Rondando el Majalijar

Caratula-Majalijar

25 Abril 2014

Se detuvo abril… por unos días de fresco y hasta lluvia, antes de precipitarse en un mayo florido y bochornoso. Justo tras la lluvia, allí estaba yo dispuesto a sacarle el jugo a la sierra más verde de los contornos. Vengo preparándome un recorrido circular (bueno, en “Q”) que rodee todo el macizo de Majalijar, subiendo desde Linillos. No teniendo tiempo para el giro completo, un viernes de rabona me acerqué a estudiar el principio y final de la ruta. Con gusto me hubiera quedado allí…

El macizo de Majalijar (o de Las Buitreras, que en esto de la toponimia nunca hay acuerdo perfecto) presenta una dorsal central con las máximas alturas en dirección Nordeste-Suroeste. Desde los 1.887 m del punto más alto desciende en fuertes pendientes hasta los 1.600-1.700 m, donde la ladera empieza a quebrarse en peñones aislados (Las Chorreras, el Peñón de la Era, Las Buitreras, el Peñón del Jorobado…). Si enhebramos los collados que forman dichos cerros con un notorio reborde que recorre la cara sur del macizo, encontramos que es posible rodearlo entero sin subir o bajar más de 100m, por una trocha panorámica como hay pocas en Andalucía.

Claro que dicha cota son los 1.650 m, y el punto más alto y cercano al que se puede llegar en vehículo es el carril principal de la sierra en las inmediaciones del Cortijo de Linillos, a 1.400 m. Así que esos 250 metros iniciales nos servirán de aperitivo y postre, que al que algo quiere, buena sombra le cobija.

Comienzo por la precios vaguada que forma el Barranco de la Linde -el que viene de Linillos- al juntarse con el Arroyo de las Perdices.

Comienzo por la preciosa vaguada que forma el Barranco de la Linde -el que viene de Linillos- al juntarse con el Arroyo de las Perdices. Un cómodo carril rojizo serpentea para subir los primeros metros.

En un pispás estoy en el Cortijo de Linillos. La foto se ha repetido hasta la saciedad, pero me va a servir para marcar referencias: justo en la vertical de la casa, bajo la cima de la Cuerda de la Gallega e inmediatamente por encima de los pinos se ven dos series de tajos casi simétricos. Por encima de ellos circula la vereda que busco.

En un pispás estoy en el Cortijo de Linillos. La foto se ha repetido hasta la saciedad, pero me va a servir para marcar referencias: en la vertical de la casa, bajo la cima de la Cuerda de la Gallega e inmediatamente por encima de los pinos se ven dos series de tajos casi simétricos. Por encima de ellos circula la vereda que busco, a la que entraré por la izquierda, tras la azulada sombra del tajo de ese lado.

No llegaré al cortijo ahora, sino que empezaré el ascenso por la ladera de la izquierda, donde una discreta vereda apunta a la vaguada que se insinúa más arriba. Me llevará hasta el Collado de la Zorra o de Linillos, que nos separa de la cuenca del Río Bermejo.

Abril se nota. Las aulagas están de fiesta, los gamones se hacen de rogar.

Abril se nota. Las aulagas están de fiesta, los gamones se hacen de rogar.

La vereda se introduce en el pinar, en la cabecera del Barranco de la Zorra…

… y poco después se intuye ya el collado al frente.

… y poco después se intuye ya el collado al frente.

Desde el collado, el objetivo se presenta jugoso y apetecible. Desde aquí llanearé hacia la derecha superando una zona pedregosa hasta un nuevo rellano verde -el Collado de Linillos propiamente dicho-, desde el que proseguiré por el borde de los pinos que asoman por la derecha.

Desde el collado, el objetivo se presenta jugoso y apetecible. Desde aquí llanearé hacia la derecha superando una zona pedregosa hasta un nuevo rellano verde -el Collado de Linillos propiamente dicho-, desde el que proseguiré ascendiendo por el borde de los pinos que asoman en la ladera por la derecha.

La senda que progresa junto a los pinos es la más empinada de la jornada, y merece tomársela con calma…

Sacando fotos del Peñón de la Mata, por ejemplo, que campea sobre Río Bermejo, aquí en su mismísimo origen.

