Polvorite-Cerro del Muerto

El último domingo de Septiembre venía con el tiempo incierto. Pronosticaban bueno, pero parecía imposible tras los cuarenta litros del sábado. Así que acabé quedándome solo en mi convocatoria, y decidí dedicarme  a buscar mi particular “paso del Noroeste” (¡que lo es!) en la Umbría del Polvorite. Buscaba un atajo (no necesariamente corto), entre la vereda de la Cañada del Sereno a la altura del Calar de los Mármoles, y el collado de los Pollos, que da paso a la Fuente de la Mora. Eso me permitía echar un vistazo al rellano que en los mapas aparece como “Cerro del Muerto” y, ya puestos, subir al Alto del Mirador, que por algo tendría ese nombre…

En rojo, mi recorrido (desde A). En marroncillo la vereda de la Cañada del Sereno. Los puntos rojos marcan los puntos de toma de las fotos. Haz click para ampliar.

Así que entré con el coche por Alfacar-Fuente Grande, camino de la Alfaguara y, sin llegar a ella, abandoné el asfalto por el carril principal, que lleva a Las Mimbres y Prado Negro. Poco después de pasar el cruce con el que viene de la Fuente de la Teja, cuando el paisaje se abre a la derecha sobre Sierra Nevada y el Cerro del Púlpito, aparqué en la plaza de garaje que tenemos allí, a la sombra de una peña.

Unas senditas me bajaron a la vaguada que desemboca en el precioso llano sombreado de cedros que hay bajo el Cerro del Púlpito.

Cerro del Púlpito. La mañana que temíamos desapacible se reveló espléndida.

Por el mencionado llano discurre la vereda de la Cañada del Sereno, que seguí hacia la izquierda un trecho, hasta desembocar en el apacible vallecito que hace el Arroyo del Polvorite antes de abarrancarse.

Aquí dejo la vereda oficial por la derecha, para cruzar el arroyo -sin agua- y proseguir más o menos por el borde de la línea de pinos, ascendiendo una vaguada.

La vaguada culmina en un collado y una zona llana que crucé, sin descender, para buscar, al frente y unos metros ladera arriba, de nuevo la vereda de la Cañada del Sereno, que tomé hacia la izquierda. Cuando la vereda hace un quiebro al cruzar el barranco, yo me dije: me quedo con el barranco.

Arranque del atajo. Por algo parecido a una trocha, dejando la piedra del centro a la derecha, me interno en el barranco.

Un poco más arriba, el terreno se allana, la trocha pasa a la margen opuesta y empiezo a disfrutar.

El barranco es apenas una vaguada. El suelo, asentado por la lluvia, todavía no verdea, pero colores otoñales empiezan a despuntar.

Algo más arriba, ya entre los pinos, la vaguada se bifurca. Seguiré por la derecha.

Bifurcación. El barranco es ahora poco más que un surco. La pinocha rojiza transfigura el ambiente.

Hay un momento incierto en el que el arroyo desaparece, y empiezo, muy suavemente, a bajar. Este es el punto donde me puedo perder. Hago un alto y decido salir de mi ruta prevista, para llegarme a lo alto del Cerro del Muerto, apenas una colinita herbosa desde aquí, y gozar de las vistas del valle.

Desde el Cerro del Muerto. A la derecha, el Puntal de la Mora con su cortafuegos. Al fondo el Cerro de la Cruz y Majalijar.

De vuelta al llano, olfateamos entre Bruno y yo algo parecido a una senda. Hay sugerencias, pero pronto desaparecen entre la pinocha.

Así que nos guiaremos por el terreno: intento no perder altura mientras voy rodeando el cerro, hacia la derecha. Un vallecito me obliga a un baja-y-sube, pero mantengo la orientación, y poco después supero un repunte de la ladera. Algo blanquecino me llama la atención más adelante: es el cortafuegos que cruza el bosque.

El cortafuegos hace de coche escoba: si has ido un poco de más hacia abajo o hacia arriba, siempre te permite recolocarte. De hecho llega casi a la cima, pero es muy empinado para resultar cómodo. Subo unos metros por él y vuelvo al pinar, del otro lado.

Siempre en ligero ascenso, supero por fin una divisoria, tras la cual el terreno se allana.

Una senda o carril en desuso me sale al encuentro. Podría subir con él, pero prefiero bajar -a la izquierda-, para llegarme al collado de los Pollos.

La hoya que hay un poco más abajo alberga un pinar catedralicio, de pino silvestre, de los más altos de la zona. Si no fuera porque mi fiel Bruno husmea incansable por delante de mí, seguro que acertaría a sorprender a algun animalillo en sus cosas.

No es Valsaín, pero la pinada tiene su mérito. No se oye mas que el susurro de mis pies sobre la pinocha, que cubre incluso el carril.

Recorro el carril hasta el fondo, donde tuerce a la derecha. Lo sigo hasta que desaparece, y entonces asciendo a mi derecha para cerrar el círculo y volver donde estaba. Ahora si que sigo hacia arriba, buscando sin reparo la cima. Poco antes de ella, unas peñas me invitan a asomarme, y disfruto de una hermosa panorámica del valle.

Mirando al Norte, tengo toda la Umbría del Polvorite a mis pies, cerrada por el Cerro del Corzo, y detrás toda Sierra Arana, Majalijar y Peñón de la Mata.

Sigo ascendiendo hasta lo alto del Cerro que, como suele suceder en estos terrenos calizos, es un llano que conecta varios dientes rocosos.

El suelo está alfombrado de caca de cabra, pero deben estar de vacaciones. El paraje me recuerda mucho al Pico del Castillejo, en el Huenes.

Al picacho que parece más alto me encaramo, y comprendo entonces el nombre de “Cerro del Mirador”.

360 grados de montes. Esta vista es casi mejor que la del Cerro del Corzo, con menos impedimentos hacia el sur y Sierra Nevada. Para las/os amantes de la cosa toponímica, favor de hacer click para ampliar.

Tras un buen rato de contemplación, abandono el cerro hacia el oeste, buscando un prado que tenía ojeado en la ortofoto, y que efectivamente encuentro al pie del picacho de ese lado.

Ahora está todavía agostado, pero en primavera tiene que dar gloria verlo.

Aquí debería haberme dejado caer a la derecha, bajando por lo más suave hasta el llano del Muerto y el barranquito por el que subí. Pero vi terreno pisado hacia la izquierda, cerca de las crestas donde el cerro se desploma, y bajé por esa arista, hasta acabar saliendo al arranque del atajo en la vereda de la Cañada del Sereno. El cariño es el mismo. Desde allí solo tuve que desandar lo andado para volver al vehículo. Y a comer que es tarde.

Un cornicabra (Pistacia therebintus) nos avisa de que el otoño está al caer. Como se verá próximamente…

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Un pensamiento en “Polvorite-Cerro del Muerto

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