Parapanda. Circular Norte

Caratula_Parapanda-CN

La Sierra de Parapanda, por su posición aislada al borde del surco intrabético, constituye un extraordinario mirador sobre buena parte de Andalucía Oriental (y parte de la Occidental). Es un compacto macizo calizo estructurado en dos niveles: un llano superior que culmina por el sur en el Morrón (1.607 m) y está enteramente rodeado de fuertes pendientes, cuando no tajos; y un segundo llano más bajo al sur, que cae de nuevo bruscamente hacia el valle por tres de sus costados. Las rutas habituales -desde Íllora o Alomartes- no dejan de visitar este último páramo agujereado por las cortas mineras, la Hoya del Brezal cobijada bajo el escalón superior, o el propio Morrón. En cambio, las laderas Oeste y Norte son menos conocidas, aunque albergan soberbios encinares con quejigos, relieves singulares y vistas de escándalo. Nuestra ruta, ya que no sube al Morrón, obtiene los 360º a base de rodear todo el escalón superior de la Sierra, por una sucesión de caminos y trochas tendidas en su gran mayoría por la estrecha banda entre los 1.300 y los 1.400m de altitud.

Icono-trackSe plantea la excursión como una ruta circular (en rojo en el mapa), con varias alternativas: (A) para recortar por la Hoya del Brezal, (B) para llegar al final del llano inferior (y volver) y (C) para ampliar pasando por debajo del Peñón de Murcia en lugar de por arriba. Los datos se dan respecto a la ruta roja. La alternativa B añade 2,5 km (ida y vuelta) y la C aproximadamente 1 km y 60m más de desnivel.

Distancia: 12 km
Altitud mínima: 1.275 m (1.214 m. en la variante C)
Altitud máxima: 1.402 m
Dificultad: Baja
Intríngulis: Bajo. Algún tramo con trochas de cabras, pero con buenas referencias. Alguna cerca ganadera.
Tiempo estimado de marcha: 4h 15’

Terreno: Caminos y trochas sobre terreno calizo en general llano, o manteniendo la cota. Roquedos y lapiaces alternan con dolinas y prados, entre escasa vegetación de encinas y pinos, salvo en el Noroeste, con buenas manchas de encinar con quejigos que alternan con secanos de olivos y almendros. Hay fuentes en el recorrido.

Geológicamente, la Sierra de Parapanda es lo que se conoce como un isleo tectónico: sus materiales -calizas y dolomías del Jurásico- reposan sobre margas del Cretácico, faltando además las rocas de edades intermedias, lo que revela un gran cabalgamiento a base de fallas inversas, que han colocado estratos más antiguos sobre los más modernos, con desplazamientos posteriores. El hecho de que arriba haya calizas -permeables- y debajo margas -impermeables- hace aparecer frecuentes manantiales en todo el borde de contacto. Por otro lado, la presencia de importantes fracturas en los propias calizas de Parapanda ha favorecido la disolución y recristalización del carbonato cálcico en esas zonas, dando lugar a los depósitos de “falsa ágata” que se han explotado aquí hasta hace poco. La naturaleza caliza del subsuelo produce además abundantes rasgos típicos del modelado kárstico: simas, lapiaces, dolinas…

En cuanto a la cubierta vegetal, hay que señalar la nítida separación entre la zona cultivada -sobre las margas- donde olivos y almendros marcan la pauta, y el núcleo serrano, con tres ámbitos principales: el pinar de repoblación -pino carrasco en las zonas bajas, pinaster en las altas-, los llanos kársticos con herbáceas y profusión de gamones, y los encinares-quejigares del Noroeste, valiosos representantes de lo que queda de vegetación autóctona, pertenecientes a la serie de los encinares béticos basófilos, justo en el límite entre los pisos meso y supramediterráneo, por lo que tanto podemos encontrar peonías y retamas como espinos y agracejos, con quejigos en las zonas más umbrías.

Cuándo ir
Barra-cuando-ParapandaPuede hacerse todo el año, aunque para pleno verano es muy soleada y más seca. Con nieve, algunos tramos pedregosos pueden ser traicioneros. Óptimo en primavera para los prados, en Noviembre-Diciembre para los quejigos.

