Quejigo del Amo y otras hierbas

Caratula-Quejigo-Amo

15 Noviembre 2015

El Quejigo del Amo ilustra lo que es saber vender un producto (paisajístico-natural en este caso). Vale que el árbol es un venerable ejemplar de tronco monumental -aunque ¡ay! algo retaco de copa-. El caso es que figura en todos los mapas y está profusamente señalizado. Me pregunto qué conjunto de circunstancias han venido a destacar éste frente a otros quejigos de similar edad o mejor porte (algunos en el llano de Covaterrizas, cerca de aquí, y sobre todo el majestuoso quejigo de Júrtiga). Lo cierto es que he titulado la entrada así a beneficio de buscadores, pero bien podría haberse llamado “Moralejo-Navalayegua-Los Barrancos”, y hubiera sido más conforme con este precioso recorrido…

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La dificultad de esta empresa, para unos granadinos, es llegar al punto de inicio, que es más directo desde Jaén, por el Quiebrajano y el Puerto de Pitillos, pero más truculento desde el Sur. Lo que hicimos fue entrar por Campillo de Arenas y la cortijada de Casablanca, para superar el Portillo y descender el Barranco de Barbahíjar hasta Prados Bajos y luego remontar hasta Pitillos y más allá. Largo, pero con carriles sorprendentemente buenos (lo que fue un alivio para el instigador de la aventura).

El Cortijo de Barbahíjar duerme al fondo del Barranco de su nombre, a la vera del carril que lo recorre.

El Cortijo de Barbahíjar duerme al fondo del Barranco de su nombre, a la vera del carril que lo recorre.

Ya junto al Río Quiebrajano o Valdearazo, la Peña del Palo domina el Cañón de Pitillos. Nosotros cruzaremos el arroyo y ascenderemos en coche por la ladera del Cerro Pitillos hasta el collado.

Ya junto al Río Quiebrajano o Valdearazo, la Peña del Palo domina el Cañón de Pitillos. Nosotros cruzaremos el arroyo y ascenderemos en coche por la ladera del Cerro Pitillos hasta el collado.

Tras el Puerto seguimos el ascenso, colocados ya casi a la altura de la Peña.

Tras el Puerto seguimos el ascenso, colocados ya casi a la altura de la Peña.

Cuando el camino empieza a llanear -somos así de comodones- dejamos el vehículo, cerca de la bifurcación entre el camino de Navalayegua-Valdepeñas y el que baja al Cortijo de los Barrancos.

Tal que por aquí. Un estupendo sitio para empezar a caminar.

Tal que por aquí. Un estupendo sitio para empezar a caminar.

No faltan las indicaciones al Quejigo del Amo, que obedecemos, siguiendo el carril de la derecha.

Enseguida se despliega ante nosotros nuestro área de operaciones. Al fondo el Cortijo de los Barrancos con su espectacular prado a donde acabaremos por llegar.

Enseguida se despliega ante nosotros nuestro área de operaciones. Al fondo el Cortijo de los Barrancos con su espectacular prado a donde acabaremos por llegar.

El camino asciende suavemente, y disfrutamos de las vistas y del encinar, salpicado de quejigos y cornicabras que le ponen una nota de color:

Como en este polícromo cerrete…

Como en este polícromo cerrete, por debajo del camino…

De que hay buenos quejigos da fe esta foto, desde un collado a la derecha del camino al que nos llegamos con ánimo de no perdernos nada. Los caballos nos miran, recelosos de los bípedos que los importunan.

De que hay buenos quejigos da fe esta foto, desde un collado a la derecha del camino al que nos llegamos con ánimo de no perdernos nada. Los caballos nos miran, recelosos de los bípedos que los importunan.

Rocas y ramas creando arabescos…

Rocas y ramas creando arabescos…

Dejaremos a la izquierda el ramal que baja al Cortijo de Moralejo. En su arranque, añosos enebros se tutean con las encinas:

Se tutean, no se tuitean. Los habíamos tomado por sabinas, pero sus hojitas pinchosas nos hacen recapacitar.

Se tutean, no se tuitean. Los habíamos tomado por sabinas, pero sus hojitas pinchosas nos hacen recapacitar.

