Jerez del Marquesado-Arroyo del Alcázar

Ahora que los cielos se desploman sobre nuestras cabezas (¡por fin!), voy a aprovechar para sacar material del otoño pasado -para ir con la estación- y vamos a volver a Jérez del Marquesado a remontar de nuevo el Arroyo del Alcázar.

El Marquesado tiene unos fondos de valle primorosos, donde los álamos y sauces habituales se enriquecen con castaños, nogales, cerezos, y sobre todo las que deben ser las mejores poblaciones de alisos (Alnus glutinosa) de la provincia. El más frondoso de estos valles es el de Jérez, cuyo arroyo resulta de la unión de los barrancos del Alhorí y del Alcázar. Entre ellos, la loma de Enmedio, por la que asciende la Cañada Real que se suele tomar para ir al Postero Alto y al Picón. También hay una vereda bien conocida que remonta el Arroyo del Alcázar por la ladera de la izquierda (según se sube); pero… teniendo en el fondo un espectacular bosque galería, ¿quién quiere echarse a una ladera de pinos más bien sosa, o a un cortafuegos? Así que, sospechando bellezas más recónditas y cruzando los dedos para que fuera practicable, aquel 16 de Octubre partimos con la firme intención de no abandonar el río hasta La Tizná.

Dejamos los vehículos al final del pueblo, pasado un característico arco-acueducto, y junto al acondicionado paseo de los castaños.

Paseo de los castaños. En realidad acaba pocos metros más allá, donde una senda nos devuelve de nuevo a la carretera, pero ya nos da un primer vislumbre de la frondosidad del valle.

Devueltos a la carretera, bajamos unos 100 m -es la dirección a Lanteira-, hasta que cruza el Arroyo. Justo después de pasarlo, tomamos una trocha de aspecto poco prometedor…

Entrando en materia. ¿Llevará a algún sitio?

…para quedarnos sin habla unos segundos después:

Flipando en manga larga. Altísimos alisos y chopos crean un microcosmos de ensueño. La temperatura baja más de cinco grados respecto al exterior, lo que nos obliga a echar mano a las chaquetas.

Ya metidos en faena, proseguimos río arriba como en un sueño, con la sonrisa bobalicona en la cara…

Esas luces, esas transparencias verdes… Los árboles se estiran hacia arriba buscando la luz, como nosotros.

Un poco más adelante, son los castaños los que se adueñan del entorno:

El más robusto de todos requirió de siete de nosotros para rodearlo.

(Tengo entendido que hay problemas con los castaños. Tienden a sufrir una enfermedad -la tinta- que puede acabar con ellos. Encuentro llamadas de auxilio en un foro de Jerez, pero son del año 2007. Luego, silencio…). Desde luego, coincido con los foreros en que todo el barranco es un monumento natural. Aquí una muestra:

Sauces, chopos, alisos, castaños,,, qué riqueza.

Cuando llegamos al punto de unión de los barrancos de Alhorí y Alcázar,  el camino de los Molinos entra por nuestra derecha. Es la vía “civilizada” para llegar desde el pueblo hasta aquí, y será la que tomemos a la vuelta. Pero no ahora. De momento enfilamos el barranco del Alcázar -el de la izquierda-, y vamos remontándolo hasta encontrarnos con la acequia del mismo nombre…

En la acequia.

…que pasa junto a algún viejo molino donde empezamos a hacer cabriolas:

Las primeras “meteduras de pata”. No faltarán.

La acequia nos acerca a la balsilla del partidor, que separa sus aguas de las de la Acequia de Guadix. Aquí acaba la senda señalizada que viene del pueblo, pero es casi nuestro punto de partida.

Por momentos, el lugar se vuelve hosco y misterioso…

…aunque va dulcificándose poco después.

Hemos dejado atrás una de las tres pequeñas centrales eléctricas que tuvo el arroyo. Todavía conserva el poderoso tubo de cemento que conducía las aguas. Más arriba, el arroyo culebrea, obligándonos a cambiar alternativamente de orilla, o atenernos a las consecuencias…

Ocasionales rocas junto al cauce nos complican el ascenso. Es muy suave en cuanto a pendiente, pero muy entretenido si no queremos mojarnos el calzado.

Lo que pasa es que en cuanto puedes echar la vista adelante, compensa.

Pero…¿he dicho ya que hay que cruzar el río de vez en cuando?

Pino, justo antes de su chof!  Te echamos de menos.

