Veredas altas en la Loma de Dílar

23 Junio 2018

El espectáculo gozoso del deshielo en Sierra Nevada tiene uno de sus imprescindibles en las incomparables Chorreras del Molinillo, por donde varios de los emisarios de algunas lagunas de la cuenca alta del Dílar se encuentran mientras se despeñan por un escalón de unos 100m de altura. Las rutas habituales para llegar al lugar comienzan, bien en el aparcamiento de la Hoya de la Mora, cruzando después las pistas de Borreguiles, o bien, para los más esforzados, ascendiendo desde la Cortijuela. En ambos casos hay que enfrentarse al hecho -ciertamente masivo– de que la Loma de Dílar se cruza en nuestro camino. Lo que sigue es la descripción de una aproximación novedosa, partiendo desde Pradollano, que salva ese obstáculo por ciertas veredas poco transitadas que, por otra parte, hacen de la propia Loma de Dílar objeto de interés y disfrute por sí misma…

La idea de esta ruta partió originalmente del interés por hacer la aproximación desde la Cortijuela, por Matas Verdes y Collado del Pino. Pero, pasado ya el 15 de Junio, temimos que el carril de la Cortijuela pudiera estar cerrado por vacaciones. Se me ocurrió entonces que podíamos enlazar con esa vereda pero saliendo desde Pradollano, haciendo hacia atrás la senda de la Cortijuela, hasta el Collado del Pino. Pero la subida posterior desde el mismo a la loma es empinada y pedregosa, aparte de que era bajar bastante para luego volver a subir. Busqué entonces alternativas, y vine a descubrir una vereda ganadera que, desde casi la divisoria de la Loma viene a acercarse bastante a Pradollano -llega nítida hasta el Barranco del Maguillo, de hecho-. Si podía encontrar conexión aceptable entre ese punto y la Estación, la cosa tenía mucho mejor pinta. Así que, tras concienzudo estudio del terreno, trazamos la siguiente ruta:

Track en wikiloc

Sobre un mapa de curvas de nivel se comprueba que, saliendo desde los 2.150 m de Mirlo Blanco, la llegada a la divisoria de la loma ocurre a poco más de 2.300 m. Por tanto, menos de 200 m de desnivel, seguidos de un progreso bastante cómodo por la divisoria hacia arriba. Más vale un pequeño rodeo, que afrontar del tirón los 400 m de diferencia entre la Estación y el collado de la Loma por el que se puede acceder al Río y las Chorreras. Si además el rodeo te lleva a cruzar sucesivamente los hermosos barrancos de Prado Redondo, Valdeinfierno, Maguillo y Riscas Negras, pues tanto mejor.

Salimos, como ya he indicado, por el Parque Infantil Mirlo Blanco, al que se llega por la parte baja de Pradollano, dejando a la izquierda las estaciones de los telecabinas. Desde Mirlo Blanco parte un a modo de carril (hay una valla que lo cierra, con un letrero absurdo que reza “prohibido caminar”, lo que supongo que tendrá sentido en invierno, porque el camino formaba parte de un circuito de esquí de fondo). Tras una cuestecilla , tomamos a la derecha, y vamos rodeando la loma para internarnos, llaneando, en el Barranco del Castillejo. Tras cruzar el mismo el camino se bifurca. Por ambos ramales llegaremos al mismo sitio, pues forman un bucle más adelante. Enseguida comprendemos que, tanto el esquí de fondo como el posible circuito de BTT deben haber pasado a la historia, porque los piornos han colonizado casi completamente el camino:

El camino se distingue por su plataforma plana, que no por estar despejado de vegetación. Al fondo entrevemos los dos ramales paralelos que luego se juntarán cerrando el “circuito”. Luego tendremos que superar la loma que se ve detrás, algo por encima del pequeño resalte en la vertical del camino.

Si vamos por el ramal de abajo encontraremos, antes de llegar al siguiente barranco, una desviación a la derecha, marcada con un pequeño hito: es la continuación de la vereda de la Cortijuela, que baja al Prado Redondo y sigue luego bajando tras cruzar el barranco. Nosotros nos mantendremos en el circuito, que se encuentra con el ramal superior justo cuando ambos cruzan el Barranco de Prado Redondo.

…que hace por encima de ese punto un pequeño remanso de verduras, de flores esmaltado.

Ahora tomaremos el ramal superior, porque lo vamos a abandonar antes de que cierre la revuelta al encontrarse con el otro. Entre piorno y piorno, hay espacio suficiente para el pie, aunque no mucho:

Se ve que el piorno, al encontrar suelo horizontal que retiene algo más la humedad, se ha desarrollado más que por fuera del mismo (por lo mismo, los forestales abancalan las laderas a repoblar).