Cómo llegar
plano_acceso_PolvoristaDesde la carretera Granada-Córdoba (N-432), tras pasar Venta Algarra y antes de Puerto Lope, tomamos a la izquierda la GR-3409 hasta Íllora. Llegando a las primeras casas tomamos a la derecha la calle Camino Peña Gorda que nos lleva a la parte alta del pueblo donde tomamos, de nuevo a la derecha, la calle principal (carretera GR-3407, indicación Montefrío), que asciende en varias revueltas hasta salir de Íllora. Remontamos el valle paralelos a la Sierra. A unos 6 km del pueblo, la carretera toma orientación general Oeste y llega poco después al punto más alto del valle. Buscaremos a la izquierda un ensanchamiento en el que arranca a contramano un camino más o menos asfaltado, con la indicación “Repetidor de Parapanda”, que hace al principio un giro de 180º para ponerse de nuevo mirando a la Sierra. Subiendo por él y tras descartar varios carriles a la izquierda, el Punto A se encuentra a la vista de unas peñas cercanas, en el primer punto en el que, además de por la izquierda, sale otro carril por la derecha. El asfalto está muy mal, así que no es descabellado dejar el coche más abajo y ascender andando hasta este punto.

Punto A
Mientras la carretera (o así) continúa al frente y asciende al escalón superior de la Sierra buscando el Morrón, a la izquierda se abre el importante carril que lleva a la Hoya del Brezal y las canteras del escalón inferior:

1-Pto-A

1. Bajo las cercanas peñas, el inicio del carril desde la carretera. Obsérvese el desastroso estado del asfalto.

La excursión

Carriles en línea continua, sendas en discontinua. Si haces click sobre el mapa con el botón derecho, puedes elegir ver el mapa en una ventana nueva, para tenerlo siempre a mano mientras te vas desplazando por la explicación.

Carriles en línea continua, sendas en discontinua. Si haces click sobre el mapa con el botón derecho, puedes elegir ver el mapa en una ventana nueva, para tenerlo siempre a mano mientras te vas desplazando por la explicación.

Comenzamos a andar por el carril, de tendencia general prácticamente llana, aunque con leves subidas y bajadas según atravesemos las lomas o las vaguadas que aquí nacen desde el núcleo del macizo.

2. Tras la primera de estas cuestecillas, bajamos de nuevo hasta el rincón donde se ubica la Fuente de Ramos. Rodeada en tiempos por una estupenda olmeda, sus centenarios árboles han ido muriendo -más, creo, por la grafiosis que por la sed-, y poco a poco abatiéndose y desapareciendo, aunque aun queda algún enhiesto cadáver que la atestigua.

2. Tras la primera de estas cuestecillas, bajamos de nuevo hasta el rincón donde se ubica la Fuente de Ramos. Rodeada en tiempos por una estupenda olmeda, sus centenarios árboles han ido muriendo -más, creo, por la grafiosis que por la sed-, y poco a poco abatiéndose y desapareciendo, aunque aun queda algún enhiesto cadáver que la atestigua.

Un poco más adelante, descartaremos un carril secundario que arranca por la izquierda, y que lleva al cercano cortijo de Pajuelo Alto.

3. Desde el camino principal vemos el Cortijo… y mucho más. Primero la Sierra de Madrid, y al fondo todo un horizonte que incluye Mágina, las sierras del Marqués y el Campanario, Sierra Arana, Sierras de Huétor, Sierra Elvira, Sierra Nevada y Sierra de Lújar con el bonus de la Vega granadina.

3. Desde el camino principal vemos el Cortijo… y mucho más. Primero la Sierra de Madrid, y al fondo todo un horizonte que incluye Mágina, las sierras del Marqués y el Campanario, Sierra Arana, Sierras de Huétor, Sierra Elvira, Sierra Nevada y Sierra de Lújar con el bonus de la Vega granadina.

Entretenidos con los horizontes, llegamos a la altura en la que el camino gira a la derecha siguiendo el contorno del escalón superior de la Sierra. Tras una cuestecilla observamos una caseta a la derecha. A su altura el camino se bifurca (b)…

4. … o más exactamente se trifurca: el ramal derecho hacia la caseta, el principal al frente y otro secundario a la izquierda.

4. … o más exactamente se trifurca: el ramal derecho hacia la caseta, el principal al frente y otro secundario a la izquierda.

