Blancares-Linarejos-Cerro de la Venta

22 Septiembre 2019

Para inaugurar el otoño que recién comienza, me se mete en la cabeza volver al barranco y cortijo de Linarejos, que ya describí en esta ruta, para ver si las lluvias pasadas han aportado algo bueno en términos de verdes y amarillos. Pero, deseando andar mucho y subir poco, pensamos en hacerlo a pie desde el Puerto de los Blancares, paso clave entre Tocón y la Peza, y de paso pergeñar una circular a todo el macizo de Inquisidores-Peña Bermeja-Montefría, que desde el Llano del Castillejo nos lleve al Cortijo del Fraile sin subir ni bajar, lo que encuentro interesante y me ronda desde hace tiempo. Si encima le ponemos la guinda del Cerro de la Venta, que tengo en pendientes, pues mucho mejor.

Así pues, ascendemos en el coche hasta el puerto de los Blancares, e incluso hacemos con el vehículo los primeros 500m de carril, de cierta pendiente y que discurren por terreno pelado por el incendio del 93. Aparcamos a la sombra del primer pino y comenzamos a andar.

Aquí, el track en wikiloc, como es costumbre.

Puede verse cómo la zona sufrió los rigores del fuego, que dejó solitarios gigantes rodeados de un monte bajo que, afortunadamente, se recupera con entusiasmo. Al otro lado del carril, en cambio, predominan las encinas, que se salvaron de la quema.

A poco de comenzar a andar, miramos hacia atrás, comprobando que también los pinos se recuperan.

Conforme avanzamos en dirección Este comenzamos a tener vistas del altiplano de Guadix y los Montes Orientales, con el Mencal emergiendo por delante de las cumbres de las sierras de Castril y Cazorla, que asoman por detrás entre las nubes.

El carril es muy cómodo de andar, en ligera subida y bastante sombreado a esta hora de la mañana. Solo nos incomoda el paso de algún coche que, como hemos hecho nosotros mismos en ocasiones, aprovecha para acercarse más a sus áreas de interés.

El primer punto significativo es el delicioso collado que nos separa del cerro del Quejigo, donde el camino gira bruscamente a la derecha mientras deja alejarse por la izquierda el que desciende al arroyo de la Cabaña. El prado del collado luce inusualmente reverdecido -para ser septiembre- por las lluvias de la semana pasada, alfombrado de cólquicos cuyo toque malva compite con el verde de la hierba.

Chopo, que disfruta de un prado tanto o más que nosotros, aprovecha para perseguir saltamontes por el puro goce de su instinto cazador.

Tras el mencionado giro, el camino se interna en la concavidad que supone la cabecera del arroyo, paraíso verde para rebaños de diverso tipo.

Dejaremos irse por la derecha el carril que lleva al Cortijo del Fraile y la solana de los cerros, por donde puede completarse una circular más corta que la que hoy pretendemos. De hecho, a la vuelta recorreremos ese carril pero sin llegar hasta aquí.

Enseguida llegamos a uno de los puntos dulces de la jornada:

La Fuente Alta de la Peza, rodeada de prados donde se solazan, hoy las ovejas, en otras oasiones nutridos rebaños de vacas. Hay que abandonar el camino, por una sendita a la izquierda, y descender hacia los abrevaderos, que reciben el agua de un pequeño pilar parcialmente rodeado por una alambrada en no muy buenas condiciones. Pero el agua está rica y fresca.

Bucólica estampa en la vecindad de la fuente, las ovejas a lo suyo yendo y viniendo.

El camino completa el recorrido por la cabecera del Arroyo de la Cabaña, siempre en ligera subida, hasta el collado del Alabancín, desde donde arranca hacia la izquierda una posible bajada a La Peza, que descartaremos.

Vista atrás desde el collado, con toda Sierra Arana que ha ido definiéndose a nuestra espalda.