Sacando fotos del Peñón de la Mata, por ejemplo, que campea sobre Río Bermejo, aquí todavía nonato.

Llegando al final de los pinos viene una zona un poco liosa, por defecto o por exceso de trochas: la que parece principal se aleja de los pinos hacia la izquierda, lo que no me interesa; otras, poco marcadas, abordan las paratas donde están plantados y permiten progresar hacia la derecha. De hecho, dado que estoy de exploración, tomo alguna que parece prometedora y hago camino, prácticamente a cota, hasta situarme bajo los tajos que se supone que debo superar por arriba.

Es una sucesión de rellanos deleitosos, con Sierra Nevada al fondo. Se supone que por aquí podría llegar a la Cueva de las Palomas, marcada en el mapa algo más adelante, y me barrunto que podría acabar saliendo a la que sube desde el Cortijo de las Chorreras.

Es una sucesión de rellanos deleitosos, con Sierra Nevada al fondo. Se supone que por aquí podría llegar a la vereda que sube desde el Cortijo de las Chorreras, pero hoy no voy a tener tiempo de comprobarlo.

Desde el último rellano me asomo al valle, y la vista ya apabulla, oye. A la derecha el prado del Cortijo de Linillos, mirando a través del valle a su gemelo de las Minas, bajo el Cerro del Corzo. Luego la Cuerda de los Gitanos, detrás La Mora, a la izquierda del todo el Calabozo. Y detrás la Sierra, toa.

Desde el último rellano me asomo al valle, y la vista ya apabulla, oye. A la derecha el prado del Cortijo de Linillos, mirando a través del valle a su gemelo de las Minas, bajo el Cerro del Corzo. Luego la Cuerda de los Gitanos, detrás La Mora, a la izquierda del todo el Calabozo. Y detrás la Sierra, toa.

Pero no se puede tener todo, así que dejo esa conexión para otro momento y giro casi 180º para volver a mi ruta prevista. Desde el final de los pinos, sin hacer el desvío que yo he hecho, la cosa consistiría en ascender por un lomo rocoso y despejado que empieza donde aquéllos acaban. Enseguida las rocas van dando paso a los prados…

… conforme ese lomo confluye con una cuneta herbosa en la base de los tajos.

… conforme ese lomo confluye con una cuneta herbosa en la base de los tajos. Describiré una curva desde la izquierda hacia la cuesta que supera el tajo en sombra del centro de la foto.

Conforme me acerco al lugar, se va definiendo claramente una vereda, que acaba llevándome al rellano por encima de los tajos:

Es un momento emocionante, como acceder a la M-40 desde la Nacional IV, pero en rústico.

Es un momento emocionante, como acceder a la M-40 desde la Nacional IV, pero en rústico.

Ya estoy situado en la ruta circular. De hecho, acabo de dejar atrás la continuación de la vereda hacia el extremo Suroeste (luego os pongo la foto). Frente a mí, la sierra se despliega como en un mapa y gasto media tarjeta disparando sin control…

Sobrevuelo el quejigar que puebla la ladera, rubio de primavera. Por encima, algo a la izquierda, destaca el prado y tejado rojo del Cortijo de Florencia, y aun más arriba el del Chorrillo.

Sobrevuelo el quejigar que puebla la ladera, rubio de primavera. Por encima, algo a la izquierda, destaca el prado y tejado rojo del Cortijo de Florencia, y aun más arriba el del Chorrillo.

Por fin echo a andar siguiendo el círculo en sentido contrario a las manecillas del reloj. Vale decir que tengo el cerro a mi izquierda y el valle a la derecha. Tras un subeybaja, me sitúo bajo unos vistosos tajos:

… con una no menos vistosa cueva de no menos de 20 m de altura.

… con una no menos vistosa cueva de más de 20 m de altura. Se trata de la Cueva de las Palomas; poco más que un abrigo en realidad, pero ¡abriga mucho!

Paso unas decenas de metros por debajo de la cueva, y luego contorneo una loma, apenas subiendo…

Delente ya diviso el siguiente hito importante de la ruta: un collado herboso entre la ladera y un conspicuo cerro hendido que cuelga sobre el valle.

