Archivo de la etiqueta: Sendero Sulayr

Atajo hacia el Dúrcal

11 Noviembre 2018

El curso medio del Río Dúrcal -a la altura de la Dehesa de Teatinos- es un extraordinario lugar, que poco tiene que envidiar a valles más conocidos como el del Genil o el del Monachil. Hasta el advenimiento del sendero Sulayr, la forma más habitual de llegar allí era el espantoso carril de Nigüelas a los cortijos de Dúrcal, poco recomendable para coches normales. El Sulayr (2ª etapa) permite ahorrarse esa experiencia, pero resulta un poco largo para ir y volver (andando), aparte de tener una subida fuerte -y diríamos innecesaria– por la umbría del Dílar hasta la cota 2.000, desde donde ya llanea. La alternativa es abandonar el Sulayr en favor de la vereda que atraviesa el robledal del Dílar hasta el Collado del Pino, aunque, a su vez, supone un rodeo enojoso para llegar al Dúrcal. Así que me propuse usar esa vereda, pero atajándola para evitar dicho rodeo. Esta es la historia…

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Por los recodos de Aldeire

19 Noviembre 2017

A finales de octubre exploramos uno de los barrancos en los que se divide el Arroyo Benéjar de Aldeire por encima del horcajo, el Arroyo de Los Pasillos. Nos despedimos entonces con las vistas del otro barranco, el de Los Recodos, clavadas en la retina, desde las alturas del cortafuegos por donde discurre la vereda más habitual. No he esperado mucho para completar el escaneo de la zona, recorriendo por su fondo este último. Además, en esta ocasión, yendo solo, aproveché para completar el ascenso hasta el sendero Sulayr, recorriendo la continuación del barranco por encima del carril principal del Marquesado, que toma el nombre de Arroyo del Picacho (por cierto, el mapa Mulhacén 1:10.000 de la Junta denomina tanto al barranco de los Recodos como al del Picacho como “Barranco de los Tejos”. Quede dicho para que nadie se despiste con la toponimia, siempre azarosa). Es un transcurso lleno de alicientes y con algunas espectaculares sorpresas botánicas, potenciadas por el apogeo de la coloración otoñal de las especies con las que en su momento se repobló toda la zona…

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Variaciones sobre San Jerónimo

La umbría del Monachil a la altura del Convento de San Jerónimo atesora excepcionales valores paisajísticos, botánicos y geológicos, que merecen más de una visita reposada. No en vano su parte este alberga la Dehesa de San Jerónimo, paraíso de vacas, ejemplo cimero de los robledales -y acerales- serranos. Pero no es menor el interés de su parte oeste, ocupada por el muy desconocido Barranco del Espinar, que arranca justo desde el collado de Matas Verdes. Dado que hablamos de la zona de contacto entre el cinturón calizo y el núcleo silíceo de Sierra Nevada, un recorrido transversal nos permite disfrutar de una instructiva variedad de terrenos y formaciones vegetales.

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