Sierra Tejeda. Del Cornocal al Robledal

La falda norte de la Sierra de Tejeda -la vertiente granadina- alberga una de las masas forestales más impresionantes de la provincia. Diversos tipos de pinos forman bosques de una altura desusada para nuestra región, mezclándose con encinares bien conservados punteados de quejigos. Alcornocales inesperados se enriquecen con quejigos y melojos en algunos valles. Por si fuera poco, los forestales tuvieron a bien plantar cedros y tsugas, que hoy crecen con entusiasmo disputando el puesto a los robles… En los arroyos, chopos, fresnos y sauces, junto a cultivos de frutales, castaños, nogales y cerezos. Por encima, la poderosa Sierra de Tejeda aporta el contrapunto bravío a tanta dulzura, con sus oscuras masas de pinos y sus profundos desniveles.

Longitud: 9 km.
Altitud mínima: 1060 m.
Altitud máxima: 1180 m.
Esfuerzo: medio-bajo
Intríngulis: bajo

Terreno: piedemonte ondulado, pero sin fuertes pendientes en la ruta propuesta. Suelos esquistosos en la parte baja y calizos más arriba. Fuertemente arbolado, con quercus y coníferas, más castaños y frutales en los cortijos de la parte baja.

Cuándo ir
Prácticamente todo el año, con óptimos en otoño y primavera, aunque con nieve o mal tiempo tiene su encanto.

Cómo llegar
Se llega desde Granada por Alhama, desde Málaga por Vélez-Málaga y Ventas de Zafarraya. En ambos casos, la ruta habitual pasa por el Cortijo-Restaurante de La Alcaicería, donde arranca el carril, señalizado, que lleva al Robledal. Viniendo de Granada se puede optar por otra alternativa: saliendo de Alhama hacia Zafarraya, tomamos, tras las primeras curvas, el desvío a Játar, a la izquierda, que baja a buscar el río a la altura de la Pantaneta. Pero antes de la última bajada arranca un ancho carril a la derecha, que lleva a un área recreativa, y luego sigue remontando un vallecito. Está en bastante buen estado, y tiene menos curvas y subidas que la carretera. Acaba confluyendo con el que viene de la Alcaicería, que tomamos hacia la izquierda. Tras cruzar un llano desprovisto de árboles, atraviesa una alta pinada que forma muro a ambos lados. Cuando acaba esa pinada por la derecha es el momento de parar, junto al carril que allí arranca.

1. Punto A. Carril que sale desde el principal. A un lado, pinos, al otro, jóvenes castaños.

Descripción de la ruta

Comenzamos a andar por el carril que arranca a la derecha y bordea el pinar. En poco tiempo, el carril desemboca en otro, algo más elevado, que tomamos a la izquierda. Estaremos resiguiendo, en ligera subida, la cerca de la finca del Cornocal, a nuestra derecha.

2. El camino es como un balcón sobre la dehesa de alcornoques, que se asoman a la vera del camino. Vemos quejigos aislados, y un espeso jaral en las zonas abiertas.

3. Por momentos, altos quejigos nos dan la sensación de estar en bosques más húmedos.

Al final de la subida (b) hay que estar atentos. El camino aquí estaba mal dibujado en el 1:10.000, pues pone como continuo el carril que queremos seguir (lo mismo sucede en planos antiguos). Hoy día, sin embargo, el carril por el que circulamos se desvía a la izquierda tras coronar la cuesta, y se pierde poco más allá. Y el que nos interesa circula por dentro de la finca, paralelo al que seguimos, y al otro lado de una deteriorada cerca de alambre. Si queremos tener un vislumbre del ¿mejor? monte mediterráneo de la provincia, tenemos que cruzar esa cerca y seguir por el camino-cortafuegos que, siempre pegado a la valla, nos introduce…

4. …en la espesura.

5. Al poco de entrar, un soberbio alcornoque se despliega junto a nosotros.

Descartando un carril que sale a la derecha, y tras una ligera subida, el camino gira bruscamente al sur y nos aboca al poco profundo valle donde el alcornocal se convierte en un precioso bosque mixto.

6. Alcornoques, encinas, quejigos y robles se reparten el terreno. En los claros, arbustos heliófilos como jara, aulaga, romero, genistas… pero también peonías a la sombra.