Aquí tenemos ocasión de elegir: la ruta propuesta toma el carril de la izquierda, pero es posible acortar tomando el central (variante A).

Éste nos llevará en suave ascenso hasta el collado que hace el núcleo de la Sierra con el cerro que vemos en la foto (Cerrajón, 1503 m). Por el camino podremos admirar algunos bloques de falsa ágata que quedaron abandonados en las inmediaciones:

5a. Un corte pulido muestra toda la belleza de la roca. Queda claro el origen de la misma por precipitación sucesiva de capas de calcita (los fragmentos blancos de la parte inferior izquierda serían la roca original alrededor de la cual fue precipitando el carbonato disuelto en agua). Esto es: hemos cortado una colada estalagtítica (o estalagmítica).

5a. Un corte pulido muestra toda la belleza de la roca. Queda claro el origen de la misma por precipitación sucesiva de capas de calcita (los fragmentos blancos de la parte inferior izquierda serían la roca original alrededor de la cual fue precipitando el carbonato disuelto en agua). Esto es: hemos cortado una colada estalagtítica (o estalagmítica).

Llegados al collado, desnudo salvo por algunas encinas aisladas, el camino se allana y luego comienza a bajar internándose en la Hoya del Brezal:

5b. En primavera es un gozo, verde vaguada que invita a dejar el camino y retozar por el prado…

5b. En primavera es un gozo, verde vaguada que invita a dejar el camino y retozar por el prado…

De hecho, para llegar al punto e donde conectaríamos de nuevo con la ruta principal, sería mejor abandonar el camino y derivar hacia la derecha. Al fondo, y antes del camino que cierra la Hoya por el sur, divisaremos una línea de pinos que nos orienta hacia el mencionado punto. Luego lo vemos.

De vuelta a la bifurcación (b), continúo la descripción de la ruta principal:

Tomamos, como se decía, el camino de la izquierda, e incluso, por abreviar, una trocha que enseguida sale del mismo, de nuevo por la izquierda:

6. En ella estamos, dirigiéndonos a esta hoya (ahora en barbecho, pero que he visto cultivada), al final de la cual volvemos a encontrar nuestro camino, que viene de dar una revuelta por la derecha. Al fondo, justo al borde de la masa de pinos de la izquierda, entrevemos una lengua roja de camino: hacia ella hay que dirigirse.

6. En ella estamos, dirigiéndonos a esta hoya (ahora en barbecho, pero que he visto cultivada), al final de la cual volvemos a encontrar nuestro camino, que viene de dar una revuelta por la derecha. Al fondo, justo al borde de la masa de pinos de la izquierda, entrevemos una lengua roja de camino: hacia ella hay que dirigirse.

Esa lengua roja es de hecho el mismo camino por el que circulamos, que, tras este primer llano, comienza a bajar con decisión. Seguiríamos por él si quisiéramos visitar la Hoya de los Endrinos, precioso lugar que, infortunadamente para el excursionista, es usado como dirt-track por moteros de los contornos. Como después de eso tendríamos que recuperar la altura que habríamos perdido, lo que haremos en cambio será abandonar el camino cuando empieza a bajar, y fijar el rumbo en la mencionada lengua roja…

7. … a través de esta amena vaguada, que nos enfila a una más de las innumerables dolinas de la Sierra.

7. … a través de esta amena vaguada, que nos enfila a una más de las innumerables dolinas de la Sierra.

Cerca del final, conviene subir un poco en lugar de bajar, para no errar la cerrada curva que hace el camino en la parte que nos tapan los pinos. Podremos observar, unos metros ladera arriba a la derecha, un curioso cercado que parece no vallar nada. Lo que rodea es un agujero: la entrada de la sima de San Rafael, protegida y señalizada por Medio Ambiente con un cartelito explicativo.

En definitiva, llegamos a la lengua roja del camino, y lo seguimos en lo que es la cuesta más pronunciada de la ruta…

8. …desde la cual siguen impresionándonos las vistas: ahora con Íllora en el centro, y por delante, en primer plano, la mencionada Hoya de los Endrinos, donde son visibles las cicatrices de las motos sobre la feraz terra rossa que la colmata.