Desde allí ya diviso el siguiente hito importante de la ruta: un collado herboso entre la ladera y un conspicuo cerro hendido que cuelga sobre el valle.

Llegado al lugar, me solazo bovinamente con su verde imposible. Una orla de espinos abriga la base del peñón.

Llegado al lugar, me solazo bovinamente con su verde imposible. Una orla de espinos abriga la base del peñón.

Más allá aparecen las alamedas de las Mimbres y la Fuente de los Potros. A la izquierda, en mi ladera, otro vistoso peñón rivaliza con el que ocupo.

Más allá aparecen las alamedas de las Mimbres y la Fuente de los Potros. A la izquierda, en mi ladera, otro vistoso peñón rivaliza con el que ocupo.

Pues he subido a media altura del peñón hendido, y desde allí he hecho una panorámica de las de quitar el sentío. Aquí os la dejo. Haced click una vez, y luego otra más para verla a su máxima resolución:

Es un orbe geoceleste, un mundo…

Es un orbe geoceleste, un mundo…

Yendo por partes, esta es la zona de la fuente de Los Potros, con Las Mimbres a la izquierda. En su vertical asoma por los pelos el Cortijo de la Hermita, junto al Arroyo de Prado Negro, cuyo valle se intuye tras los cerros.

Yendo por partes, esta es la zona de la fuente de Los Potros, con Las Mimbres a la izquierda. En su vertical asoma por los pelos el Cortijo de la Hermita, junto al Arroyo de Prado Negro, cuyo valle se intuye tras los cerros. Por el prado del primer término discurre la senda que sube desde el Cortijo de las Chorreras (de hecho, hay premio para quien divise al caminante que la recorre).

Y esta es la zona de La Mora y el Chorrillo. Se aprecia perfectamente la cuneta por la que se asciende la cresta, y el collado karstificado por donde hemos andurreado últimamente. Abajo a la izquierda, los prados del Cortijo de Florencia, el Área recreativa del mismo nombre y al fondo los del Chorrillo.

Y esta es la zona de La Mora y el Chorrillo. Se aprecia perfectamente la cuneta por la que se asciende la cresta de la Mora, y el collado karstificado por donde hemos andurreado últimamente. Abajo a la izquierda, los prados del Cortijo de Florencia, el Área recreativa del mismo nombre y por encima los del Chorrillo.

Borracho de vistas, me queda sentido -y hora- suficientes para dar media vuelta, con intención de volver a la conexión con el rabito de la “Q” y progresar un poco en el sentido inverso del círculo, a ver qué hay (es como leer el final de la novela antes de tiempo, pero me puede la curiosidad).

De vuelta al rellano del primer tajo, encuentro la desviación que mencionaba anteriormente: he subido desde Linillos por el ramal de la izquierda. El que sigue al frente es el que seguiré ahora, buscando el terreno entre los tajos de la derecha y los dientes rocosos que asoman más abajo.

De vuelta al rellano del primer tajo, encuentro la desviación que mencionaba anteriormente: he subido desde Linillos por el ramal de la izquierda. El que sigue al frente es el que seguiré ahora, buscando el terreno entre los tajos de la derecha y los dientes rocosos que asoman más abajo.

Fuera de un cascajar algo tedioso, no hay dificultad en llegar a ese punto. Conforme desde allí sigo rodeando el cerro, se destacan al frente, desgajados del mismo, una pareja de peñascos, como dientes mellados. Y donde hay dientes hay boca, así que sigo la trocha en su dirección. Hay ramales que derivan a la izquierda, pero se ve claro que su intención es más bien de bajar, así que me mantengo apuntando a los dientes mellados:

Ya estoy a sus pies, y compruebo aliviado que por sus verdes encías discurre la trocha que necesito.

Ya estoy a sus pies, y compruebo aliviado que por sus verdes encías discurre la trocha que necesito.

Entre los dos dientes supero una derribada -y además abierta- cerca ganadera, para acceder a otro esplendoroso prado, que ocupa todo el collado. Hay una peculiar estructura de piedras formando una espiral en el centro. No sé si es cosa del INFOCA, o expresión de algún punto de energía telúrica marcado por un chamán rural, pero, por si acaso, me coloco en su centro para hacer la foto:

Para

Estoy justo bajo el extremo Suroeste de la Cuerda de la Gallega, que es el remate de la línea de cimas. Este paso separa dos mundos bien distintos: a la derecha destacan los verdes de la Sierra de Huétor; a la izquierda, del otro lado del cerro, los pardos desolados de Orduña y las alturas de Sierra Arana.