Unos 800m después de esa bifurcación, un espléndido mirador invita a detener la mirada en el paisaje circundante, que abarca desde las cumbres orientales de Sierra Nevada hasta Sierra Arana, pasando por la Peza y el Altiplano accitano.

Enfrente, la falda del Cerro de la Volota da paso a los pueblos del río Alhama: Polícar más abajo, y Lugros, puerta del Camarate.

Campos rojizos entre rodales de monte y pinar dan paso a los badlands en torno a Purullena y Guadix.

Y presidiendo el conjunto, el Alto de la Volota (1.824m) por delante del Picón de Jeres, jugando a esconderse tras las nubes.

Tras el mirador, nos queda algo menos de 1,5 km hasta lo que es la encrucijada clave del día de hoy: un llano que en los mapas aparece como Llano del Castillejo y al que algún lugareño hemos oido referir como Los Llanillos. Es clave porque es el punto en el que se puede pasar a la solana y rodear los cerros que venimos recorriendo; se puede bajar a Linarejos y disfrutar de su precioso barranco e incluso descender hacia Tocón; se puede bajar a la Peza por el Nabogar y Marchalejo; y se puede, en fin, proseguir al frente por los carriles que rodean la Volota y conducen a La Remonta y Bierma. Como encrucijada, es un compendio de posibilidades.

Nosotros, hoy que hemos hecho todo andando y tenemos que volver, nos contentaremos con lo mínimo: tomando a la derecha en la primera bifurcación, recorremos el llano pegados a la falda de Peña Bermeja. El cruce de caminos en el llano forma un triángulo con isleta central, de forma que 250m después encontramos un ramal por la izquierda que nos devolvería al carril que hemos abandonado antes, pero que por la derecha continúa, en ligero descenso, hacia el Cortijo de Linarejos. Es el que tomamos, con idea de abandonarlo en la primera curva por una vereda que no conocemos, pero que debe suponer el descubrimiento de la jornada, permitiéndonos completar nuestra circular.

Poco antes de la mencionada curva -de hecho, a unos 40 m del arranque de este carril- observamos con alborozo lo que parece el comienzo de una senda:

Aquí la vemos, saliendo hacia la derecha e internándose en el denso encinar, convenientemente punteada de cagarrutas de oveja, lo que indica que el ganado la usa con cierta asiduidad.

Pero… ¡espera! ¿hemos venido aquí, buscando las señales del otoño, para no ver Linarejos? No way, así que posponemos la senda para proseguir por el carril, cosa de 500m, para asomarnos al valle:

Vale la pena. Desde el portillo por el que se accede al valle, la alameda apenas exhibe algún rastro de amarillos, pero los cerezos y frutales del cortijo ya se han vestido de otoño. En la esquina superior izquierda, la masa oscura de los castaños que allí crecen mantiene su verdor veraniego.

Tirando de zoom, el verde y la solitaria vaca nos trasportan a un paisaje que podría ser perfectamente asturiano…

Matado el gusanillo, desandamos el carril -ahora ligeramente cuesta arriba- hasta el comienzo de la senda. Ahora sí, la tomamos con determinación, aunque con la precaución suficiente como para no extraviarnos bajo las encinas…

No es una autovía, pero sí tiene señalización vertical, pues un colorido colgajo de bolsa en un árbol nos indica el camino correcto. Antes de esto, habremos decidido proseguir llaneando de frente en lugar de subir a la derecha, en un lugar donde percibimos trochas en esa dirección, y que nos subirían en derechura al cerro de Peña Bermeja, lo que ahora no nos interesa.

Pasado ese único momento de posible confusión, comprobamos que hemos tomado buen camino…

… pues, saliendo del bosque, la senda se afirma como camino fiable.