No sé si he dicho ya que compensa… Hay pasajes mágicos, túneles de fronda…

Por momentos, nos alejamos unos metros del agua. Encontramos sendas antiguas, retazos de caminos que vamos enhebrando río arriba.

Aquí nos comimos una ciruelas que se pasaban en el árbol, junto a unas ruinas, sin que nadie les echara cuentas. También las moras se nos ofrecían, intactas, como los rojos escaramujos…

Un poco más arriba, un amable castaño nos deja descansar bajo sus ramas.

Más adelante, nuevas edificaciones. Entre huertas, terrazas e infraestructuras eléctricas, este fondo de valle tuvo que ser más concurrido y practicable hace años. Hoy más abandonado, se viste de una melancolía muy a tono con la estación.

Y para muestra un botón…

Esta pudo ser perfectamente la casita de los enanitos, que marcharon ya hace tiempo…

Cada recodo ofrece un nuevo matiz, un nuevo reto:

No sé si he dicho ya que hay que cruzar el río de vez en cuando…Pincel es más manejero. Lúa cuesta más. Afortunadamente Bruno suele buscarse la vida el sólo.

Creo que no he visto chopos más altos que estos.

Llevamos casi cinco kilómetros. No es mucho, pero la marcha es lenta y el hambre empieza a hacer aparición.

Tras la de Blancanieves, la casita del cazador. Pero tampoco está. Sólo unas vacas nos observan con sus ojos bovinos (lógicamente…)

El arroyo sigue proporcionando bellos claroscuros.

Por fin, desembocamos en una amplia zona despejada por la izquierda del río, donde empieza un camino que ya no abandonaremos hasta el área recreativa de la Tizná.

El valle es aquí bastante amplio. En la ladera empezamos a intuir el carril principal del Marquesado, viniendo a nuestro encuentro.

Por fin, tras más de cinco kilómetros de subida por el río, llegamos a la Tizná.

“La tizná” se refiere a la imagen de la Patrona del pueblo, Virgen de la Purificación, tiznada por un rayo en 1653, con ocasión del milagro que da origen a su veneración. Googlea un rato “Virgen de la Tizná”, que es curiosa tradición, pardiez.

Aquí nace el Arroyo del Alcázar de la unión del Barranco de los Ciruelillos y el del Sabinar. El paraje bien merece una visita, aunque no remontes el río. Se puede llegar por carril desde Jérez o desde Lanteira.

En esta ocasión comimos sentados a la mesa (aunque sin mantel). Hubo merecida siesta, y aprovechamos para hacer la foto oficial:

Foto oficial.

Código de barras de la Tizná.

A la hora de volver, puede hacerse cogiendo el carril principal, bien a la izquierda (según se sale de la Tizná), para llegar a la loma de enmedio y bajar por la cañada real, o bien a la derecha, que fue lo que hicimos…

El carril, dirección a Lanteira. Olmos (!) y acacias sombrean este pasaje. Lo de las acacias bordeando los caminos es algo que me gustaría que un forestal me explicara, pero durante años fue una práctica habitual.

Tras la primera cuesta, con la que el camino gana la primera loma, un vistazo atrás:

Desde arriba. Al fondo la Tizná. La luz rasante destaca las alamedas que cruzamos al subir.

En la segunda revuelta a derecha del camino, estamos atentos a la salida de la vereda que nos bajará al valle de nuevo. Y allá que vamos.

Cuesta abajo por fin. La vereda es franca y cómoda, apta para piloto automático en la vuelta a casa.

Desde esta media ladera, vamos repasando desde arriba lo que hicimos por la mañana. Es como si fuera otro sitio distinto. Al final llegamos a la confluencia con el Alhorí, y vemos Jérez al final.

El río de Jérez desde arriba.

A esa altura salimos del camino para volver al fondo del valle, y tomar el camino de los Molinos, que va por la ladera opuesta.

El bosque galería desde aquí arriba es otro. Aquí vemos la “corteza”, pero tenemos un atisbo de interior en el centro de la foto. Los dos ambientes de esta fascinante jornada.

No queda más que llegar al pueblo y recuperar los vehículos. Y hasta otra.

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2 pensamientos en “Jerez del Marquesado-Arroyo del Alcázar

  1. Pino y Manolo

    Yo también os echo de menos. ¡¡Pero ya queda menos para primavera!! y entonces los chofffsss serán refrescantes y agradables. E iremos en su busca.

    Responder
  2. Pingback: Del Posterillo al Postero | elcaminosigueysigue

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