Invierno en el Valle de Lecrín

Caratula-Lecrin

El invierno trae nieve, pero también naranjas. Dado que el domingo 3 de Febrero se anunciaba fresco, y tras una sesión anterior de nieve y niebla, optamos por las naranjas para la rentrée de buena parte del grupo, y nos dirigimos a Melegís buscando ración extra de vitamina C, y echar un ojo al algarrobo centenario que Pilar nos tenía prometido…

Melegís ocupa el fondo del Valle de Lecrín, junto a la cola del Pantano de Béznar y la confluencia de los ríos Torrente y Dúrcal. Rodeado de naranjales, permite además llegar con facilidad al cauce del Dúrcal, por una ruta conocida como “de la Acequia de Los Arcos”, que vino a coincidir en buena parte con el recorrido que habíamos planeado.

Nuestra ruta.

Nuestra ruta.

Antes de comenzar, decidimos llegarnos a ver un algarrobo singular y centenario que Pilar conocía cerca de Restábal.

Aquí vemos Restábal desde Melegís. Nos llegaremos con el coche y tomaremos la carretera que lleva a Pinos del Valle…

Aquí vemos Restábal desde Melegís. Nos llegaremos con el coche y tomaremos la carretera que lleva a Pinos del Valle…

Por un camino terrero a la izquierda -que tuvo un poste señalizador hoy mutilado- nos adentramos guiados por Pilar.

Buscando el algarrobo. El campo está escandalosamente verde. La vista sabe a primavera, pero la piel nos recuerda que estamos en Febrero…

Buscando el algarrobo. El campo está escandalosamente verde. La vista sabe a primavera, pero la piel nos recuerda que estamos en Febrero…

Tras unos cientos de metros, llegamos a nuestro primer destino. A primera vista, parece que estamos junto a un bosquete de algarrobos:

Obsérvese la escala. No parece muy espectacular desde fuera…

Obsérvese la escala. No parece muy espectacular desde fuera…

…pero cambia radicalmente una vez dentro: es un solo tronco retorcido hasta el paroxismo…

…pero cambia radicalmente una vez dentro: es un solo tronco retorcido hasta el paroxismo…

…un kraken torturado que amenaza engullirnos…

…un kraken torturado que amenaza engullirnos…

…y cuyas ramas, vendidas hasta el suelo, se reconvierten en raíces para remontar el vuelo nuevamente.

…y cuyas ramas, vencidas hasta el suelo, se reconvierten en raíces para remontar el vuelo nuevamente.

El algarrobo (Ceratonia siliqua) es un árbol de la familia de las fabáceas (las leguminosas), de crecimiento lento y pequeño tamaño, propio del mediterráneo, del que no se aleja mucho por si los fríos. Este tiene más o menos la altura que se considera máxima, pero en extensión de la copa se ha salido de la escala. Se le atribuye más de un siglo de existencia.

A ambos lados del árbol, sendas eras nos asoman al valle y Sierra Nevada. Los almendros han explotado ya…

A ambos lados del árbol, sendas eras nos asoman al valle y Sierra Nevada. Los almendros han explotado ya…

Por encima de nosotros, al otro lado de un barranquete, el cementerio de Restábal se engalana de primavera.

Por encima de nosotros, al otro lado de un barranquete, el cementerio de Restábal se engalana de primavera.

Volvemos a los vehículos, disfrutando de los naranjos y de los afamados olivos del Valle, altos y desmelenados para proteger a los cítricos:

Este me hace pensar en esos viejos presumidos que todavía se anudan el pañuelo al cuello…

Este me hace pensar en esos viejos presumidos que todavía se anudan el pañuelo al cuello…

De vuelta a Melegís, ganamos el barrio que se asoma al río Torrente, donde aparcamos y buscamos el río, con algún titubeo.

En cuanto nos asomamos a los regadíos, nos recibe una bofetada de verde, que te quiero verde…

En cuanto nos asomamos a los regadíos, nos recibe una bofetada de verde, que te quiero verde…

Enfilamos un plácido camino de cemento entre naranjos y olivos, tal como uno espera del Valle de Lecrín:

Avistando el Castillo de Murchas o de Lojuela ("La Hojuela" en el 1:10.000). La vega se estrecha hasta un vértice que es precisamente nuestro objetivo.