Ha sido la única subida mencionable, necesaria para superar una faja de roca que el monte oculta por debajo, a nuestra izquierda. Luego la senda se allana, cruzando un cortafuegos:

Lo que nos permite dsifrutar de una vista despejada del Arroyo de Tocón…

…con las alamedas de la Cortijada de los Agustinos y el collado que el carril que viene de Tocón supera para llegar a Padules, a la izquierda de los cerros de la Cañadilla y Perdiñel, besados por el fuego y en proceso de reforestación natural (¡ay! tan lenta…).. A nuestros pies, la confluencia con el barranco de Linarejos, con el Cortijo del Hervidero (no el del Huenes, evidentemente).

Acaba el cortafuegos y la senda más o menos continúa en la misma dirección que traía. Digo más o menos porque, siendo senda de cabras, se hace difusa en este terreno despejado de árboles pero complicado por los arbustos. Nada serio, a condición de mantener la cota o bajar solo muy ligeramente, y elegir siempre el coladero más claro entre los posibles. Son 500m de cierta incertidumbre y algo de culebreo, pero en cuanto lleguemos a los pinos que luego aparecen en la ladera, estaremos salvados. Bajo ellos el monte bajo ralea, y no tiene mayor dificultad encontrar el bancal por donde discurre lo que es el final -o comienzo en este caso- de un carril que lleva a los cortijos de la solana. El track sirve perfectamente al efecto, lo mismo que si hubiéramos entrado en el pinar 10m más abajo.

El carril está ya perfectamente definido al cruzar un pequeño barranquito lateral, y hace luego una curva a la izquierda para rodear la loma que sigue. En ese punto podemos desviarnos a la derecha y acceder a…

… una sombreada zona de buenos pinos, antes de la culminación de un altozano que se destaca de la ladera. Buen punto para comer, una vez superadas las incertidumbres, así que eso hacemos. No es tontería asomarse al cerrillo, desde el que hay buenas vistas y desde donde puede ascenderse hasta Peña Bermeja, con más suavidad que desde los Llanillos del Castillejo o desde el cortafuegos.

Como en esta ocasión el ascenso quiere ser al Cerro de la Venta, nos abstenemos de Peña Bermeja y proseguimos por el carril, por un rato con el piloto automático en On.

Y la cámara también en funcionamiento: en el centro, iluminados, los cerros frente a Tocón, con apenas alguna casa visible del Barrio de la Umbría. Por detrás, los montes de la Sierra de Huétor culminando a la derecha en el Cerro de Buenavista.

Entre este camino y el Arroyo de Tocón, en las inmediaciones del Cortijo del Hervidero, discurre una senda o carril en desuso por donde más de uno completa una circular del Cerro de la Venta que pasa por Tocón y por el Cortijo del Fraile. Nosotros, con el vehículo en Los Blancares, no necesitamos bajar al fondo del valle y seguimos por el carril, que nos lleva sin mayores complicaciones al primero de los cortijos de esta solana: el Cortijo de la Tosquilla:

Abandonado en la actualidad, los numerosos juncos que adornan el barranco que lo antecede indican la proximidad del agua, sugiriendo la presencia de una fuente, que tuvo que ser necesaria para la vida aquí. No encuentro ninguna referencia en “Conoce tus fuentes”, pero habrá que buscarla en alguna ocasión propicia.

Lo que sí destaca es la presencia de dos árboles singulares: un hermoso nogal a la vera del cortijo, y un no menos imponente peral (desde el que está sacada la foto) algo más arriba. Por su tronco poderoso y alto porte yo lo calificaría de excepcional para un frutal de ese tipo (no le hice foto, tonto de mí). Las peras estaban verdes.

Retomando el carril, en unos minutos llegamos a este portillo (fotografiado tras pasarlo, mirando hacia atrás) que nos introduce en la finca del Cortijo del Fraile.

Estamos entonces en la cabecera del Barranco del Fraile, que desciende hacia el Arroyo de Tocón envuelto en un bien conservado encinar. Pero el acceso al carril de Tocón, en su parte baja, está cerrado con cancela y candado por ser una finca privada.