En su punto más alto, miramos a la izquierda:

Y veremos, en una pequeña concavidad, unos peñascos oscuros (centro-superior de la foto) que nos van a servir de guía: por encima de ellos discurre una trocha que abren las vacas, y que nos permitirá coronar la divisoria de la loma de detrás.

Llegados a la divisoria de esa loma, ascendemos unos metros hacia la izquierda, hasta desembocar en un claro:

Zona de pasto del ganado, su incesante ramoneo mantiene a los piornos a raya.

Nos desplazaremos hacia la derecha, por la parte baja del claro, hasta obtener vistas de un coqueto borreguil en la siguiente vaguada:

No hay senda que merezca ese nombre, pero el piornal en este punto es lo suficientemente abierto como para llegar al borreguil sin mayores contratiempos. En la ladera que sigue observamos varios trochas parelelas, cualquiera de las cuales nos llevará en la buena dirección.

El borreguil desde dentro. Verde y florido, es una delicia para los pies y para la vista.

La(s) trocha(s) abordan después el Barranco de Valdeinfierno, que más abajo es empinado y pedregoso, pero que aquí se viste de verde:

El camino ofrece pocas dudas, por cuanto hacia abajo el terreno se abarranca, y porque además observamos, en la otra margen, claras sugerencias de vereda. Tomaremos la más alta de las que veamos practicables, sin volvernos locos subiendo.

Al salir del barranco ingresamos en una anodina ladera de piornal. Es casi plana a nuestra altura, y hacia la izquierda coge algo más de pendiente hacia arriba; buscaremos el punto de inflexión entre llano y pendiente, y por ahí circularemos, facilitado nuestro paso por la trocha que el ganado -que es sabio- ha venido trazando por esa zona…

Cruzaremos enseguida una exigua vaguada, que no es otra cosa que el Barranco de La Genara, reducido a su mínima expresión. El truco aquí es no coger altura, sino progresar rodeando la loma por la curva de nivel.

Si todo ha ido bien, llegaremos a un segundo claro entre el piornal:

La loma hace aquí un amplio rellano casi totalmente nivelado. No nos dejemos llevar por cantos de sirena: nos mantendremos en su parte superior sin casi pisarlo…

Aquí encontramos la primera -y realmente única- dificultad seria del trayecto: si miramos a la izquierda, veremos al fondo, precediendo al siguiente barranco, unos prados de aspecto deleitoso:

Es el barranco del Maguillo, que justo a nuestra altura viene acompañado de una hermosa zona de prados, salpicada de arbolillos. Pero entre el prado y nosotros se desarrolla un espeso piornal de aspecto hosco e hirsuto…

Pues bien: existe algo parecido a una senda (o dos) que va en derechura desde donde estamos hasta los prados. No es visible a primera vista, pues el desarrollo de los piornos la oculta, pero el pie puede encontrar una línea ininterrumpida de terreno sin pies de piorno hasta allá, con lo que solo tendremos que ir empujándolos delicadamente con la cadera, lo que es bastante más agradable que ir saltándolos por encima. A condición, claro está, de encontrarla… Con un poco de intuición y de fortuna, puede hacerse con menos sufrimiento de lo que aparenta. Si encontráis alguna vaca… seguidla. La alternativa, si nos vemos enmarañados: ganar algo de altura, hacia la izquierda, por donde el piornal se aclara ligeramente. El track, en todo caso, muestra con exactitud el trazado. Todo dependerá de la precisión del instrumento.

A modo de ilustración, esto es “la senda”, mirando hacia atrás (sin ira, espero).

La recompensa, en todo caso, es grande:

Pues de repente desembocamos en un pequeño edén de prados y regatos de agua cristalina… y mierda de vaca.

Ahora iremos ascendiendo por los prados, sin prisa por buscar el barranco, hasta encontrar una pequeña valla:

Mirando hacia atrás: a la derecha el piornal y los prados. La valla está convenientemente interrumpida de forma que no hay que saltar nada. Nos mantendremos cerca de ella hasta que comienza una zona más pedregosa, bajo unas peñas, por donde encontraremos algo parecido a una trocha que, ahora sí, nos invita a cruzar el barranco.

Cruzando el Barranco del Maguillo. Puede verse que hemos abandonado los prados y ascendido aun un poco antes de cruzar.

Muy poco después de pasar a la otra margen cruzamos una flecha de agua que se precipita hacia abajo, paralela al barranco principal:

Viene acompañada en todo su recorrido por unos metros de prado adornado por enebros.