7. Es posible encontrarse el carril invadido por las jaras. No hay quien acabe con ellas, por más que se corten de año en año.

Al final, nuestro carril confluye con el que viene por la ladera de enfrente (a nuestra derecha), en un rellano despejado. Abandonando ambos, seguimos campo a través más o menos en la dirección que llevábamos y bajando, para lo que volveremos a cruzar la cerca (c)…

8. Que nos saca de la finca en este caso.

La corta bajada por un terreno relativamente fácil nos deja en un bien trazado carril, que tomaremos a la izquierda, bajando junto al arroyo de los Presillejos. Por la derecha llega a los llamados Barracones, centro de turismo rural gestionado por el Ayuntamiento de Alhama.

En unos cientos de metros, el carril desemboca en un pequeño llano, donde tuerce a la derecha. Si nos internamos un poco en el prado, ganamos bellas vistas sobre la Sierra a nuestras espaldas.

9. El llano. Hay una senda que llega hasta aquí desde el Robledal, remontando el arroyo.

Atravesamos luego un alto pinar…

10. De pino resinero…

…y poco después dejamos a la derecha el desvío, señalizado con un panel, que lleva al pico Maroma, y que es una ruta bastante transitada. Nosotros seguimos de frente…

11.…para encontrarnos poco después con los primeros extranjeros en esta tierra: creo que tsugas o seudo-tsugas, pero no me hagáis mucho caso. En primavera, con los renuevos de color más claro en todas las puntas, parece un árbol vestido de faralaes.

Casi en ese punto, el camino gira bruscamente a la izquierda, y nosotros lo abandonamos…

12. Por la senda que se trasluce entre los árboles, al frente.

Ascendemos entonces por una vaguada de poca pendiente.

13. A nuestro alrededor, pinos muy altos se mezclan con cedros, y algunos robles aislados, mientras en el primer piso campan las encinas y en la planta baja se desenvuelven jaras, aulagas, torvisco… (la verdad es que no sé qué hace la aulaga aquí, en toda esta umbría).

Al poco tiempo empezamos a bajar, hasta acabar saliendo a un camino, justo donde éste acaba muriendo en un cortafuegos a la derecha (d).

14. Nos adentramos en el terreno despejado hasta la divisoria de la loma.

Desde allí vemos buena parte del recorrido del Arroyo del Parral -más abajo Arroyo del Cerezal-, hacia el que bajamos triscando de piedra en piedra.

15. Como puede verse.

El cortafuegos se diluye en un amplio prado a la vera del arroyo. Nuestra ruta sigue por su margen izquierda y hacia abajo, pero si remontáramos el arroyo por su cauce, al poco rato encontraríamos…

16. Lo que el arroyo esconde: una sucesión de cristalinas pozas en un minicañón tallado sobre mármoles.

Río abajo, en cambio, la vereda trepa un momento por la ladera…

17. Entre pinos de un lado y altos álamos junto al agua.

…antes de salir a un carril que cruza el arroyo, y nosotros con él.

18. Con buen calzado se puede vadear, pero el tronco tiene más enjundia. El truco es que tiene un cable como pasamanos.

En realidad la ruta continuará en sentido contrario, pero aquí nos desviamos 150m para llegarnos a Venta Palma (e), edificio hoy en ruinas, pero cuyos alrededores ofrecen delicias sin cuento (de verdad).

19. Desde su era disfrutamos de una preciosa y bucólica vista. A la derecha del centro de la foto vemos una amplia copa de árbol. Se trata del nogal más grande que conozco…

20. Aposentado sobre una pequeña surgencia de agua, no le ha faltado nunca el líquido elemento.

Así que nos desviamos por el nogal antes de volver al vado del arroyo.

21. Bucólica estampa del Arroyo.

Tras cruzar, seguimos el carril, que pasa junto al Cortijo del Cerezal -vallado y en uso-, y afrontamos una cuesta entre pinos.

