Arroyo de Majalijar-Arroyo de las Perdices

La primera semana de Octubre fue de auténtico otoño, tras un Septiembre razonablemente lluvioso. Luego parece que ha vuelto el verano, pero que nos quiten lo bailado el domingo día 6, que fue poco pero muy bueno. Como me pedían paseo, me decidí por un recorrido corto y entretenido, pero con mucho descubrimiento, buscando una conexión a la que ya tenía ganas: pasar del Arroyo de Majalijar al de Las Perdices, transitando por los propios arroyos.

La ruta propiamente dicha puede empezarse desde la carretera entre la Fuente de los Potros y la Alfaguara, en el punto donde la cruza el Arroyo de Majalijar. Nosotros, para darle un poco de coba, salimos casi desde la Fuente de los Potros y trochamos por el carril de lo que fue Cortijo Nuevo hasta el mencionado punto. Enseguida nos metimos en faena, por una zona bastante concurrida, comenzando a descender a la vera del arroyo:

Majalijar y Majalijar, arroyo y cerro, en una panorámica de sabor canadiense…

Majalijar y Majalijar, arroyo y cerro, en una panorámica de sabor canadiense. Pinos, cedros y fresnos escoltan al cauce.

El suelo está verde y fresco a la sombra de la arboleda, aunque el pasto seco de la pasada temporada todavía afea la hierba reciente…

Aunque se puede circular más cómodo alejándose un poco del agua, la vocación nos lleva al cauce, que tendremos que cruzar más de una vez para buscar la orilla más despejada.

Aunque se puede circular más cómodo alejándose un poco del agua, la vocación nos lleva al cauce, que tendremos que cruzar más de una vez para buscar la orilla más despejada.

La recompensa por la molestia es el encanto de una ribera umbrosa, el agua apenas susurrante, con una bizarra variedad de vegetación: la de aquí -pinos, fresnos, mimbres, majuelos, escaramujos…- y la importada -cedros, cipreses de Arizona…-. Para acabar de darle tono de paseo, bajo todo este batiburrillo arbóreo empezamos a descubrir cientos de setas de todos los tamaños y colores. En un cuarto de hora avistamos más de veinte variedades distintas, solas o en grupos, sobre madera, tierra o mierda, cada una con su forma característica que pide foto… así que no avanzamos muy deprisa. Las fotos de setas he decidido reservarlas para un monográfico, después de haber intentado identificarlas un poco. Pronto en sus pantallas…

Esta zona llana ha sido muy modificada por las repoblaciones, y pasamos de un parche de coníferas exóticas a otro de pinos, siempre acompañando a los fresnos, que son los árboles que primero amarillean en la estación.

Esta zona llana ha sido muy modificada por las repoblaciones, y pasamos de un parche de coníferas exóticas a otro de pinos, siempre acompañando a los fresnos.

Los fresnos se acompañan aquí de majuelos, sin olvidar los rosales silvestres y las siempre apetecibles moras.

Los fresnos se acompañan aquí de majuelos, sin olvidar los rosales silvestres, los juncos y las siempre apetecibles moras.

Los fresnos, junto a algunos arces, son los primeros que amarillean en la estación, regalándonos su luminoso fuego…

Los fresnos, junto a algunos arces, son los primeros que amarillean en la estación, regalándonos su luminoso fuego…

Vale, un poco de setas, sorbiendo felices de un tocón de pinaster.

Vale, un poco de setas, sorbiendo felices de un tocón de pinaster.

Algo más abajo, el paisaje va cambiando; el valle comienza a estrecharse y quedan atrás los pinos, mientras nos acercamos a la terra incognita, donde no sé si habrá paso o no…

Un último prado nos dirige a un embudo cerrado de espinos bajo unas peñas…

Un último prado nos dirige a un embudo cerrado de espinos bajo unas peñas…

Pero en lo más frondoso surge una preciosa senda, trazada por pisadas sabias, que a prudente distancia del agua nos conduce por debajo los tajos que quieren cerrarnos el paso.

Pero en lo más frondoso surge una preciosa senda, trazada por pisadas sabias, que a prudente distancia del agua nos conduce por debajo los tajos que quieren cerrarnos el paso.

En un momento dado, sobrevolamos el precioso espinar de majuelos, en su apoteosis cromática: amarillas las hojas y los rojos frutos en sazón. En las laderas ahora reina la encina.

En un momento dado, sobrevolamos el precioso espinar de majuelos, en su apoteosis cromática: amarillas las hojas y los rojos frutos en sazón. En las laderas reina ahora la encina.