Si el collado ya impresiona, asomarse a su borde aumenta la sensación de estar en otro mundo (pero que está en este):

Un roquedo casi lunar, como escamas calizas amontonadas, delinea unos prados de un verde profundo

Un roquedo casi lunar, como escamas calizas amontonadas, delinea unos prados de un verde profundo como el agua de un lagunillo de montaña. Al fondo, Orduña en el centro, el Peñón de la Cruz a la derecha, y entre ambos los vertiginosos cortados de Tajo Redondo. La segunda cima del Majalijar (que es la más alta) destaca ya a la derecha del todo.

Desciendo por el lapiaz hacia ese primer prado. Me acerco primero hacia la izquierda del mismo, donde se inclina hacia el valle: me ofrece una vista poco invitadora sobre una fuerte pendiente cuajada de espinos. Vuelvo hacia el centro del prado:

Ya en el prado… ¡ese verde! rodeado de blanco (muy andaluz), esos bulbos que crecen apretadamente…

… ¡ese verde! rodeado de blanco (muy andaluz), esos bulbos que crecen apretadamente…

Cruzo todo el rellano hacia el otro extremo (derecha según lo veíamos desde arriba). Tras un estrechamiento del prado, la trocha reaparece en una zona de roquedo:

La trocha. Veo a la derecha un muro de caliza que me interesa, pues tengo localizado en la ortofoto un prado espectacular al pie de un relieve que podría ser ese…

La trocha. Veo a la derecha un muro de caliza que me interesa, pues tengo localizado en la ortofoto un prado espectacular al pie de un relieve que podría ser ese…

… y que resulta serlo. No tengo que esforzarme, pues la vereda -de ganado, que sabe mucho- ya se ocupa de llevarme a ese lugar:

Y a fé que si tuviera que elegir el ganador del concurso de engalanamiento de prados me vería en un brete. Éste es compacto, los árboles densos a su alrededor, uno en su centro, y una pared caliza emergiendo abruptamente como un acantilado sobre el ondulado mar.

Y a fé que si tuviera que elegir el ganador del concurso de engalanamiento de prados me vería en un brete. Éste es compacto, los árboles densos a su alrededor, uno en su centro, y una pared caliza emergiendo abruptamente como un acantilado sobre el ondulado mar.

Y que conste que lo de ondulado NO es una licencia poética…

Y que conste que lo de ondulado NO es una licencia poética… Al fondo se ve un camino, que es el que une el Cortijo del Moralejo, que queda bastante más abajo por la izquierda, con el de Majalijar, al otro lado del collado de las Buitreras. Justo a la derecha del camino se aprecia un peñón triangular que conviene retener porque tendrá su importancia…

Pues… ¿y los árboles? Miro varias veces y confirmo lo que viene siendo la norma desde que entré en la umbría: todo, absolutamente todo lo que veo con aspecto arbóreo son majuelos. No hay ni una sola encina, ni un quejigo, un arce, algo… Es un muro de espinos el que me rodea…

A través del cual se abre paso, sin embargo, una senda bien pisada, que viene a salir desde el lado opuesto al de entrada, casi a la misma altura.

A través del cual se abre paso, sin embargo, una senda bien pisada, que viene a salir desde el lado opuesto al de entrada al prado, casi a la misma altura.

Son espinos, sí, pero a falta de sus mayores han decidido entregarse con entusiasmo al crecimiento -todo sea por hacer bosque-. Son espinos de cuatro, cinco metros de altura, con troncos de 30 cm de diámetro, y que ocupan densamente toda la umbría.

Son espinos, sí, pero a falta de sus mayores han decidido entregarse con entusiasmo al crecimiento -todo sea por hacer bosque-. Son espinos de cuatro, cinco metros de altura, con troncos de 30 cm de diámetro, y que ocupan densamente toda la umbría. Apenas empezadas a brotar las hojas, me marea pensar cómo será esta ladera en la floración.