Avistando el Castillo de Murchas o de Lojuela (“La Hojuela” en el 1:10.000). La vega se estrecha hasta un vértice que es precisamente nuestro objetivo.

Por carriles llegamos hasta una última edificación, hoy ruinosa. Por su izquierda, y tras preguntar a unos lugareños, tomamos una senda que nos debe llevar al río.

Poco a poco, los naranjos van admitiendo la compañía de vigorosos álamos (Populus alba, no esos advenedizos chopos de por ahí fuera…)

Poco a poco, los naranjos van admitiendo la compañía de vigorosos álamos (Populus alba, no esos advenedizos chopos de por ahí fuera…).

Por momentos, el paisaje aparece "como codificado…", que diría Juan Antonio Canta.

Por momentos, el paisaje aparece “como codificado…”, que diría Juan Antonio Canta.

Descartamos alguna incierta bajada al río, del que nos mantenemos a cierta altura…

Aquí está el extremo de su vega. Los naranjos van cediendo el paso a álamos, fresnos y sauces.

Aquí está el extremo de su vega. Los naranjos van cediendo el paso a álamos, fresnos y sauces, con densos cañaverales al borde del agua.

Ya prácticamente sin senda, progresamos por las últimas paratas de naranjos…

Perdidos en el naranjal.

Perdidos en el naranjal.

La posibilidad de seguir muere en un denso bosque de caña. Luego nos daremos cuenta de que habíamos bajado en un punto donde había que subir un par de metros para seguir el trazado de la acequia, que nos circula ahora por encima. Salimos del paso por un corto trepadero hasta ganar su cauce. Hoy está relleno de cañas y tierra, supongo que para proteger el tubo de PVC en el que se ha convertido. Unos metros más allá, hace un brusco quiebro a la derecha. Enfrente, a escasos metros, tenemos ahora la ribera opuesta, erizada de vegetación… ¿y dónde está el río?: encajonado en una estrechísima cerrada, circula fuera de nuestro alcance.

Una ladera expresionista. Si la foto resulta incomprensible es porque lo era el paisaje: un abigarramiento de ramas en todas las direcciones sobre unos retorcidos repliegues de piedra, donde difícilmente distingues el aquí del allí.

Una ladera expresionista. Si la foto resulta incomprensible es porque lo era el paisaje: un abigarramiento de ramas en todas las direcciones sobre unos retorcidos repliegues de piedra, donde difícilmente distingues el aquí del allí.

Tal vez para asustarnos, la naturaleza ha esgrimido contra nosotros este muro de lanzas…

Tal vez para asustarnos, la naturaleza ha esgrimido contra nosotros este muro de lanzas…

Pero lo que nos asusta verdaderamente es lo que sigue: el tubo va embutido en una cornisa de terreno de aspecto poco firme, excavada por el río en su base. Más allá, el paso parece ser la fábrica antigua de la acequia, exigua y pegada a una pared vertical… Decidimos de común acuerdo volver sobre nuestros pasos y ganar altura -pues sabemos de un carril más arriba- por terreno menos traicionero.

Hay álamos que no han perdido todavía las hojas, pese a lo avanzado de la estación.

Hay álamos que no han perdido todavía las hojas, pese a lo avanzado de la estación. El amasijo de cañas en el suelo rellena el hueco de lo que fue acequia.

La cerrada, vista desde arriba. Cuesta creerlo, pero por el centro de la foto discurre el río, con una buena cantidad de agua…

La cerrada, vista desde arriba. Cuesta creerlo, pero por el centro de la foto discurre el río, con una buena cantidad de agua…

Tras un rato de desandar la acequia, encontramos paso de parata en parata para ganar altura sobre el río.

Tras un rato de desandar la acequia, encontramos paso de parata en parata para ganar altura sobre el río.

Por fin llegamos a un carril cementado que a su vez nos deja en uno de tierra que progresa río arriba. Según el mapa, es el que viene de La Hojuela y Murchas. Superada la cerrada, aun nos espera otra sorpresa:

El naranjal del fin del mundo. ¿Alguien llega hasta aquí a coger naranjas?

El naranjal del fin del mundo. Ocupa todo el fondo aluvial de esta hondonada. ¿Alguien llega hasta aquí a coger naranjas?

Se ve que no. Volveremos, al contrario que habitualmente, con bastantes más kilos de los que trajimos.