22. Como es habitual por la zona, los pinos son altos, pero creo que han bebido demasiado…

Tras unos 500m, alcanzamos un collado donde hay cierto intríngulis de caminos: primero sale a nuestra derecha un carril que gana altura entre los pinos. Inmediatamente después encontramos otro, que cruza en perpendicular nuestra ruta, la cual sigue al frente de todas maneras como trocha que baja hacia El Robledal. Lo que haremos aquí es tomar el camino de la izquierda; seguido hasta su final, nos llevaría de nuevo al cortafuegos (d), pero lo vamos a abandonar muy pronto, por la derecha (f), internándonos en una amplia vaguada o llano, sombreado por los pinos más altos que hemos visto hasta ahora. Hay restos de camino, pero los trabajos forestales lo convierten más bien en rodadas cuya ubicación exacta es un poco aleatoria. Nuestra guía son los cedros que debemos empezar a ver por la derecha, y que debemos mantener siempre a ese mismo lado.

23. Pena de haberme dejado el teodolito, pero estos jóvenes tendrán no menos de 30m de altura.

Algo más allá, aparecen también robles, creando curiosos contrastes en este enclave. El más-o-menos-camino viene a subir casi hasta la curva de las tsugas por donde pasamos antes, pero podemos desviarnos a la derecha, y caminando por los escalones de la repoblación, llegar en un momento al camino, algo más abajo de ese punto.

24. Achuchados por los cedros, los robles se han lanzado aquí a una loca carrera hacia las alturas. El conjunto es soberbio, pese a que carezca de pedigree autóctono.

Tomamos el carril a la derecha, hacia abajo, sumergidos en un fantástico pinar.

25. De pinus pinaster.

Medio km más abajo, el camino gira a la izquierda, rodeando una colina, y de él se desgaja el que sube al Cortijo del Robledal Alto, a 50m en la colina de marras (g). Vale la pena subir un poco por encima de los edificios, para ganar unos llanos herbosos que nos dan preciosas vistas del entorno. Luego nos dejamos caer por la izquierda del Cortijo…

26. Tal que por aquí…

…para tomar de nuevo el carril, a la izquierda. Tras rodear una segunda colina se va aproximando al Arroyo de los Presillejos. Pronto se convierte en senda y remonta el valle hasta llegar a una vetusta alberca, rodeada de un espeso encinar de poca altura.

27. La alberca.

Desde la alberca, la senda continuaría en dirección a nuestro punto c, pero nosotros nos orientamos directamente al arroyo…

28. Tan transparente que parece no estar.

…que cruzamos a nuestro buen saber y entender. Al otro lado nos espera un prado o baldío (según la época del año), por el que caminamos hacia la derecha, paralelos al arroyo, para atravesar después una mancha de encinar antes de salir a unos campos abiertos, donde nuestra senda se convierte en carril. No hay más que dejarse llevar por este último para llegar al principal, característicamente blanco por los áridos empleados en su piso, que tomamos hacia la izquierda.

29. Desde aquí tenemos amplias vistas de conjunto de la Sierra.

En poco más de 400m llegamos al sitio donde dejamos los vehículos, descansados, pero insatisfechos: ¡Queremos más!

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3 pensamientos en “Sierra Tejeda. Del Cornocal al Robledal

  1. Javier

    Hola. Estoy asombrado de ver esa belleza de paisajes tan verdes en zona tan meridional. De cuando son esas fotos y esa ruta? Espero que fuera hace poco. Me gustaria hacerla con mi novia. Muchas gracias por compartirla y explicarla tan bien.

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    1. msalvatierra2012 Autor de la entrada

      Hola Javier, gracias. Las fotos son de hace un par de años (en primavera). No debes preocuparte: aquello sigue allí con todo su esplendor. Lo que hay que cuidar es la estación en la que ir; yo evitaría el verano, que le quita algo de lozanía. La primavera es -como has visto- soberbia; pero un buen otoño, después de que haya llovido un poquito (Noviembre, Diciembre), te da el punto de robles y quejigos amarillos. Luego, todo el invierno también es propicio, con mucha agua, y si pillas algo de nieve pues más disfrute, pues no es muy frecuente tan abajo. Disfrútala, y si te guías por mis indicaciones, agradeceré información sobre si son acertadas o te confunden en algún punto ¡siempre hay que mejorar!

      Gracias de nuevo y hasta otra

      Responder
  2. Pingback: El Cornocal (Alhama) | elcaminosigueysigue

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