y el Pozuelo, Sierra Arana y el Peñón de la Mata y al fondo Sierra Nevada (poco nevada).

La mitad derecha tampoco desmerece: sierras del Marqués, de Madrid y de Parapanda. Al fondo, Almijara y Tejeda, y a la derecha las sierras de la Subbética cordobesa.

La mitad derecha tampoco desmerece: sierras del Marqués, de Madrid y de Parapanda. Al fondo a la izquierda, Almijara y Tejeda, y a la derecha las sierras de la Subbética cordobesa. Un lujo.

Tras disfrutar un rato de estos amplísimos horizontes, nos damos la vuelta. Vamos a descender hasta el camino que cruza la umbría por su parte alta, unas decenas de metros más abajo. Nos ahorraremos desandar el camino de llegada -que significaría desplazarnos a la izquierda- para bajar en perpendicular desde aquí. Atravesamos entonces una densa zona de monte, aunque no tan densa como para impedir el paso, hasta llegar al mencionado camino, que tomamos a la derecha.

Es un precioso paseo por sí mismo, flanqueados a ambos lados por el bosque, donde se aprietan encinas, quejigos y majuelos.

Es un precioso paseo por sí mismo, flanqueados a ambos lados por el bosque, donde se aprietan encinas, quejigos y majuelos.

El camino termina de forma desconcertante junto a unos vallados ganaderos. Hemos descartado por incierto un vetusto ramal que salía por la izquierda, y quedará para otra ocasión investigar si podría conducirnos a la base del cerro, en la embocadura del Barranco de la Maleza. De momento, lo que haremos es superar -sin mucha dificultad- uno de los vallados, hacia unos olivos que entrevemos a la derecha detrás de las encinas. Tengo visto en la ortofoto un rosario de caminillos y trochas que deben conducirnos al arroyo del Engarbo, entre olivares y ribazos de monte, aunque, como se verá, la distancia entre foto y realidad puede ser importante…

Vamos siguiendo unas rodadas entre el olivar, con el monte alrededor…

Vamos siguiendo unas rodadas entre el olivar, con el monte alrededor…

… y poco a poco nos orientamos al sur, donde intuimos la hoya del Cortijo de Puerta Alta, justo a nuestros pies, y más allá la Hoya de Luchena, donde el Arroyo del Engarbo busca convertirse en el Río Colomera.

… y poco a poco nos orientamos al sur, donde intuimos la hoya del Cortijo de Puerta Alta, justo a nuestros pies, y más allá la Hoya de Luchena, donde el Arroyo del Engarbo busca convertirse en el Río Colomera.

Debo decir que nos perdimos un poco. Tuve la duda de si habíamos bajado demasiado cuando en realidad no era así, y volvimos hacia atrás tomando por bueno el camino que no era. Bastante despistados, el último resto de batería del móvil consiguió que Google Maps nos ubicara en un punto concreto del laberinto, permitiéndonos volver a la recta senda (no sin algo de cachondeo por parte del personal ¡menos mal que el único que sabía dónde quería ir era yo! Colón no lo tuvo mucho más difícil).

Para más inri, el final del camino bueno era malo. Quiero decir que acababa en un erial desde el que se suponía que encontraríamos senda para el último y más empinado tramo  de la ladera…

… que era tal que así. Un tanto vertiginoso.

… que era tal que así. Un tanto vertiginoso.

Hay que decir que haberla, habíala, senda. Pero de cabras. De cabras imprudentes, me atrevería a decir. Alguno, que no era cabra, tuvo ocasión de comprobarlo en rodilla propia. Pero, en fin, el caso es que conseguimos llegar al río…

… seco hasta el tuétano. Miseria de otoño sin lluvia. La ladera en sombra es la que acabamos de bajar.

… seco hasta el tuétano. Miseria de otoño sin lluvia. La ladera en sombra es la que acabamos de bajar.

Comenzamos a remontar el lecho seco del río, poco a poco girando a la izquierda…

… y por tanto entrando en la umbría.