Al cabo de unos 100m venimos a salir a un ensanchamiento ocupado por un rozagante prado (yo sabía que estaba ahí porque lo tenía fichado desde la ortofoto):

La entrada del prado, escoltada por majuelos.

La entrada del prado, escoltada por majuelos.

El prado se sitúa bajo una peña, horadada por una cueva o abrigo que ha servido de corral.

El prado se sitúa bajo una peña, horadada por una cueva o abrigo que ha servido de corral. Algo llama la atención del grupo en la pared rocosa…

¡Es un panal! Astutamente colocado en un hueco de la roca, las abejas se afanan a su alrededor.

¡Es un panal! Astutamente colocado en un hueco de la roca, las abejas se afanan a su alrededor.

El grupo bajo la cueva. Al fondo vemos el estrechamiento que acabamos de atravesar.

El grupo bajo la cueva. Al fondo vemos el estrechamiento que acabamos de atravesar.

Bueno, este es el prado propiamente dicho. Los cardos del verano lo agrisan, pero aun así es un lugar fresco y vistoso.

Bueno, este es el prado propiamente dicho. Los cardos del verano lo agrisan, pero aun así es un lugar fresco y vistoso. Al fondo asoma el cerro del Calabozo.

Nos queda el último tramo, sólo 100m hasta el Arroyo de las Perdices. ¿Pasaremos?

De momento, el borde del arroyo es un poco espeso. Precioso, pero poco práctico. Nos alejaremos del agua -y de las espinas- hacia las encinas…

De momento, el borde del arroyo es un poco espeso. Precioso, pero poco práctico. Nos alejaremos del agua -y de las espinas- hacia las encinas…

…donde iremos inventando el camino paso a paso, de nuevo sobre los espinos.

…donde iremos inventando el camino paso a paso, de nuevo por encima de los espinos.

Volvemos al fondo del valle un poco después. Por esta margen izquierda alguno completa el recorrido hasta la confluencia; el resto acabamos cruzando el arroyo y ascendiendo un poco por la ladera derecha para llegar al mismo sitio.

Volvemos al fondo del valle un poco después. Por esta margen izquierda alguno completa el recorrido hasta la confluencia; el resto acabamos cruzando el arroyo y ascendiendo un poco por la ladera derecha para llegar al mismo sitio.

Desde ese punto, contemplo la confluencia de los dos arroyos con la emoción de un Orellana echando la primera ojeada al Pacífico. Entra por la derecha, bajo unas peñas, el Arroyo de las Perdices, para unirse al río de espinos bajo los que circula el de Majalijar. En su unión, una preciosa fresneda pone una guinda verde-amarillenta en contraste con los pinos.

Desde ese punto, contemplo la confluencia de los dos arroyos con la emoción de un Orellana echando la primera ojeada al Pacífico. Entra por la derecha, bajo unas peñas, el Arroyo de las Perdices, para unirse al río de espinos bajo los que circula el de Majalijar. En su unión, una preciosa fresneda pone una nota verde-amarillenta en contraste con los pinos.

Ya estamos en el Arroyo de las Perdices. Más pendiente

Ya estamos en el Arroyo de las Perdices, mirando río abajo. Algo más pendiente, sobre un terreno más francamente calizo y con menos fuentes en su cabecera, viene sin agua…

…aunque del grueso paquete de sedimentos emana una perceptible humedad. El lugar tiene un encanto especial, menos polícromo y más pétreo, tanto más evocador…

…aunque del grueso paquete de sedimentos emana una perceptible humedad. Mirando ahora hacia arriba: el lugar tiene un encanto especial, menos polícromo y más pétreo, tanto más evocador…

Desenmarañados de los últimos espinos, echamos a andar arroyo arriba. Esta es la zona más pendiente, y avanzamos entre un caos de pequeños saltos y bloques sueltos de piedra, entre los que se acumula ocasionalmente un sedimento entre gris y rojizo. El sustrato en este punto es de dolomías arenosas, pero en este fondo debe de haber de todo, incluyendo los limos rojizos que atraviesa el arroyo más arriba.

Los fresnos nos acompañan junto al cauce, mientras los pinos vuelven a aparecer arriba, en la ladera izquierda.

Los fresnos nos acompañan junto al cauce, mientras los pinos vuelven a aparecer arriba, en la ladera izquierda.

