Saleres-Albuñuelas (y viceversa)

Caratula-Saleres

3 Abril 2016

El sendero de gran recorrido GR-7 une dos preciosos pueblos del Valle de Lecrín, Saleres y Albuñuelas, antes de enfilar la sierra y, por el Cañuelo, llegar a las inmediaciones de los Prados de Lopera. Antiguamente el sendero entre los pueblos discurría a la vera de una de las numerosas acequias de la zona. Aunque el trazado sigue siendo el mismo, la acequia ha sido cubierta en la mayor parte del recorrido, lo que nos impide disfrutar del susurro y el frescor del agua; pero no hay que desanimarse: aprovecharemos que el fondo del valle es perfectamente practicable para completar una preciosa ruta circular donde no faltará el líquido elemento y que, en primavera, es un puro deleite para los sentidos…

Como la ruta es perfectamente conocida no me detendré en pormenores. Sólo hay que indicar que, llegados a Albuñuelas, habrá que bajar al río, preguntando a cualquiera de los amabilísimos lugareños por el mejor camino, y a partir de ahí dejarse llevar por el carril que, a ratos convertido en el propio cauce, nos dejará sin esfuerzo en el punto de partida. Así que esto va a ser una sesión de fotos, que convencerá a cualquiera de que el paraíso existe, y está en este mundo…

Aparcado el vehículo en Saleres, buscamos la parte baja del pueblo. Al llegar al río, y junto a un parquecito con las habituales máquinas de ejercicios, sólo tendremos que doblar la esquina del murete blanco para divisar, unos metros más arriba, la primera señal de sendero.

Aparcado el vehículo en Saleres, buscamos la parte baja del pueblo. Al llegar al río, y junto a un parquecito con las habituales máquinas de ejercicios, sólo tendremos que doblar la esquina del murete blanco para divisar, unos metros más arriba, la primera señal de sendero.

Antes, una foto río abajo. Los coloresde la vegetación y el agua nos indican que la primavera está en su apogeo.

Antes, una foto río abajo. Los colores de la vegetación y el agua nos indican que la primavera está en su apogeo.

El sendero procede por un carril cementado, entre naranjos y olivos.

El sendero procede por un carril cementado, entre naranjos y olivos.

Hay un punto en el que las señales blancas y rojas nos confunden un poco, pues nos llevan a lo que parece callejón sin salida. Sabiendo que la acequia discurre más arriba, optamos por subir por las bravas hasta su nivel…

… lo que nos introduce de lleno en esta humanizada "selva" que no da miedo.

… lo que nos introduce de lleno en esta humanizada “selva” que no da miedo.

De alguna manera llegamos al carril que discurre por encima del inicial. Este ya debería ser acequia, aunque, como he comentado, ahora el agua va cubierta. Caminaremos por encima de ella, sin ser Jesucristo.

Los famosos olivos del Valle, que crecen desmelenados más para dar sombra que aceitunas, nos ven pasar.

Los famosos olivos del Valle, que crecen desmelenados más para dar sombra que aceitunas, nos ven pasar.

Habiendo ganado altura, el fondo del valle se nos descubre variado y verde a nuestro pies.

Habiendo ganado altura, el fondo del valle se revela variado y verde a nuestros pies. Estrechos bancales cubren las laderas, prodigio de ingeniería rural que nos recuerda asiáticas latitudes.

En el centro, la plateada cinta del camino-río, orillada de sauces y álamos, nos despierta inmediatamente las ganas de usarlo para la vuelta.

En el centro, la plateada cinta del camino-río, orillada de sauces y álamos, nos despierta inmediatamente las ganas de usarlo para la vuelta.

Los naranjos han empezado a florecer y el olor a azahar perfuma el aire. Algunos árboles no han podido contenerse y muestran los capullos de la flor nueva junto a las naranjas -buenas de comer- del reciente invierno. Llegar a Albuñuelas es un suspiro (bueno, en realidad llegar al barrio de Albuñuelas, algo separado del centro del pueblo). Allí preguntaremos acerca de la vuelta por el río: sin problema (si acaso mojarse un poco los pies, pero no baja mucha agua tras un invierno parco en lluvias). Adecuadamente dirigidos al carril correcto, bajamos por este hasta el agua.

En la ladera de enfrente, los árboles despliegan una vistosa paleta de colores. La primavera rivaliza con el otoño en cuanto a variedad cromática.

En la ladera de enfrente, los árboles despliegan una vistosa paleta de colores. La primavera rivaliza con el otoño en cuanto a variedad cromática. Hay naranjos, olivos, encinas, álamos y sauces, seguramente algún quejigo, tal vez un almez, algún cerezo, higueras, pitas, chumberas y cañas, y en cualquier rellano una hierba verde y jugosa entreverada de jaramagos en flor.

Donde el carril cruza el río resolvemos hacer la foto oficial, no sea que con el embobamiento se nos pase el arroz.

Donde el carril cruza el río resolvemos hacer la foto oficial, no sea que con el embobamiento se nos pase el arroz.

Ya junto al río, el camino es pura primavera…

Ya junto al río, el camino es pura primavera, aunque algún árbol vista todavía su jersey invernal de hiedra.

Tierra y agua se entrelazan durante todo el recorrido, aunque el poco caudal convierte la empresa en un juego que hace las delicias de bípedos y cuadrúpedo.

Tierra y agua se entrelazan durante todo el recorrido, aunque el poco caudal convierte la empresa en un juego que hace las delicias de bípedos y cuadrúpedo.

Pasado el tiempo de los almendros, son otros frutales ¿un cerezo? los que ponen la nota blanca en el paisaje, siempre sobre los amarillos de los jaramagos.

Pasado el tiempo de los almendros, son otros frutales ¿un cerezo? los que ponen la nota blanca en el paisaje, siempre sobre los amarillos de los jaramagos.

Un poco de ejercicio nunca viene mal, Jorge.

Un poco de ejercicio nunca viene mal, Jorge.

Toda la vuelta es una sucesión de postales…

Toda la vuelta es una sucesión de postales…

¿Que no?

¿Que no? Los chavales se han hecho con sus lanzas de caña -o más bien sus palos de lucha oriental, que están en la época del manga…

Pasando junto a algunos naranjales, nos basta con las caídas por el suelo para abastecernos del oro del Valle. Pesan más las mochilas, pero nuestro yugo es suave y la carga, ligera

Ya cerca del final, el valle saca sus mejores galas.

Ya cerca del final, el valle saca sus mejores galas. No se sabe dónde acaban las amapolas y comienzan las naranjas.

Por si faltaba algo, el Cerro del Caballo nos saluda por encima de un mar de amarillos y verdes.

Por si faltaba algo, el Cerro del Caballo nos saluda por encima de un mar de amarillos y verdes. Ya divisamos las primeras casas de Saleres.

Sin palabras (se queda uno…).

Sin palabras (se queda uno…).

Como todo acaba en esta vida, también acaba nuestro periplo al llegar a Saleres.

Como todo acaba en esta vida, también acaba nuestro periplo al llegar a Saleres.

Casas blancas y naranjos. El Valle en su esencia.

Casas blancas y naranjos. El Valle en su esencia.

Y esto fue todo. Nos llevamos el sol dentro de las naranjas, para administrarlo durante la semana. Hasta pronto.

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