… y por tanto enfilando la umbría.

Tras un rato de camino, entra por la izquierda el Arroyo de la Maleza, estrecho en este su final, dejando entre su curso y el del Río del Engarbo un espolón con algo de prado donde decidimos reparar fuerzas, en la última mancha de sol antes de la sombra que nos espera.

Desde ese punto, la umbría se presenta densa y estimulante, cuajada de encinas y quejigos de buen porte.

Desde ese punto, la umbría se presenta densa y estimulante, cuajada de encinas y quejigos de buen porte.

Durante la pausa, ando unos metros Engarbo arriba, hasta avistar los cerrillos que nos ocultan Cerezo Gordo.

Durante la pausa, ando unos metros Engarbo arriba, hasta avistar los cerrillos que nos ocultan Cerezo Gordo. Desde la izquierda baja el Engarbo (de aquí hacia arriba Arroyo de Puerta Alta), y por la derecha Cañada Padilla.

Después de comer nos abrochamos las chaquetas y bajamos al fondo del arroyo de la Maleza, que empezamos a remontar:

Esta primera parte, como decía, es estrecha y umbría, aunque muy practicable, pues el fondo del arroyo (sin agua) es un carril, despejado de maleza (malgré le nom).

Esta primera parte, como decía, es estrecha y umbría, aunque muy practicable, pues el fondo del arroyo (sin agua) es un carril, despejado de maleza (malgré le nom).

Por momentos los árboles cubren con sus ramas el camino, proponiendo luces y sombras.

Por momentos los árboles cubren con sus ramas el camino, proponiendo luces y sombras.

Un momento después el valle se ensancha y se despeja, permitiéndonos ver a la derecha la afilada loma que nos separa del Arroyo de Puerta Alta. En ese punto hace un collado bastante bajo, al que se puede subir sin dificultad, así que, como si fuera Bruno, me llego un momento para disfrutar de la vista entre los dos arroyos:

A un lado el Arroyo de Puerta Alta, por donde discurre -invisible a media ladera- el carril que lleva a Cerezo Gordo desde el Portillo del Espinal y Frailes.

A un lado el Arroyo de Puerta Alta, por donde discurre -invisible a media ladera- el carril que lleva a Cerezo Gordo desde el Portillo del Espinal y Frailes. Al fondo a la derecha el Paredón con sus gigantes, digo, molinos.

Al otro, el Arroyo de la Maleza que venimos remontando. Al fondo, el Cerro del Hoyo de los Cigarrones, último de los molinos.

Al otro, el Arroyo de la Maleza que venimos remontando. Al fondo, el Cerro del Hoyo de los Cigarrones, último de los molinos.

Desde esta atalaya la umbría de la Maleza se presenta rotunda, los quejigos estampando topos naranjas sobre el tejido de las encinas.

Desde esta atalaya la umbría de la Maleza se presenta rotunda, los quejigos estampando topos naranjas sobre el tejido de las encinas.

Bajo de nuevo al cauce para proseguir arroyo arriba (aunque hay senda por la cresta que acabo de visitar, que permitiría llegar hasta la cabecera. Pero mejor por el fondo).

El bosque a topos amarillos continúa, mientras caminamos por el filo entre sol y sombra.

El bosque a topos amarillos continúa, mientras caminamos por el filo entre sol y sombra.

Conforme rodeamos el cerro vamos orientándonos de nuevo hacia el sol, que gana terreno por la solana. Este tramo es delicioso ¡y mira que no llueve! Comprobamos que, en habiendo árboles, la recirculación de la humedad mantiene lozano el suelo a pesar de la sequía.

Conforme rodeamos el cerro vamos orientándonos de nuevo hacia el sol, que gana terreno por la solana. Este tramo es delicioso ¡y mira que no llueve! Comprobamos que, en habiendo árboles, la recirculación de la humedad mantiene un cierto verdor a pesar de la sequía.

