Alamillos-Tercero-Valdearazo

24 Noviembre 2013

Hace no mucho descubrimos la Sierra Sur de Jaén y comprendimos que allí había mucha tela que cortar. Buscando accesos más cercanos a Granada me fijé en Noalejo, y en una carreterita que lleva desde allí al Puerto de Alamillos. Lo que en principio era un nombre vacío resultó ser un punto señero en las rutas de los que conocen esas sierras, y punto de partida de una magnífica excursión, por el reino del quejigo y la encina…

A fe que no entiendo cómo estas comarcas no figuran en lugar destacado en el mapa turístico de ese Jaén-paraíso interior que se obnubila con Cazorla y Sierra Morena. Lo que es vender -o no vender- el producto. Aquí hay formidables cañones con ríos caudalosos, grandes extensiones de densa cubierta arbórea, dehesas de encinas y quejigos, cimas herbosas junto a relieves abruptos… un goce. Tal vez el hecho de que aquí subsisten numerosos cortijos aun en uso tenga algo que ver. Que no sean suelos públicos… no sé. Pero mientras se conserve así, y así sea accesible por honrados caminantes, bienvenido sea.

Comenzamos a andar, como dije, en el Puerto de Alamillos, al que se llega por asfalto desde Noalejo (tomando la carretera que pasa junto al cementerio, y a 7 km del pueblo).

Desde un poco más abajo del puerto echamos la vista atrás, al valle por el que hemos llegado, con el macizo de La Marceral al fondo. Ya estamos rodeados de un buen encinar, adornado por majuelos amarillos.

Desde un poco más abajo del puerto echamos la vista atrás, al valle por el que hemos llegado, con el macizo de La Marceral al fondo. Del otro lado están los olivares de Noalejo y el pueblo. Aquí ya estamos rodeados de un buen encinar, adornado por majuelos amarillos.

El asfalto no llega al mismo puerto, que queda unos metros más arriba, a la derecha, por el carril que luego baja el Valdearazo. Será por donde volvamos, y de momento lo que tenemos que hacer es culminar la sierra que tenemos enfrente. Creo que hay una senda desde el mismo puerto, pero nosotros escogemos una aproximación más indirecta: echamos a andar por el asfalto, en el mismo sentido que traíamos en el coche. A unos 600 m de subida suave, llegamos a la cancela metálica de un cortijo o nave a la derecha. La encontramos cerrada pero sin candado, y la traspasamos, para descubrir que hay una segunda valla, que circunda la propiedad, pero tiene paso por la derecha, por donde se insinua una trocha ganadera.

La trocha asciende unos metros por una vaguada:

Ascendemos la vaguada, teniendo la valla del cortijo a nuestra izquierda.

Ascendemos la vaguada, teniendo la valla del cortijo a nuestra izquierda.

Enseguida llegamos a una zona despejada, donde vemos claramente cómo la trocha cruza la vaguada, hacia la derecha, y asciende por la ladera que le sigue:

Esta es la trocha, que debió ser camino en tiempos…

Esta es la trocha, que debió ser camino en tiempos…

Nos internamos en el encinar, que por momentos se espesa formando un túnel verde alrededor nuestro:

Tiene la pendiente justa para ir entretenido, pero se hace sin dolor.

Tiene la pendiente justa para ir entretenido, pero se hace sin dolor (sobre todo en este día frío de Noviembre).

Conforme ascendemos, el horizonte asciende con nosotros, revelando lo que hay más allá del entorno inmediato; en este caso, y a nuestras espaldas, Sierra Nevada con la poca nieve que de momento viste.

Conforme ascendemos, el horizonte asciende con nosotros, revelando lo que hay más allá del entorno inmediato; en este caso, y a nuestras espaldas, Sierra Nevada con la poca nieve que de momento viste.