8. …desde la cual siguen impresionándonos las vistas: ahora con Íllora en el centro, y por delante, en primer plano, la mencionada Hoya de los Endrinos, donde son visibles las cicatrices de las motos sobre la feraz terra rossa que la colmata.

Tras la cuesta, y conforme gira a la derecha, el camino se nivela al entrar en el llano, el que he llamado “segundo escalón”:

9. Entre pinos y encinas, ingresamos en un terreno que combina los roquedos calizos con ocasionales hondonadas cubiertas de pasto.

9. Entre pinos y encinas, ingresamos en un terreno que combina los roquedos calizos con ocasionales hondonadas cubiertas de pasto.

Un poco más adelante encontramos una primera bifurcacion a la izquierda, que nos lleva a las cortas mineras que empiezan un poco más allá. Aquí es fácil -e incluso conveniente- despistarse un poco al transitar entre las profundas trincheras, algunas verdaderamente espectaculares…

10a. Hermosa zanja resultado de la extracción de la falsa ágata. Como ésta se forma a lo largo de fracturas, sus filones suelen ser estrechos y alargados.

10a. Hermosa zanja resultado de la extracción de la falsa ágata. Como ésta se forma a lo largo de fracturas, sus filones suelen ser estrechos y alargados.

10b. Un curioso visitante. Ríete tú de los escaladores extremos. Estuvo todo el rato allí colgada hasta que nos fuimos alejando y entonces, en dos o tres saltos, salió de la pared y trepó al árbol más cercano.

10b. Un curioso visitante. Ríete tú de los escaladores extremos. Estuvo todo el rato allí colgada hasta que nos fuimos alejando y entonces, en dos o tres saltos, salió de la pared y trepó al árbol más cercano.

Si tras las primeras cortas nos desviamos un poco a la derecha y buscamos un claro entre los pinos, tendremos unas hermosas vistas del Morrón:

11. En primavera los gamones tapizan los claros.

11. En primavera los gamones tapizan los claros.

En todo caso, luego volveremos a dirigirnos a la izquierda. En caso de perderse un poco, el truco para recuperar el sentío -de la marcha- es ascender; aunque parezca que no hay dónde hacerlo, lo cierto es que todos los agujeros se apoyan en una leve pendiente del terreno, que culmina en un abombamiento desde el que ya no es posible ascender más. Ahí comprenderemos que estamos en el que he marcado como punto c

12. Y tendremos a la vista la mayor parte del llano, un gozoso mosaico de verdes y blancos, que abarca hasta justo antes de un horizonte atiborrado de sierras, sólo interrumpido al Norte por el escalon superior de ésta en la que estamos.

12. Y tendremos a la vista la mayor parte del llano, un gozoso mosaico de verdes y blancos, que abarca hasta justo antes de un horizonte atiborrado de sierras, sólo interrumpido al Norte por el escalon superior de ésta en la que estamos.

13-Muy cerquita de este punto se abre la zanja minera más grande de las que ocupan el llano: un cañón de paredes verticales de cerca de 15 m de profundidad.

13-Muy cerquita de este punto se abre la zanja minera más grande de las que ocupan el llano: un cañón de paredes verticales de cerca de 15 m de profundidad.

Si quisiéramos llegar al borde Sur del llano (Variante B, línea naranja desde c), evitaríamos el camino que claramente interrumpe el roquedo, en dirección Suroeste, y desde el punto más alto y mirando al Sur descenderíamos un poco hacia la izquierda, buscando la senda que lleva a Alomartes, y que sigue desde aquí una dirección nítidamente Sur (digamos que apuntando al pico del Lucero, en la Almijara). Nos deja en poco más de 1 km en el borde donde el terreno se precipita abruptamente hacia la Vega de Granada, y las vistas son aun más enjundiosas, la Vega extendida como un mapa a nuestros pies.

Completado el desvío, volvemos sobre nuestros pasos hasta el pto. c o sus inmediaciones, con la vista puesta en el Morrón, que será nuestro faro en lo que sigue.

14. Hélo aquí, con el Morrón y sus aparatosos repetidores en todo lo alto.

14. Hélo aquí, con sus aparatosos repetidores en todo lo alto.

Podemos ir por el camino, que queda algo a nuestra derecha tras la zanja principal, o trochar por el llano, entre hierba y piedras que nos amenizarán el paso.