Valle del Polvero arriba el encinar se adensa sobre las laderas.

Valle del Polvero arriba el encinar se adensa sobre las laderas.

Y por fin llegamos al primer hito de la jornada:

A la izquierda del camino y con su cartel indicador, no es fácil pasarlo por alto. Es de grueso tronco, aunque las ramas principales fueron cortadas y recortadas -dicen que para carbonear- y en consecuencia la copa es algo esmirriada.

El Quejigo del Amo o del Carbón. A la izquierda del camino y con su cartel indicador, no es fácil pasarlo por alto. Es de grueso tronco, aunque las ramas principales fueron cortadas y recortadas -dicen que para carbonear- y en consecuencia la copa es algo esmirriada.

Vamos a echar la foto oficial, que luego se nos pasa el arroz. Y el árbol lo merece, qué caramba.

Vamos a echar la foto oficial, que luego se nos pasa el arroz. Y el árbol lo merece, qué caramba.

Cumplimentado el rito proseguimos por el camino, que inicia una subida hacia el collado que precede a Navalayegua.

El camino evita esta vaguada, que sería más directa, pero más pendiente. La bajaremos después, que sus rubios quejigos sobre la hierba nos invitan, zalameros.

El camino evita esta vaguada, que sería más directa, pero más pendiente. La bajaremos después, que sus rubios quejigos sobre la verde hierba nos invitan, zalameros.

Desde el camino, en la base de la vaguada. Una delicia otoñal.

Desde el camino, en la base de la vaguada. Una delicia otoñal.

Tras una revuelta, llegamos al collado:

Gano altura fuera del camino para hacer la panorámica: un hermoso quejigo marca el collado. Ala derecha queda Navalayegua, enfrente el Cerro de Los Morales (1.722m), uno de los más altos de la Sierra.

Gano altura fuera del camino para hacer la panorámica: un hermoso quejigo marca el collado. A la derecha queda Navalayegua, enfrente el Cerro de Los Morales (1.722m), uno de los más altos de la Sierra. Resulta curiosa la trinchera natural que, entre dos estratos duros, asciende casi hasta la cima. Con suelo desarrollado y relativamente despejada, parece la ruta más idónea si quisiéramos coronarla.

Entre encinas vislumbramos Navalayegua, con su derruido cortijo en primer término. El lugar, como su nombre indica, es una nava, es decir: un llano donde se acumula la humedad del subsuelo favoreciendo el crecimiento del pasto. La mayoría se ubican en lo que geológicamente son dolinas o poljés.

Entre encinas vislumbramos Navalayegua, con su derruido cortijo en primer término. El lugar, como su nombre indica, es una nava, es decir: un llano donde se acumula la humedad del subsuelo favoreciendo el crecimiento del pasto. La mayoría se ubican en lo que geológicamente son dolinas o poljés.

Tras un pequeño refrigerio desandamos el camino -trochando por la vaguada con quejigos que trepa hasta el collado- y dejamos atrás el quejigo del Amo hasta llegar al punto en el que arrancaba el carril del Cortijo de Moralejo. No lo tomaremos, sino que, desplazándonos a la derecha, nos dejaremos caer por prados abiertos ladera abajo:

El cortijo queda a nuestra izquierda mientras descendemos por lo abierto, sin sendas claras.

El cortijo queda a nuestra izquierda mientras descendemos por lo abierto, sin sendas claras.

Al pie de un pequeño resalte nos sorprende una espléndida obra de ingeniería rural:

Al pie de una fuente que mana del resalte, una larga línea de abrevaderos escalonados, pulcramente construidos en argamasa con travertino.

Al pie de una fuente que mana del resalte, una larga línea de abrevaderos escalonados, pulcramente construidos en argamasa con travertino.

Más abajo el terreno se abre en una amplia zona de prados, donde reencontramos el camino que lleva al cortijo de Los Barrancos, que habíamos descartado al comienzo.

Más abajo el terreno se abre en una amplia zona de prados, donde reencontramos el camino que lleva al cortijo de Los Barrancos (al fondo a la derecha en la foto), que habíamos descartado al comienzo.