Al cabo de un rato, la vegetación comienza a aclararse. Pequeños arces de Montpellier empiezan a aparecer. Entonces nos tropezamos con un cercado -no sé si cinegético o ganadero- que nos apañamos para superar y seguir en la misma dirección.

En lo abierto, junto a un arce de Montpellier. Al fondo empezamos a ver una espesura rubiasca donde los quejigos igualan a las encinas.

En lo abierto, junto a un arce de Montpellier. Al fondo empezamos a ver una espesura rubiasca donde los quejigos igualan a las encinas.

No nos separaremos mucho de la valla, pues en todo caso hay que ascender por lo abierto, rodeando la cima de la loma. (Luego descubriremos que el cercado vuelve a nuestro encuentro más arriba, y con un adecuado portillo para cruzarlo. De modo que la indicación correcta al llegar al cercado la primera vez era seguirlo hacia arriba (a la izquierda) hasta llegar al portillo).

También hacia el Norte ganamos perspectiva: Cerro quemado en primer término, la Peña del Palo (diminuta, casi en el centro) y al fondo Grajales y los cerros que dominan los Llanos de Palomares.

También hacia el Norte ganamos perspectiva: Cerro quemado en primer término, la Peña del Palo (diminuta, casi en el centro) y al fondo Grajales y los cerros que dominan los Llanos de Palomares.

Unos pocos pasos más, y nos encontramos metidos de lleno en el quejigar:

Es una magnífica sorpresa. Yo contaba con ver alguno, pero ni mucho menos estar rodeado de ellos. Pocos hay en la Sierra de Huétor, por ejemplo, que rivalicen con éste.

Es una magnífica sorpresa. Yo contaba con ver alguno, pero ni mucho menos estar rodeado de ellos. Pocos hay en la Sierra de Huétor, por ejemplo, que rivalicen con éste.

Entre quejigo y quejigo, y al lado del portillo por el que hubiéramos debido entrar, la aguda vista de los más jóvenes descubre una interesante curiosidad:

Una impronta de Nummulites sobre una roca caliza. La prueba del nueve para convencernos de que estas rocas fueron hace millones de años el fondo de un mar.

Una impronta de Nummulites sobre una roca caliza. La prueba del nueve para convencernos de que estas rocas fueron hace millones de años el fondo de un mar.

El camino sigue (y sigue) dulcemente entre la arboleda, nosotros ya encantados y dispuestos a seguir maravillándonos con lo que venga.

El camino sigue (y sigue) dulcemente entre la arboleda, nosotros ya encantados y dispuestos a seguir maravillándonos con lo que venga.

Un poco más arriba, y puesto que poner puertas al campo es difícil, ¿qué tal un somier de cama? Creatividad campesina y reciclaje.

Un poco más arriba, y puesto que poner puertas al campo es difícil, ¿qué tal un somier de cama? Creatividad campesina y reciclaje (aquí ya hemos pasado y miramos hacia atrás).

Un poco más arriba, el campo -ya sin puertas- se abre de nuevo anticipando el collado cercano (la foto de nuevo mira hacia atrás).

Un poco más arriba, el campo -ya sin puertas- se abre de nuevo anticipando el collado cercano (la foto de nuevo mira hacia atrás).

Por fin el camino se difumina en un amplio collado herboso. El infatigable Pepe Camel nos lo presenta como Collado del Roblecillo. Se extiende -en realidad son dos collados separados por un abultamiento de la divisoria- entre el Navazo y el Cerro de Peña Rubia, y su altura es de 1.492 m.

