Aguas blancas, pinos negros

13 Enero 2018

Cuando se recorre la carretera que une Quéntar con Tocón y La Peza, tras rodear el pantano de Quéntar se emboca el valle del río Aguas Blancas, que en este punto es estrecho y bastante escarpado. Los montes a la izquierda de la carretera se quemaron en el pavoroso incendio de 1993, y se recuperan con lentitud de aquel desastre. En cambio, la margen derecha sufrió menos el fuego y conserva buena parte de los pinares de antaño, conocidos como Pinares de los Alacranes. Desde abajo, el terreno tiene pinta de bravío y difícil de transitar, pero cuando hay voluntad, nada es imposible…

Llevaba un tiempo queriendo hacer la travesía entre el Barranco del Tintín y la cola del pantano, por el lado Este del mismo, ruta descrita por algunos avezados pioneros, que concluiría en el Cortijo del Chato, junto al Aguas Blancas. El problema era la vuelta, que habría de ser por el mismo camino, o por la carretera, perspectiva que se me hacía poco atrayente. Una mañana en la que salíamos tarde y volvíamos a mediodía se me ocurrió que era más prudente hacer la mitad de la ruta, empezando por el final, desde el Aguas Blancas, y ver si era posible realizar un recorrido circular que incluyera el collado entre el Aguas Blancas y el Padules y evitara la carretera. Usamos para ello las dos veredas que permiten dicho ascenso -y descenso-, más una conexión poco transitada entre ambas, sin necesidad de pisar el asfalto.

Aquí tienes la ruta en wikiloc.

Como ya he dicho, nos llegamos con el vehículo hasta la cola del pantano. En lugar del Cortijo del Chato, ruina situada entre el Cortijo del Ripio y el Barranco de Martín García, preferí salir de un punto situado justo enfrente de este último, donde una senda muy poco evidente desde la carretera -aunque atraviesa un portillo ganadero entre dos chopos- permite cruzar el río y afrontar la subida por un barranco que llaman “de los Pinares”, hasta el collado de marras.

Este es el punto, ya cruzado el río, enfrente de las edificaciones que existen en la embocadura del Barranco de Martín García.

Y este es el tronco caido que nos había permitido cruzar el río sin mojarnos los pies. En la esquina superior derecha se advierte, por los plásticos que lo señalan, el portillo que habíamos atravesado al bajar desde la carretera.

Sin embargo, mi idea no era subir por el barranco, que prefería como bajada, sino explorar la conexión desde este punto -y por esta margen- con la vereda que, aguas abajo, comienza junto al Cortijo del Chato. Escudriñando el terreno parecía que la empresa podía ser posible…

… pues a unos metros sobre el agua parecía circular algo que, por su trazado y pendiente, tenía toda la pinta de ser una antigua acequia.

Por ella comenzamos a andar, por momentos con bastante comodidad…

… aunque de vez en cuando algún obstáculo, en forma de árbol caido, nos dificultaba la tarea.

Afortunadamente, la mayor parte de la vegetación que a trechos invade la acequia/senda no consiste en zarzas o espinos, sino mayormente en renuevos de chopo o sauce, que nos dejan apartarlos sin arañar nuestras carnes.

De esta forma, en unos minutos dominamos desde este lado del río la entrada de la vereda “habitual”:

Que aquí puede verse, tal como desciende al río desde la carretera, en las inmediaciones del Cortijo del Chato.

De hecho, siendo nuestra primera incursión en el paraje, descendimos el tramo que lleva al río desde nuestro lado, para ver cuán cómodo podía ser el cruce en ese punto. Encontramos que no existe puente como tal -como ya algún compañero senderista ha comentado-, pero que a pocos metros del agua alguien ha dispuesto una plancha metálica que podría perfectamente hacer las veces… si no estuviera atada con candado a una raíz del terreno. Así que, si se accede por aquí sin la llave de ese candado, hay que mojarse los pies…

… o probar por los troncos del sauce que, unos metros aguas arriba, ofrecen un paso de aspecto ciertamente resbaladizo.

Afortunadamente, nosotros ya estábamos en este lado del río, así que volvimos a subir el tramo que habíamos bajado desde la acequia-o-lo-que-fuera, y continuamos desde allí.

De hecho, casi en ese punto abandonamos el recorrido llano de la acequia-senda, ocupado por unas cuantas vacas que pacían tranquilamente, y por esta pinada seguimos una trocha poco marcada hacia la derecha…

Sea por la acequia o por las trochas, al salir a terreno más abierto en la divisoria de una lomilla, encontramos que la senda, ahora más marcada, tuerce a la izquierda y, en apretados zigzags, emprende el empinado ascenso de la loma…

… con lo que enseguida ganamos buena altura sobre la exigua vega del río.

Esto sucede prácticamente a la altura del Alto del Agarradero, cuya garita aparece a nuestra vista en la ladera de enfrente.

Ascendemos por un terreno que ha sido despojado del matorral más denso, a modo de cortafuegos, en dirección a ese conspicuo grupo de pinos…

… tras el cual el terreno se allana. Hay que evitar seguir la línea horizontal de las paratas, que nos puede confundir, y seguir ganando altura cortándolas de través por lo más despejado. Un poco más arriba su trazado vuelve a hacerse más claro.

Hacia la derecha vamos divisando las últimas estribaciones de la loma de los Tajos del Agarradero en su descenso hasta el pantano, que no llegaremos a ver.