15. Llegando a la Hoya del Brezal, observaremos que un ramal de camino cruza en perpendicular nuestro curso. Tras él, y a la izquierda, observaremos una línea o grupo aislado de pinos, hacia los que nos dirigiremos (también nos guiaban en la variante A).

15. Llegando a la Hoya del Brezal, observaremos que un ramal de camino cruza en perpendicular nuestro curso. Tras él, y a la izquierda, observaremos una línea o grupo aislado de pinos, hacia los que nos dirigiremos (que son los que nos salían al paso también en la variante A).

16. Tras ellos, una zona despejada y luego estos restos de edificación flanqueados por dos robustos cipreses, a la sombra de los pinos de la ladera que ahí comienza (d).

16. Tras ellos, una zona despejada y luego estos restos de edificación flanqueados por dos robustos cipreses, a la sombra de los pinos de la ladera que ahí comienza (d).

Estando a la mitad de la excursión, este puede ser un buen sitio para comer, a sol o sombra según el día, o podemos aguantar el hambre hasta el collado siguiente, con mejores vistas pero, a veces, viento.

Para llegar al mencionado collado dejaremos los muros derruidos bajando en paralelo a la vaguada que allí comienza (hacia la izquierda si miramos al Morrón). Al atravesar un claro se nos definirá una vereda que lo cruza y luego asciende una cuestecilla, hasta el collado de marras:

17. Precioso lugar, donde cambiamos las vistas al Sur por las del Oeste: desde Sierra Gorda de Loja hasta La Horconera en Córdoba, pasando por la mismísima Serranía de Ronda.

17. Precioso lugar, donde cambiamos las vistas al Sur por las del Oeste: desde Sierra Gorda de Loja hasta La Horconera en Córdoba, pasando por la mismísima Serranía de Ronda.

Tras el collado, la senda hace una revuelta para llegar a una hoya, cerrada por un repunte calizo:

18. En el centro, una pintoresca era, A la izquierda, un gran pino demediado: tras un vendaval en Febrero de 2014 quedó como se ve en la foto grande; en recuadro, cómo era unos meses antes. La gran rama de la izquierda yace ahora en el suelo, pobre.

18. En el centro, una pintoresca era, A la izquierda, un gran pino demediado: tras un vendaval en Febrero de 2014 quedó como se ve en la foto grande; en recuadro, cómo era unos meses antes. La gran rama de la izquierda yace ahora en el suelo, pobre.

Salimos de la hondonada por la derecha, internándonos en una pinada que muestra también los restos del temporal, con decenas de árboles en el suelo. Tras ella, cruzamos una vaguada despejada y volvemos al pinar, mezclado con encinas. Aquí la senda va dividida, a varias alturas, pero en general transcurre por el límite inferior de la zona arbolada de pinos. Justo más abajo aparece una cerca que no dejará que bajemos más de la cuenta.

19. A nuestra izquierda dominamos la zona conocida como El Hoyo, donde alternan los campos con buenas masas de encinar.

19. A nuestra izquierda dominamos la zona conocida como El Hoyo, donde alternan los campos con buenas masas de encinar.

Realmente no conviene perder altura, porque un poco más allá debemos superar un pequeño repunte de la ladera:

20. Desde el que las vistas siguen siendo de escándalo, sobre todo en los días despejados del invierno: vemos Sierra Gorda, por delante el Hacho de Loja, por detrás Los montes de Antequera y Sierra de Abdalajís, y en el extremo derecho asoman la Sierra del Endrinal y del Pinar, ya en Grazalema.

20. Desde el que las vistas siguen siendo de escándalo, sobre todo en los días despejados del invierno: vemos Sierra Gorda, por delante el Hacho de Loja, por detrás Los montes de Antequera y Sierra de Abdalajís, y en el extremo derecho asoman la Sierra del Endrinal y del Pinar, ya en Grazalema.

Tras el altozano, una nueva bajadita antes de una subida algo más pronunciada. La senda atraviesa una zona descarnada antes de llegar a las inmediaciones de un grupo de almendros que destacan en el paisaje (especialmente en Febrero) (e).