Si hemos acertado con la altura, veremos que la trocha se afirma y se convierte en una auténtica vereda:

La vereda asciende en dirección al próximo rellano, despejado y herboso. A partir de aquí nos llevará con bastante seguridad en dirección a la divisoria de la Loma de Dílar, que ya se intuye al alcance del pie.

Aquí hago un inciso: para los más impacientes, la flecha verde que acabamos de cruzar puede constituir un acceso directo a la divisoria: la remontaríamos hasta la surgencia, y luego continuaríamos por la loma en la misma dirección que marca, culebreando lo mínimo para sortear alguna mancha de piornos o enebros, hasta toparnos necesariamente -tras 250 m de ascenso- con la vereda de la loma, que en ese punto discurre unos metros por debajo de la divisoria, de este lado. Estaríamos entonces casi en el collado desde el que puede accederse al Dílar. Queda dicho.

Nosotros, por nuestra parte, continuaremos por la vereda que acabamos de encontrar, hasta llegar al siguiente collado:

.. que viene marcado por un nuevo claro, proa de barco que apuntara hacia el valle: el Dornajo a la derecha, los Poyos de Monachil y el Huenes a la izquierda, y Granada al fondo.

Como suele suceder en las zonas de pasto, la vereda aquí se difumina, pero su continuación no ofrece dudas:

Nos mantendremos exactamente en el borde izquierdo del claro, donde empieza el piornal, enfilando en muy suave ascenso el siguiente barranco.

Poco antes de llegar al mismo, la vereda se convierte inopinadamente en acequia, pues el trabajo de los pastores ha desviado el agua del barranco por su trazado para irrigar precisamente el prado que venimos orillando.

Este borreguil no es otra cosa que el barranco de Riscas Negras, que acabará confluyendo con otros, mucho más abajo, para formar el Barranco de Manuel Casas antes de desembocar en el Río Monachil.

Recién superado, el barranco nos ofrece -mirando atrás- un curioso espectáculo de solifluxión: la capa superficial de terreno herboso, henchida de agua, se ha quebrado por un par de fracturas, desplazándose hacia abajo por gravedad y arrugándose consiguientemente.

Un poco más adelante tenemos una buena vista del recorrido del barranco, que entra en el robledal, unos 300 m más abajo, por donde el sendero Sulayr sube desde la Mojonera a la vereda de la Cortijuela. Eso que nos hemos quitado de subir.

A partir de aquí solo queda seguir ascendiendo suavemente, por el sempiterno piornal-enebral, en busca de la divisoria. Hay que andar atentos a este punto:

…donde podríamos optar entre descender para enlazar más abajo la senda que sube desde el Collado del Pino, o tomar el ramal que sigue ascendiendo. Como es nuestro objetivo, y además se ve más claramente la que sube que la que baja, no lo dudamos…

… y al doblar la esquina de la loma, divisamos ya las piedras que madre natura quiso poner ahí como guía para el caminante: marcan el punto en el que la vereda que viene del Collado del Pino llega a la divisoria (o el punto de la misma en la que hay que echar hacia abajo, si vamos en sentido descendente).

No hará falta llegar a ellas, porque la loma por la que andamos nos permite, derivando a la izquierda, alcanzar la divisoria sin mayores contratiempos. Hemos triunfado.

Estamos en la divisoria, y el Río Dílar aparece a nuestra vista por primera vez en la jornada, con el Collado de Chaquetas y el Puntal de los Mecheros en el centro, por debajo de Los Alayos que asoman por detrás.

Hacia arriba, lo que queda: un paseo panorámico por la Loma en dirección al Peñón de Dílar (que no hará falta coronar, pues la vereda lo sortea hábilmente por la izquierda.

¿Habrá sido esto menos penoso que subir desde la Cortijuela? Sin duda, porque el ascenso es menor y más tendido (aunque algo más largo). Pero lo mejor del caso es que coloca nuestro punto de retorno mucho más cerca de la cabecera del Dílar, lo que nos permitirá demorarnos más en esa zona, nuestro objeto de deseo el día de hoy.

Hacemos un breve y sabroso paréntesis para hidratarnos, frutosequearnos y descansar acompañados de unas vacas que nos miran bovinamente (como no podría ser menos) y luego continuamos la marcha, loma arriba. En una media horita superamos el Peñón de Dílar y nos colocamos en el collado desde el que puede accederse al río por la Choza de Matías.