Hacia atrás, lo que acabamos de recorrer. Pero hacia adelante…

Hacia atrás, lo que acabamos de recorrer. La vaguada que vemos no es otra cosa que el mismísimo Barranco de Valdearazo en su mínima expresión. Pero hacia adelante…

Hacia adelante, cerro tras cerro de encinares y quejigares, adehesados en las lomas, espesos en los barrancos, de aquí hasta Valdepeñas o Frailes. Un poco mustio el verde en este otoño rácano, en una buena primavera todo estalla de verdes. Y esto es sólo un pequeño sector de estas sierras…

Hacia adelante, cerro tras cerro de encinares y quejigares, adehesados en las lomas, espesos en los barrancos, de aquí hasta Valdepeñas o Frailes. El Cortijo de la Fresnedilla se divisa apenas, casi en el centro. Un poco mustio el terreno en este otoño rácano, en una buena primavera todo estalla de verdes. Y esto es sólo un pequeño sector de estas sierras…

Dedicamos un rato a la contemplación y el avituallamiento, e intentamos una foto oficial que no sale porque el automático quiere más batería de la disponible (la cámara sobrevivió a la tunda del abedular de Dúrcal, pero anda rara, como si la edad le hubiese hecho mella de repente).

Luego proseguimos, descendiendo el collado por la vía directa. Lo más parecido a un camino progresa por la divisoria -a la derecha-, para bajar luego al Cortijo de Peña Rubia y volver después a media ladera (puede verse reaparecer en los claros a la izquierda de la panorámica anterior). Como lo vemos sin dificultad, nos ahorramos la revuelta buscándolo loma abajo y a la izquierda por trochas de cabras en la empinada ladera.

A poco de dejar la cima, aparece a la derecha el mencionado Cortijo de Peña Rubia.

A poco de dejar la cima, aparece a la derecha el mencionado Cortijo de Peña Rubia.

Quejigos aislados y majuelos nos acompañan en este terreno, donde pastan incansables las ovejas.

Quejigos aislados y majuelos nos acompañan en este terreno, donde pastan incansables las ovejas.

De hecho, tenemos que hacer alguna maniobra de diversión para no esturrear en dirección contraria un rebaño que nos sale al paso. De un modo u otro, llegamos al camino, que seguimos hacia la izquierda. Cruza un barranco y luego contornea la siguiente loma…

…desde donde contemplamos la umbría del Paredón, coronado de gigantes molinos, Sancho.

…desde donde contemplamos la umbría del Paredón, coronado de gigantes molinos, Sancho.

A la vuelta de la esquina, nos llama la atención un ejemplar de quejigo de buen porte.

A la vuelta de la esquina, nos llama la atención un ejemplar de quejigo de buen porte.

Superamos un segundo barranco…

…donde un colorido arce de Montpellier nos ofrece una bella postal.

…donde un colorido arce de Montpellier nos ofrece una bella postal.

El Arce de Montpellier (Acer monspessulanum) es un árbol mediterráneo, que no suele superar los 10 m. Es el arce de hoja más pequeña, una preciosidad de tres lóbulos lisos que es fácilmente reconocible.

El Arce de Montpellier (Acer monspessulanum) es un árbol de distribución mediterránea, que no suele superar los 10 m. Es el arce de hoja más pequeña, una preciosidad de tres lóbulos lisos que es fácilmente reconocible.

Entonces abordamos la loma por la que discurre la conocida Cuesta de la Burra:

Y abandonamos el camino principal por uno secundario a la derecha, apenas marcado sobre la hierba, que nos lleva, junto a las ruinas del Cortijo de los Chozones, por la divisoria de la loma.

Y abandonamos el camino principal por uno secundario a la derecha, apenas marcado sobre la hierba, que nos encamina, junto a las ruinas del Cortijo de los Chozones, hacia la divisoria de la loma. Nos contenemos para no chillar de gusto en este dulce paisaje de dehesa. Sólo falta un punto más de verde en el suelo.

Junto al extinto Cortijo de los Chozones, algunos quejigos juegan ya en primera división…

Junto al extinto Cortijo de los Chozones, algunos quejigos juegan ya en primera división…

Aquí tomamos una sabia decisión: pararnos a comer, aunque es temprano, previendo que luego perderemos el sol que mitiga la frescura del día. Y eso hacemos, antes de abordar la parte más pendiente de la bajada.