Una notable encina justo sobre el cauce marca la posición de una discreta fuente, que Bruno agradece calurosamente, pues lleva el agua racionada un buen rato.

Una notable encina justo sobre el cauce marca la posición de una discreta fuente, que Bruno agradece calurosamente, pues lleva con el agua racionada un buen rato.

Aquí el valle se vuelve espectacular de verdes y anaranjados. José Antonio opina que no tiene nada que envidiarle al Camarate. Yo no diría tanto, pero en cuanto a la soledad de los bosques, éste gana por goleada.

Aquí el valle se vuelve espectacular de verdes y anaranjados. José Antonio opina que no tiene nada que envidiarle al Camarate. Yo no diría tanto, pero en cuanto a la soledad de los bosques, éste gana por goleada.

Así, siempre en subida suave llegamos al tramo en el que toca salir del valle. Más empinado entonces, pero siempre por carril, ganamos altura y vistas a nuestra espalda:

De ahí venimos, siempre rodeando desde la derecha. El cerro del fondo me da que sea el de Los Morales.

De ahí venimos, siempre rodeando desde la derecha. El cerro del fondo me da que sea el de Los Morales.

El carril hace una revuelta para superar los últimos metros y salir a la lomilla (que se llama Las Lomillas, de hecho) que separa este valle de la hoya del Espinal. Desde la divisoria la vista es todavía mejor:

Con la umbría de la Maleza (asolanada por el sol de la tarde) a la derecha y el Paredón al fondo. Los quejigos llegan a predominar en esta zona.

Con la umbría de la Maleza (paradójicamente asolanada por el sol de la tarde) a la derecha y el Paredón al fondo. Los quejigos llegan a predominar en esta zona.

Como no teníamos hechos los deberes, nos ponemos a ello: foto oficial.

Como no teníamos hechos los deberes, nos ponemos a ello: foto oficial (hay que decir que aquí faltan dos -parte de la Arboleda- que, como se movieron demasiado rápido, no salen en la foto).

Estamos cerca del punto en el que tomamos los carriles que suben a la cima del Cerro de la Maleza, y por tanto no lejos de la misma.

Estamos cerca del punto en el que tomamos los carriles que suben a la cima del Cerro de la Maleza, y por tanto no lejos de la misma. De hecho, el carril que vemos es el que habíamos seguido al inicio, antes de desviarnos para el ascenso. Así que ahora lo seguiremos hacia arriba para completar el círculo.

Del otro lado de esta lomilla, la Hoya del Espinal verdea de trigo entre los quejigos. El collado que vemos es el Portillo del Espinal, con una pequeña ermita, donde el carril de Cerezo Gordo se une a la carretera entre Frailes y la Hoya del Salobral.

Del otro lado de esta lomilla, la Hoya del Espinal verdea de trigo entre los quejigos. El collado que vemos es el Portillo del Espinal, con una pequeña y blanca ermita, donde el carril de Cerezo Gordo se une a la carretera entre Frailes y la Hoya del Salobral.

Más amplitud desde el mismo punto, con el Cerro de la Misa dominando la hoya.

Más amplitud desde el mismo punto, con el Cerro de la Misa dominando la hoya.

Una ventana al Cortijo del Espinal.

Una ventana al Cortijo del Espinal.

Cerramos el círculo y desandamos el tramo de carril que hicimos al comienzo, buscando el collado en el que tenemos los vehículos.

El plácido paisaje frente a la Cañada de Alcalá me hace pensar en La Comarca, con sus hobbits de Jaén, aceituneros altivos…

El plácido paisaje frente a la Cañada de Alcalá me hace pensar en La Comarca, con sus hobbits de Jaén, aceituneros altivos…

Cerca del final, nos despiden los quejigos sobre un cielo rabiosamente azul.

Cerca del final, nos despiden los quejigos contra un cielo rabiosamente azul.

Y eso fue todo, que no es poco. A rivederci, gente.

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Un pensamiento en “Cerro y arroyo de la Maleza

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