Pero ahora viene el segundo invento de la jornada: comoquiera que estuve la semana pasada al pie de las Chorreras del Molinillo (subí por la vereda del Berreadero), y resultó un lugar inhóspito entre piedras y neveros, me apetece hoy mirarlas desde arriba, y pisar de paso los incomparables prados por encima de la cascada, recorridos por los emisarios del Lagunillo Misterioso y de la Laguna del Carnero. De forma que vamos a eludir esa senda más conocida, y vamos a procurar mantener la altura para entrar por los Prados del Dílar -cerca de la estación de remontes que se ubica un poco más arriba-, con idea de pillar allí la veredita que, por la Loma de Enmedio, lleva a la parte superior de las Chorreras. Lo tengo mirado y trackeado sobre el Maps, y solo espero que lo que parecen trochas aceptables se comporten como es debido sobre el terreno.

Así que ahí vamos: en el collado de marras ignoramos olímpicamente la senda de la Choza de Matías para continuar el ascenso por la misma vereda de la Loma que venimos siguiendo. Solo un poco, justo para coronar el primer repechillo después del collado:

Al final del mismo, estas peñas de forma característica nos hacen de hito: caminamos hacia ellas por lo que quiere parecer un exiguo rastro pisado sobre el piornal…

… y desde esa atalaya observamos con placer cómo, en el siguiente lomo, parece dibujarse una senda reconocible (no el Camino de Santiago, vale, pero algo que aclara el vasto piornal). La topografía del asunto, en todo caso, es clara: vamos a llanear hasta el rellano del centro de la foto, tras el que comienzan los neveros.

La buena noticia es que, tras un comienzo dubitativo, la trocha se afirma y por momentos se convierte en auténtica vereda, que sube y baja para esquivar, aquí un peñasco, allá una mancha de arbustos más densa, manteniendo siempre la misma tendencia general, casi llana o en ligerísima subida, hasta llegar al rellano:

Llegando al mismo se bifurca, un ramal a la derecha, hacia una peña aislada, otro a la izquierda abordando el collado pegados a la zona donde la ladera se empina. Es el que cogemos, para ingresar en un llano con pocas referencias…

Andamos por la zona donde ralea el piornal, con la vista fija en la mancha de nieve en la siguiente loma, por donde nos parece intuir que prosigue la vereda. Superamos la pequeña vaguada que nos separa de ella, pasando junto a los restos desvencijados de lo que parece que fue un pluviómetro, y abordamos la siguiente lomilla justo por debajo de la mancha.

Obviamente, esa mancha puede no estar en la próxima primavera, pero el track refleja con bastante exactitud la ruta que nos evita meternos en alguna arbustiva incomodidad.

Superada la lomilla volvemos a elegir el ramal izquierdo en la siguiente (especie) de bifurcación, y progresamos por un nuevo llano:

… por donde, en todo caso, ya no parece demasiado grave extraviarse, pues la cobertura vegetal es bastante escasa. En todo caso, valgan como referencia los restos de aquel corral, que superaremos a cierta distancia por la izquierda.

Sin comerlo ni beberlo, estamos en la zona llana desde donde, cuando se sube desde los Prados de Dílar, la gente gana el carril que entra desde el collado inferior del radiotelescopio. Lo que quiere decir que, recorriéndola hasta su extremo sin subir ni bajar, encontraremos la vereda de los prados.

¡Bingo! Henos aquí al comienzo de esa vereda, con la maravilla de los prados a nuestros pies.

Los prados están atestados de vacas que pastan junto a sus ternerillos. Al fondo, las Chorreras del Molinillo, que hace tiempo que venimos viendo en la ladera de enfrente, y que hemos superado largamente para poder acceder desde aquí a su parte superior, sin tener que superar grandes desniveles.

Cruzamos los prados derivando ligeramente a la izquierda, para encontrar la vereda que nos lleve al objetivo:

La flores de la primavera están en su apogeo, en el prado encharcado por el agua sabiamente desviada desde el río por un par de pequeñas acequias.

Al borde del talud que conduce al valle, contemplamos el punto exacto en el que confluyen los emisarios de la Laguna de las Yeguas y de los Lagunillos de la Virgen. Cruzar separadamente ambos, hoy que bajan con tanta agua, será más fácil que afrontar al doble de agua -del que ya será Río Dílar- de una tacada. Unos metros por debajo de esa confluencia arranca la vereda.

Aun por separado, nos cuesta un ratillo encontrar los pasos apropiados, no sin un pequeño incidente al caer al torrente una de las mochilas, lanzada con mala fortuna antes del salto. Afortunadamente recuperada antes de desaparecer río abajo, salvamos lo que podemos y continuamos el trayecto. La vereda que aquí arranca asciende suavemente en busca de la Loma de Enmedio…

… que cruzamos a media altura, dándonos el gusto de pisar alguno de los neveros que todavía permanecen en ella. Por detrás se aprecia perfectamente el trazado de la vereda desde los prados.