Llegamos al camino, que tuerce a la derecha internándose en el valle:

Es el Arroyo del Polvero, que nace en el collado del mismo nombre, en la falda sur del Cerro de Los Morales.

Es el Arroyo del Polvero, que nace en el collado del mismo nombre, en la falda sur del Cerro de Los Morales.

En unos minutos el carril cruza el fondo del barranco y continúa en ligero ascenso por la ladera opuesta.

En unos minutos el carril cruza el fondo del barranco y continúa en ligero ascenso por la ladera opuesta.

Para salir, llaneando…

… al Cortijo de los Barrancos, situado en una meseta despejada rodeada de cerros, lo que lo hace especialmente apropiado para la observación del cielo nocturno al estar libre de cualquier contaminación lumínica.

… al Cortijo de los Barrancos, situado en una meseta despejada rodeada de cerros, lo que lo hace especialmente apropiado para la observación del cielo nocturno al estar libre de cualquier contaminación lumínica.

La explanada del cortijo es en verdad un amplísimo lecho que invita a tumbarse a mirar al cielo.

La explanada del cortijo es en verdad un amplísimo lecho que invita a tumbarse a mirar al cielo.

¿O no?

¿O no?

Uno de los cerros qu rodean el paraje es el del Tercero, cuya estribación norte se nos prresenta rotunda y densísimament poblada por el encinar.

Uno de los cerros que rodean el paraje es el del Tercero, cuya estribación norte se nos presenta rotunda y densísimamente poblada por el encinar.

Desde el otro extremo del prado observamos el cortijo, dominado a la derecha por el cerro de la Calabaza (1.513m) y al fondo por la cresta de Ventisqueros (~1.700m).

Desde el otro extremo del prado observamos el cortijo, dominado a la derecha por el cerro de la Calabaza (1.513m) y al fondo por la cresta de Ventisqueros (~1.700m).

Comemos aquí, privilegiados nosotros, y luego emprendemos el regreso; los más por el camino de venida, yo por un ramal que desciende al barranco:

… que caracolea primero por un llano al pie de la loma del cortijo, antes de bajar al fondo del Barranco del Polvero.

… que caracolea primero por un llano al pie de la loma del cortijo, antes de bajar al fondo del Barranco del Polvero.

Cruzando sin dificultad, el camino, apropiado ya por la hierba, remonta por la ladera opuesta para volver al camino principal.

Cruzando sin dificultad, el camino, apropiado ya por la hierba, remonta por la ladera opuesta para volver al camino principal. Algunos arces de Montpellier son los encargados aquí de poner la nota de color.

Ya desde el camino principal, pasamos al pie de la faja rocosa que adorna el cerro de la Calabaza, punteada de broncíneos cornicabras.

Ya en el camino principal pasamos al pie de la faja rocosa que adorna el cerro de la Calabaza, punteada de broncíneos cornicabras.

Volvemos a cruzar la zona de amplios prados a este lado del barranco, siguiendo ahora el camino que nos llevará a la intersección con el del comienzo, muy cerca ya de los vehículos.

En este último tramo los cornicabras se despiden con una traca final. Al fondo a la izquierda alcanzamos a distinguir los molinos del Cerro del Paredón.

En este último tramo los cornicabras se despiden con una traca final. Al fondo a la izquierda alcanzamos a distinguir los molinos del Cerro del Paredón.

Ya motorizados rehacemos a la inversa el camino de vuelta. Yendo de cara al valle, gozamos de vistas que antes nos pasaron desapercibidas:

Por ejemplo, la ciudad de Jaén al fondo, entre la neblina de contaminación que el dichoso anticiclón mantiene suspendida sobre nuestras capitales.

Por ejemplo, la ciudad de Jaén al fondo, entre la neblina de contaminación que el dichoso anticiclón mantiene suspendida sobre nuestras capitales.

Ya en el fondo del valle, son los chopos los que aportan el fin de fiesta cromático, incendiados por el sol de la tarde.

Ya en el fondo del valle, son los chopos los que aportan el fin de fiesta cromático, incendiados por el sol de la tarde.

Y no hay más, pero es bastante. Nos vemos.

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Un pensamiento en “Quejigo del Amo y otras hierbas

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