Vereda adelante, me tropiezo con una insospechada fuente:

Muestra de que el lugar tiene su aprovechamiento. No nace aquí el agua, que viene por una goma de más arriba, seguramente de algún prado cercano alimentado por las moles calizas de alrededor.

Muestra de que el lugar tiene su aprovechamiento. No nace aquí el agua, que viene por una goma de más arriba, seguramente de algún encharcado prado cercano alimentado por las moles calizas de alrededor.

Poco después salgo del espinar a una zona más despejada:

Donde la senda viene a pasar justo al pie del peñasco triangular que veíamos desde el prado. Bien puesto está este hito, visible desde todos los contornos, com referencia desde uno u otro lado, pues perder el camino en este océano de espinas puede ser un problema… espinoso.

…donde la senda viene a pasar justo al lado del peñasco triangular que veíamos desde el prado. Bien puesto está este hito, visible desde todos los contornos, como referencia desde uno u otro lado, pues perder el camino en este océano puede ser un problema… espinoso.

Obviamente, subo al peñasco y largo otra serie de panorámicas:

Esta hacia adelante, con el camino del Moralejo claramente visible, y el bosque de espinos en su máxima extensión. La senda debe continuar hacia los prados verdes en lo alto del camino, pero lo denso de la cobertura impide verla. Sí se ve con claridad Tajo Redondo y lo

Esta hacia adelante, con el camino del Moralejo claramente visible, y el bosque de espinos en su máxima expresión. La senda debe continuar hacia los prados verdes en lo alto del camino, pero lo denso de la cobertura impide verla. Sí se ven con claridad Tajo Redondo y los cortados inverosímiles de más arriba, antes de culminar la cresta en el Cerro de las Buitreras.

Y esta hacia atrás, hacia el prado esmeralda del que vengo. A la derecha empieza a revelar su naturaleza el Peñón del Jorobado, que hasta ahora ha parecido un cerraco amorfo, pero que oculta en su cara Noroeste uno de los precipicios más impresionantes de la sierra. Totalmente a la derecha, en el valle, ya distinguimos el Cortijo del Moralejo, al que se podría acceder -vallas mediantes- desde Cogollos por el Cortijo de los Asperones.

Y esta hacia atrás, hacia el prado esmeralda del que vengo. A la derecha empieza a revelar su naturaleza el Peñón del Jorobado, que hasta ahora ha parecido un cerraco amorfo, pero que oculta en su cara Noroeste uno de los precipicios más impresionantes de la sierra. Totalmente a la derecha, en el valle, ya distinguimos el Cortijo del Moralejo, al que se podría acceder -vallas mediantes- desde Cogollos por el Cortijo de los Asperones.

Pero ahora mi detrás pasa a ser mi delante, pues con las dos campanadas del mediodía se acabará el sortilegio, y no quiero perder mi bota de cristal en semejante terreno. Así que toca volver, sin la frente marchita -al contrario- y vuelvo.

De vuelta al claro, me demoro en la frontera entre lo abierto y lo cerrado, entre las flores y las espinas. El eléboro crece a la sombra, los gamones al sol. Las peonías deben andar por aquí, en algún lado, aunque a esta altura igual es pronto todavía.

De vuelta al claro, me demoro en la frontera entre lo abierto y lo cerrado, entre las flores y las espinas. El eléboro crece a la sombra, los gamones al sol. Las peonías deben andar por aquí, en algún lado, aunque a esta altura igual es pronto todavía para ellas.

Poco más. Para volver al collado hay que subir un poco, pero luego es todo cuesta abajo. Llego al rabito de la “Q” y me dejo caer hasta el collado de Linillos. Ahora, bajando, desdeño la senda del Barranco de la Zorra y me desvío a la izquierda para rendir visita a la alameda que se ubica por encima del Cortijo de Linillos. Luego sigo valle abajo hacia el Cortijo…

… mientras abril sigue haciendo de las suyas.

… mientras abril sigue haciendo de las suyas.

Paso el Cortijo y desando el rojizo carril hasta el vehículo. Odio despedirme de esta manera, pero ya aviso de que esto no quedará así (y el que avisa no es traidor…). Sayonara.

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Un pensamiento en “Rondando el Majalijar

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