La Loma de Enmedio ofrece el curioso (en Sierra Nevada) espectáculo de la hierba creciendo en una elevación, en lugar de en terreno de vaguada. La razón: el canalillo de agua que, desviada del Arroyo de la Loma de Enmedio, la sabiduría pastoril ha dirigido justo a la cresta de la loma, desde donde se desparrama ladera abajo reverdeciéndola entera.

Superada la loma y el arroyo, un breve transcurso por zona rocosa nos deja en el rellano que da paso a la cuenca de recepción de las Chorreras:

Ocurre en un prado que, de nuevo, es irrigado por otro canalillo de agua desviada en esta ocasión del emisario del Lagunillo Misterioso, que es el que tenemos ahora frente a nosotros, todavía orlado de neveros que han debido formar buenos túneles de nieve hasta hace muy poco.

Nos dejamos caer siguiendo el curso del emisario, sin cruzarlo…

… disfrutando de la exhuberancia del agua que se abre paso entre rocas y nieve.

La bajada nos conduce al llano en el que van confluyendo las aguas del Misterioso con las de la Laguna del Carnero y otro par de arroyuelos, creando una de las zonas de prados más extensas y espectaculares de la cuenca alta del Dílar. Y en su extremo…

Las formidables Chorreras del Molinillo, donde tres arroyos espumeantes se precipitan al vacío para juntarse a mitad de la caida y acabar, 100 m más abajo, duplicando de un plumazo el agua que lleva el recién nacido Río Dílar.

Disfrutamos de un buen rato de extática contemplación antes de retirarnos del más noruego de los paisajes granadinos. Hemos dejado las mochilas en unas peñas entre el prado antes de la última bajada al borde de la cascada. Desandamos esa cuestecilla y reparamos fuerzas antes de proseguir. La elección del sitio no fue casual, porque estamos a la altura a la que, desviándonos un poco a la derecha, podemos acceder al canchal por el que se puede bajar al fondo del valle y al pie de la cascada.

Cruzamos un neverillo que se cobija bajo los tajos en esta umbría, y afrontamos la pendiente de piedras que conduce en derechura hacia abajo. Nos desviaremos un poco a la derecha, donde es menos empinado, y nos deja en la vaguada por la que completamos el descenso.

Desde el canchal tenemos mejor vista de la parte que antes quedaba oculta, donde los tres ramales ya se han juntado para formar un poderoso chorro de agua.

Quiere la tradición que se pase por debajo del último salto que hace el agua al superar el extraplomo de la base. En nuestro caso no es cuestión de tradición: los restos de un nevero peligrosamente horadado por la corriente impiden cruzar el río aguas arriba de la cascada, y la cantidad de agua que esta desparrama sobre las piedras a sus pies impide cualquier otro paso. Así que tiramos de impermeables y de valor y cruzamos por debajo de la cortina de agua. Menos mojados de lo que podría parecer, e indudablemente refrescados, aparecemos del otro lado, pero todavía con tarea pendiente: porque ahora hay que cruzar el Dílar duplicado por el agua que creimos esquivar. De la semana pasada tengo visto el punto: unos 50 m aguas abajo, el río tiene anchura suficiente como para que la corriente y la profundidad no sean excesivas. Fuera botas y arriba pantalones; apoyándonos uno en la otra para no resbalar con húmedas consecuencias, en unos emocionantes momentos conseguimos cruzar a la otra margen del río. Lo peor está hecho.

Y lo que queda, pues ya lo podéis imaginar: la vereda de la Choza de Matías y la bajada desde el collado de la loma de Dílar a Pradollano. No voy a documentarlo mucho, pues ya está, con sus fotos, en la parte final de esta entrada.

Solo esta, espectacular, de las Chorreras desde el primer tramo de la senda.

Luego, fundido en verde hasta la parte final de la senda entre el collado de la loma y la pista halfpipe de snowboard:

Dicha vereda llanea desde el collado y viene a colarse entre una línea de postes a la izquierda y una valla de delimitación de pista a la derecha. Justo al coronar esa divisoria, tendremos la pista de snow debajo a nuestra derecha, y los carriles que desde los remontes llevan a la Estación.

Ese final es pesado, por pendiente y porque es un secarral afeado por las infraestructuras de esquí. No descarto buscarle una alternativa algo más placentera para próximas entregas. Hasta entonces.

2 pensamientos en “Veredas altas en la Loma de Dílar

  1. Pingback: Atajando por la solana de la Loma de Dílar | elcaminosigueysigue

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