Un poco más arriba, dos bañeras-abrevadero indican la presencia de una fuente, hoy seca. La vereda cruzará la pinada que hay detrás…

… para llegar a este rellano despejado, en el que encontramos un pequeño hito, que marca más bien el arranque del tramo que llevamos hecho, si uno viniera bajando. En nuestro sentido de la marcha hay que torcer a la izquierda, hacia el cerro (por donde se ve a mi compañera), para reencontrar allí, al borde de los pinos, la vereda que en este llano está casi perdida.

Ascendemos entonces hacia una nueva pinada, de buenos ejemplares…

… mientras a nuestra espalda las vistas se van ampliando lentamente.

Llegamos así a un pino aislado sobre un repunte de la ladera, visible desde el rellano anterior, y que puede servirnos de guía.

Luego atravesamos una nueva mancha de pinos…

…hasta un claro a modo de balcón sobre el valle, desde donde gozamos de una buena vista de conjunto:

Frente a nosotros y a la izquierda, el valle del Aguas Blancas y la carretera progresan hacia Tocón, mientras a la derecha los cerros exhiben airosos cortados. Los montes del otro lado del río se van poblando de pinitos jóvenes, rehaciendo poco a poco el esplendor forestal que tuvo la zona.

Enseguida vemos al frente un segundo collado hacia el que va a conducirnos la vereda, aquí bastante bien marcada, tras el cual asoma la cima redondeada del Alto de los Alacranes.

Aquí la senda se hace íntima y bien sombreada, por una umbría que por momentos me recuerda a la del Huenes bajo el tajo del Contadero. Como aquella, aborda de través una ladera pendiente con un vistoso tajo a su derecha…

… y, como aquella, cobija algunos arces que le dan un toque montañero.

Sin pérdida posible, acabamos llegando al collado, tras el cual se abre el valle lateral -Barranco de los Pinares, según algunos-, que debe ser nuestra ruta de bajada:

Desde esa esquina disfrutamos de las mejores vistas del entorno, con el barranco de los Pinares a nuestros pies y hacia la derecha, el Aguas Blancas enfrente, oculto a nuestra vista, y sobre él la cuerda tras la que se insinúa el amplio valle del Arroyo del Polvorista.

Toca foto oficial, con el cerrillo que forma el collado como fondo, y el Alto del Agarradero asomando apenas por su izquierda.

La concavidad que forma el valle obliga a la vereda a torcer en ángulo recto a la derecha, manteniendo la cota mientras vamos paralelos al mismo.

Pronto cruzamos el primero de los arroyos en los que se bifurca al trepar hacia el cerro, tras el cual la senda vuelve a girar a la izquierda, siguendo la curva del terreno entre los pinos.

Un breve y agradable trecho por el pinar acaba llevándonos a nuestro objetivo de hoy:

Que no es otro que el collado que domina el Arroyo Padules, tras el que se alzan las desoladas laderas que conducirían al Cortijo de la Parra, dominadas al fondo por el masivo e informe Alto de Miguelejos. Pena de día nebuloso, que apenas nos deja ver la nieve de las cimas de Sierra Nevada. Esta es la parte de excursión que quedará pendiente para un mejor momento.

De nuestro lado, el valle lateral apunta ahora al Alto del Agarradero, que ocupa el centro de la foto, con la loma de los Tajos del Agarradero a la izquierda y el Cerro de Buenavista asomando por detrás.

Son casi las tres y el hambre empieza a espolearnos. Mi compa duda de que lleguemos a tiempo de que nos den de comer en algún sitio, pero pronto se convencerá de lo contrario. Sin entrar a detallaros un pequeño rodeo que dimos sin beneficio alguno, os explico la ruta más cómoda: se trata de echar a andar apuntando al Agarradero desde el collado, en procura de una hondonada herbosa que hemos venido divisando desde arriba. Aunque en el mismo collado no es muy evidente, la senda se hace muy marcada al cabo de unos pocos metros…

… y enseguida nos deja en la hondonada, desde la que, volviendo la vista atrás, vemos la divisoria en la que se encuentra el collado.

La senda es tenue entre los pinos, disimulada por la pinocha, pero marcha sin complicaciones por la margen izquierda del barranco:

Es, además, mullida por la misma pinocha, humedecida por las últimas lluvias.

Un poco más adelante cruza el barranco…

… y prosigue por la margen derecha, ya con trazas de vereda en condiciones, más marcada aquí al faltar los pinos y hacerse más seco el terreno, de sustrato calizo.

Unos cientos de metros más allá, vuelve al fondo del barranco para salir de nuevo a la margen izquierda. Aun en este terreno poroso, el cauce comienza a portar un hilillo de agua, lo que nos alegra. En la ladera, aulaga y romero, salvia y torvisco amenizan el camino. Se intuye ya la carretera al fondo…

Y pronto estamos a tiro de piedra del asfalto. Aun sin conocer el paraje, ya no me cabe duda de que caminamos derechos al portillo por el que entramos esta mañana.

Y en efecto, la senda curva dulcemente para dejarnos en la pinada por la que empezamos. Hemos tardado apenas un cuarto de hora en bajar…

… y algo menos tardaremos en llegarnos a “Los Prados” de Quéntar, a disfrutar de unas gachas “old style” que nos hemos merecido. Que aproveche.

 

2 pensamientos en “Aguas blancas, pinos negros

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