Al final de esta primera parte llana de la loma, el carril hace un giro a la derecha, evitando una empinada vaguada, y continúa en una revuelta por la ladera, que lo llevará a cruzar de vuelta la mencionada vaguada. Nosotros decidimos descolgarnos directamente por ésta:

Tal que por aquí. Ya vemos delante el carril conforme cruza la vaguada; proseguirá por la ladera de la izquierda hasta volver a la vaguada más abajo, así que no vemos razón para abandonar eta última, por la que seguimos al frente.

Tal que por aquí. Ya vemos delante el carril conforme vuelve para cruzar la vaguada; proseguirá por la ladera de la izquierda hasta retornar a la vaguada más abajo, así que no vemos razón para abandonar esta última, por la que seguimos al frente.

Esta primera parte es empinada, y las piedras sueltas propician algún resbalón sin importancia. Hay trochas en el suelo, por lo demás bastante abierto y practicable.

Esta primera parte es empinada, y las piedras sueltas propician algún resbalón sin importancia. Hay trochas en el suelo, por lo demás bastante abierto y practicable.

Enseguida la pendiente se estabiliza, mientras andamos por el fondo, por la línea que separa la luz y la sombra. Al final nos internamos en lo umbrío, y a fe que se nota: es de esos días que llevas caliente el tronco -si te mueves- pero todo lo demás congelado. Creo que también la batería de la cámara sintió el frío y, convaleciente como está, decidió que ya tenía bastante por hoy. Era una faena, quedando el Tercero y el Valdearazo por llegar, pero no hubo manera. Así que tiré de móvil (¡1,3 megapíxeles, nada menos!) y rescaté al menos lo que sigue, con una calidad bochornosa, de la que me disculpo.

El camino, como decía, regresa al fondo de la vaguada en el punto en que ésta vuelve a empinarse, y aquí sí que lo tomamos de nuevo, hacia la derecha. Rodea una lomilla, entre un encinar espeso, y luego baja al fondo del barranco que le sigue, para continuar, ya por su fondo, siempre hacia abajo.

Mirando hacia arriba desde el fondo del valle. Monte cerrado por todos lados, y un fresco vivificante.

Mirando hacia arriba desde el fondo del valle. Monte cerrado por todos lados, y un fresco vivificante.

Este es el arroyo que drena toda la umbría que hemos recorrido, desde Peña Rubia hasta Los Chozones. Algo más abajo se une al de la Fresnedilla, por donde accede a este paraje quien viene desde Valdepeñas. Y un ciento de metros más allá, recibe por la izquierda el Barranco de Carboneros:

Ya con hechuras de río, aunque seco en este puñetero otoño.

Ya con hechuras de río, aunque seco en este puñetero otoño.

Por este ampliado valle seguimos descendiendo, girando a la derecha. Pronto alcanzamos una zona de meandros rocosos…

…en la que ya avistamos el Cortijo del Tercero. Como dice alguno, es como aterrizar de repente en la luna.

…en la que ya avistamos el Cortijo del Tercero. Como dice alguno, es como aterrizar de repente en la luna.

En efecto, es un paraje desolado, como si hubieran afeitado el monte hasta la rodilla, el aire frío fluyendo por los barrancos y depositándose estático en el fondo, el cauce seco entre las lomas en las que apenas crece una raquítica hierba (en la que se afana un multicolor rebaño de cabras)…

Unas cuantas revueltas después, sin embargo, la vida retorna con el agua que de repente  aparece en el cauce, en el manantial del Tercero, fruto de un azar de los estratos. Primero son juncos, luego una límpida lámina de agua poblada de berros y rodeada enseguida de mimbres, espinos y zarzas…

Justo entonces el cauce se estrecha, y buscaremos paso por la margen derecha, entre rocas.

Justo entonces el cauce se estrecha, y buscaremos paso por la margen derecha, entre rocas.