Se ve que no. Volveremos, al contrario que habitualmente, con bastantes más kilos de los que trajimos. La mayoría están en buen estado, quizá no óptimas, tal vez demasiado caras de recoger… contradicciones de este sistema de compite o muere.

Cuando acaba el naranjal accedemos por fin al río…

…que hace aquí una amplia hoz entre paredones calizos, a los que se adosa la acequia. Suponemos que ese acueducto es el que le da la denominación de "Los Arcos"

…que hace aquí una amplia hoz entre paredones calizos, a los que se adosa la acequia. Suponemos que ese entrevisto acueducto es el que le da la denominación de “Los Arcos”.

Arribamos a un rústico, pero sólido puente que, sin embargo, no nos permite continuar río arriba, pues en la margen opuesta viene seguido por una pared vertical sobre el río.

Arribamos a un rústico, pero sólido puente que, sin embargo, no nos permite continuar río arriba, pues en la margen opuesta viene seguido por una pared vertical sobre el río.

A salvo del insidioso vientecillo fresco que nos ha acompañado, decidimos comer aquí en una recacha soleada.

Continú un momento por la margen derecha para ojear lo que nos dejamos: una estrecha vega practicable entre cerros. Por aquí se supone que puede llegarse a Cónchar, pero mi intento de ir un poco más allá tropieza con un muro infranqueable de cañas, que no deja más opción que echarse al río. En verano, tal vez...

Continúo un momento por la margen derecha para ojear lo que nos dejamos: una estrecha vega practicable entre cerros. Por aquí se supone que puede llegarse a Cónchar, pero mi intento de ir un poco más allá tropieza con un muro infranqueable de cañas, que no deja más opción que echarse al río. En verano, tal vez…

Foto oficial con río. Los perros se camuflan entre las hierbas altas.

Foto oficial con río. Los perros se camuflan entre las hierbas altas.

Tras la preceptiva siesta, la vuelta transcurre por el recorrido de la acequia (ahora lo tenemos más claro) hasta debajo del cerro del castillo, donde baja por la senda que tomamos al venir.

Por la senda, más altos que a la venida, disfrutamos del sol que juguetea con los almendros de enfrente, diseñando cenefas luminosas.

Por la senda, más altos que a la venida, disfrutamos del sol que juguetea con los almendros de enfrente, diseñando cenefas luminosas.

Llegamos por fin a la casilla donde comienzan los caminos de cemento. Más adelante, un naranjo cargado de frutos nos pide otra foto oficial:

Debía verse el castillo, pero una rama juguetona nos lo oculta. En todo caso, es muestra representativa de esta parte de la ruta.

Debía verse el castillo, pero una rama juguetona nos lo oculta. En todo caso, es muestra representativa de esta parte de la ruta.

Tras cruzar una vaguada, nos desviamos a la derecha para salir al río, a la altura de un puentecillo que lo cruza. Nosotros no cruzamos, sino que proseguimos río abajo…

Por un valle aquí amplio y despejado.

Por un valle aquí amplio y despejado.

En las terrazas vecinas, una orquesta de árboles interpreta una sinfonía fractal.

En las terrazas vecinas, una orquesta de árboles interpreta una sinfonía fractal.

Tras unos 400m, nuestro camino se aparta del río y aborda una cuesta breve, pero intensa, para trepar la terraza, de vuelta a los naranjales:

Sobre terrenos de aluvión el río ha reexcavado su camino.

Sobre terrenos de aluvión el río ha reexcavado su camino. Las cañas presentan armas.

…y a los almendros.

Almendros y olivos coronan el altozano.

Caracoleamos por los caminos hasta volver al punto por el que pasamos a la ida, donde unos postecillos de sendero se refieren al que hemos hecho. También el GR-7 (que no CR…) pasa por aquí, pero en perpendicular, entre Murchas y Restábal.

Avistamos ya la iglesia de Melegis, lo que indica que el camino llega a su fin.

Avistamos ya la iglesia de Melegis, lo que indica que el camino llega a su fin.

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Un pensamiento en “Invierno en el Valle de Lecrín

  1. Pino y Manolo

    Teníais razón. Preciosa excursión, bonito dia, abundancia de frutas abandonadas y ¡¡menudo alcornoque!! Migue, ¿has llamado ya por teléfono?

    Responder

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