Aprovechamos un remanso entre peñas para comer, y de paso cumplimentar la foto oficial:

Foto oficial. El único que no sale es Perry, un canecillo que se nos adjuntó en el Majalijar y al que devolveremos a su sitio tras completar el círculo.

Foto oficial. El único que no sale es Perry, un canecillo que se nos adjuntó en el Majalijar y al que devolveremos a su sitio tras completar el círculo.

Proseguimos luego arroyo arriba, al principio con la misma tónica que antes, luego estabilizándose la pendiente…

…con lo cual el cauce se allana y ensancha, todo guijarros.

…con lo cual el cauce se allana y ensancha, todo guijarros.

Poco después tropezamos con el camino que, descendiendo el arroyo desde la carretera, tuerce donde lo encontramos hacia nuestra izquierda, para buscar la salida de las Mimbres-Prado Negro en la autovía. Nosotros iremos en dirección contraria (la que traíamos), aun remontándolo:

Aquí el cauce es muy amplio. Cuesta creer que el agua lo llene, como sin duda sucede en periodos de lluvias intensas.

Aquí el cauce es muy amplio. Cuesta creer que el agua lo llene, como sin duda sucede en periodos de lluvias intensas.

Pero no hay que despistarse. En la primera curva a izquierdas vamos a cruzar el cauce para abordar un viejo camino que se aleja del arroyo por el otro lado. Descarnado por el agua, lo que ya es una simple senda nos introduce de repente en un entorno de encinas y quejigos, con un toque selvático que contrasta con el apacible paisaje que recorríamos hace un momento.

En su punto culminante, circulando entre dos muros de espesa vegetación surge una nota de color: un grupito de arces de Montpellier (Acer monspessulanum) cobijado bajo unas húmedas peñas, según su costumbre. Les falta una semana o dos para acabar de estallar. pero ya prometen oro rojo.

En su punto culminante, circulando entre dos muros de espesa vegetación surge una nota de color: un grupito de arces de Montpellier (Acer monspessulanum) cobijado bajo unas húmedas peñas, según su costumbre. Les falta una semana o dos para acabar de estallar. pero ya prometen oro rojo.

El mismo punto hacia el otro lado. Encinas, quejigos, arces y espinos se alternan sobre rocas cubiertas de musgo…

El mismo punto hacia el otro lado. Encinas, quejigos, arces y espinos se alternan sobre rocas cubiertas de musgo…

Pocos metros después, el paisaje cambia drásticamente:

…y los pinos vuelven a dominar, sobre un suelo algo más seco.

…y los pinos vuelven a dominar, sobre un suelo algo más seco.

Salimos a un amplio prado, por donde continuamos hacia la izquierda, para luego abordar un último collado:

…que es el que nos separa de la hoya donde se ubica la Fuente de Los Potros. Al fondo, en el centro, asoma el Cortijo de Majalijar, bajo los cerros que le dan cobijo.

…que es el que nos separa de la hoya donde se ubica la Fuente de Los Potros y la carretera. Al fondo, en el centro, asoma el Cortijo de Majalijar, bajo los cerros que le dan cobijo.

La bajada transcurre por limos rojos del manto maláguide, que contrastan vivamente con el verde de la hierba reciente. Al fondo, la vista va desde el Peñón de la Era, por los Tajos de los Halcones y Las Garduñas, hasta el Cerro de la Cruz a la derecha.

La bajada transcurre por limos rojos del manto maláguide, que contrastan vivamente con el verde de la hierba reciente. Al fondo, la vista va desde el Peñón de la Era, por los Tajos de los Halcones y Las Garduñas, hasta el Peñón de la Cruz a la derecha.

Al final de la bajada nos encontramos casi en el punto de partida:

Este vuelve a ser el Arroyo de Majalijar, desde el otro lado. A nuestra izquierda está la carretera, a la que arribamos en un momento.

La línea de cedros marca lo que vuelve a ser el Arroyo de Majalijar, desde el otro lado. A nuestra izquierda está la carretera, a la que arribamos en un momento.

No queriendo carretera, subimos arroyo arriba algo más, para luego torcer a la derecha y llegar a los vehículos por los hermosos prados al norte de la carretera:

Por aquí tiene otro toque, más céltico. No dejamos de encontrar hermosos ejemplares de setas que, ay, no cogeremos.

Por aquí el arroyo tiene otro toque, más céltico. No dejamos de encontrar hermosos ejemplares de setas que, ay, no cogeremos.

Al final, descansados pero satisfechos, volvemos al mundo. Hasta otra.

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