Más allá, progresamos junto al arroyo, cruzándolo en alguna ocasión…

Ya hemos salido de la luna para caer en alguna exótica jungla, donde habrá que arañarse, tal vez mojarse, para continuar.

Ya hemos salido de la luna para caer en alguna exótica jungla, donde habrá que arañarse, tal vez mojarse, para continuar.

Por fin llegamos a la presa del azud que captaba el agua para la central eléctrica que hay -en ruinas- arroyo abajo, junto al Valdearazo:

Aquí la hemos tomado después de cruzarla. Los valientes lo hicimos por la presa, las mamás con los niños lo hicieron -con buen criterio- aguas arriba, porque unas espesas zarzas estrechan el paso, y la caída es honda.

Aquí la hemos tomado después de cruzarla. Los valientes lo hicimos por la presa, las mamás con los niños lo hicieron -con buen criterio- aguas arriba, porque unas espesas zarzas estrechan el paso, y la caída es honda.

Es este un lugar peculiar, con la profunda y oscura poza al pie de la presa, rodeada de exhuberante vegetación (tenía ganas de escribir eso…). A partir de ahí el arroyo se abarranca, y para proseguir lo haremos por la margen derecha a la que acabamos de cruzar, y por la senda que acompaña -en algunos casos es– la conducción de agua hasta la central.

Esto ya es un cañón calizo con todas las de la ley, su fondo tupidamente cubierto por la vegetación de ribera…

Esto ya es un cañón calizo con todas las de la ley, su fondo tupidamente cubierto por la vegetación de ribera…

En la ladera de enfrente podremos ver la llamativa disposición vertical de los estratos, que no pongo porque están bastante fotografiados y mi foto es muy mala. Pero impresiona pensar en las fuerzas implicadas para plegarlos. La senda/conducción dobla por fin una esquina, y empezamos a tener vistas del valle del Valdearazo, al que viene a morir el que seguimos.

Último tramo del Arroyo de Carboneros. Al fondo, donde los pinos, el Valdearazo. La conducción sigue  a cota hasta la cresta del fondo, donde se adivina el cubo de carga del agua. Pero antes, por la izquierda, una senda pedregosa nos baja hasta el fondo del valle…

Último tramo del Arroyo de Carboneros. Al fondo, donde los pinos, el Valdearazo. La conducción sigue a cota hasta la cresta del fondo, donde se adivina el cubo de carga del agua. Pero antes, por la izquierda, una senda pedregosa nos baja hasta el fondo del valle…

…por donde continúa, cerca del arroyo, introduciéndonos en una densa espesura que precede a las ruinas de la Central. En unos minutos estamos junto a la misma, en la terraza que delimita la confluencia de los dos ríos. Realmente, el Valdearazo trae poca agua, siendo la del Arroyo de Carboneros la que lo convierte en río de verdad.

A esta hora, ya rasante la luz, es un lugar melancólico, pero por otro lado reconforta volver a encontrar un camino. Y es que el carril que salía del Puerto de Alamillos pasa por aquí, río abajo camino del Quiebrajano. Lo tomaremos, hacia la derecha, para no abandonarlo hasta el final. De hecho, Kiko y yo nos adelantamos para buscar los vehículos y ahorrar a la chiquillada el último cuestón. Hay que remontar 300 m de altura desde aquí, y rápido, antes de que oscurezca. Nos ponemos a la tarea con entusiasmo hasta olvidarnos por completo del frío ambiente; pasamos los cortijos de Alamillos -bajo y alto-, y trochamos la revuelta del carril principal por los restos de otro paralelo al fondo del valle, en exigente cuesta. En tres cuartos de hora, sudados y contentos, volvemos motorizados hasta Alamillo Alto para recoger a la tropa. Y fin de fiesta… pero me barrunto que esto no va a ser más que el principio. À bientôt.

La ruta en Google maps

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Un pensamiento en “Alamillos-Tercero-Valdearazo

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