Enseguida tenemos vistas del Cortijo del Fraile, este en uso. Ignoro si forma parte de la misma finca que la parte baja del valle.

Un nuevo portillo, algunos metros más allá, nos saca de la finca.

Justo después, el camino cruza el barranco del Fraile propiamente dicho, y prosigue por la solana antes de una cerrada curva a derechas tras la que se encamina al collado por el que volveríamos a la umbría. Pero vamos a abandonarlo en esa curva, con idea de ascender al Cerro de la Venta ¿tendremos vereda o habrá que tirarse al monte?

¡Bingo! Justo en la curva vemos una débil traza de sendero que abandona el carril en la dirección esperada.

Lo seguimos esperanzados. Es más bien tenue, y no se apresura a ganar la cuerda, sino que caracolea hacia la izquierda, ganando altura suavemente.

Con algo de incertidumbre, y eligiendo siempre subir hacia la derecha en los momentos de duda, acaba sacándonos del bosque…

… para acceder a la antesala de la cima, desde donde gozamos de estupendas vistas, aquí hacia atrás, con el Cerro de los Inquisidores y la Volota como telón de fondo.

Un imponente cadáver de pino nos ve pasar…

… y en un periquete estamos en la aplanada cima del cerro, desde donde disfrutar de 360º de estimulante panorámica, que no distrae de su ramoneo a un grupito de ovejas.

La idea ahora es descender de la cima por su arista oeste, por donde se intuyen trochas en la ortofoto, para acabar saliendo a los prados junto a los que discurre el carril de los Blancares, que hicimos esta mañana. De forma que recorreremos la cima en toda su longitud, procurando mantenernos más bien asomados a la ladera de la derecha, la umbría.

Este balcón de piedra asomado a la misma es el hito que nos sitúa en el camino correcto.

Justo después, el terreno comienza a bajar, con una trocha más o menos marcada por la misma divisoria.

Con algún que otro caracoleo, buscando lo más fácil, debemos llegar a este punto:

Cerca de la divisoria, pero unos metros hacia la umbría, un hito hecho por la mano del hombre nos confirma que vamos bien.

Desde el mismo, y más decididamente a la derecha, la trocha vuelve a afirmarse. Si se mira un mapa de curvas de nivel, puede verse que la divisoria, en su parte más baja, yerra los prados derivando a la izquierda de los mismos, por lo que este curso que seguimos parece pertinente. De hecho, al fondo vemos los prados a los que queremos llegar.

Al cabo de un descenso de cierta pendiente tenemos otro momento de duda, pues llegamos a un escalón o balcón rocoso que no sabemos si evitar por la derecha o por la izquierda. Optamos por la izquierda, llaneando unos metros por encima del escalón, buscando referencias…

… y las encontramos en forma de otro “hito” artificial: el que constituye la antena repetidora que, sorpresivamente, aparece a media ladera. Supongo que es el famoso artilugio que permitió, hace unos años, que la señal de televisión llegar a uno de los pocos puntos de España que carecían de ella. Y pensamos que, para construirla o mantenerla, algún tipo de senda o camino debe llegar a la misma desde abajo, así que allí vamos.

Efectivamente, hasta la base de la antena parece llegar una veredilla que seguimos unos metros, primero a derechas y luego en brusco giro a izquierdas, para luego caracolear no lejos de la divisoria. En un momento dado, y ya cerca de los prados, nos entra la duda de si llevará al pueblo en vez de a nuestro carril, así que en los últimos metros optamos por derivar conscientemente hacia la derecha, por un terreno que, bajo las encinas, no es demasiado espeso, y acabamos saliendo a los prados más o menos a la altura prevista. Creo que, en conjunto, hemos completado un descenso bastante curiosico, del que el track es un reflejo suficientemente fiel. Espero que a alguien le pueda servir. A nosotros nos permitió acabar la aventura con un reconfortante cafecito en El Pastor de Tocón, y a tiempo todavía de poner una lavadora. A seguir.

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