21. Tras los almendros se encuentra esta preciosa era, proa de un verde barco que enfilara el valle…

21. Tras los almendros se encuentra esta preciosa era, proa de un verde barco que enfilara el valle…

Aquí tenemos dos posibilidades: la ruta alta (en rojo) y la baja (C, en naranja), ambas cargadas de argumentos para el disfrute. La alta es más corta y supone menos subeybaja, pero seguramente la inferior es más completa. Paso a explicar primero esta última:

Saliendo de la era por la derecha, hay una senda más marcada hacia abajo (y otras, que luego veremos, que llanean hacia la derecha). Tomamos la que baja, y en poco tiempo nos asoma a este vallecito…

22. …delineado por el cerrete que se levanta a la izquierda. Al fondo vemos los edificios de un cortijo, hacia los que caminamos por el fondo de la vaguada.

22. …delineado por el cerrete que se levanta a la izquierda. Al fondo vemos los edificios de un cortijo, hacia los que caminamos por el fondo de la vaguada.

Antes de llegar al cortijo, la cañada gira a la izquierda, con lo que dejamos el edificio a la derecha…

23. …pero no nos duele, pues caminamos por un trozo del edén de las cabras.

23. …pero no nos duele, pues caminamos por un trozo del edén de las cabras.

Pasada una nueva era a la izquierda se abre un camino de ese mismo lado, pero seguiremos en nuestra cañada girando a la derecha para afrontar un último tramo, acompañando un cercado de ganado a nuestra diestra.

Desembocamos en un camino más importante, que unos metros más abajo ya es de asfalto. Por él caminaremos unos doscientos metros, dejando a la derecha un par de entradas a un cortijo habitado y cercado que se oculta en el encinar.  Pasamos entonces justo al pie del Peñón de Murcia, que se levanta, abrupto y rocoso a la derecha. Inmediatamente después, la carretera gira a la izquierda para buscar una encrucijada algo más abajo (por donde se puede llegar en coche desde la carretera de Montefrío). Pues bien; justo en esa curva dejamos el asfalto…

24. …por este vetusto camino que apunta a una casilla algo más allá.

24. …por este vetusto camino que apunta a una casilla algo más allá.

Tras la casilla, y ya convertido en senda, el camino se interna en un precioso encinar con quejigos, por donde vamos perdiendo altura de claro en claro, eligiendo siempre la derecha en caso de duda.

La bajada termina en un último y más amplio claro adornado por un pequeño arce de Montpellier (en octubre destaca poderosamente su colorido otoñal).

25. Al frente, en esplendorosa panorámica, vemos lo que sigue. Tras la loma del centro de la foto, coronada por una alameda anaranjada (en primavera), se ubica el Cortijo de los Caños, por donde pasaremos en la otra variante. En esta llegaremos casi a su altura, pero atacando la loma más hacia la izquierda, donde el camino sigue la linde de un olivar.

25. Desde allí, y al frente, en esplendorosa panorámica, vemos lo que sigue. Tras la loma del centro de la foto, coronada por una alameda anaranjada (en primavera), se ubica el Cortijo de los Caños, por donde pasaremos en la otra variante. En esta llegaremos casi a su altura, pero atacando la loma más hacia la izquierda, donde el camino sigue la linde de un olivar.

26. Aquí lo vemos, flanqueado por algunos quejigos de buena estampa.

26. Aquí lo vemos, flanqueado por algunos quejigos de buena estampa.

Por el borde del olivar nos espera una subida corta pero intensa, hasta un rellano entre dos manchas de monte, tras el cual se abre una ladera poco empinada, igualmente plantada de olivos, donde desaparece cualquier rastro de senda. Veremos al frente una hilera de chopos (que bordean un arroyito) y, algo a la derecha, una casamata o pequeña nave. Caminaremos hacia ella, para cruzar el arroyo aguas abajo de la misma. Un escueto pilarillo vierte agua al cauce, y es perfecto para rellenar cantimploras y mojarse las cabezas, si fuera menester.

Por la izquierda del arroyo, y sin senda digna de ese nombre, progresamos los escasos metros que nos separan del camino que baja del Cortijo de los Caños:

27. Que baja junto al arroyo justo hasta este punto en el que gira separándose del mismo. Es un lugar de gran encanto, esbeltos quejigos frente a estilizados álamos, rodeados de olivos con la hierba primorosamente afeitada a sus pies, y alrededor las desnudas alturas de la sierra.

27. Que baja junto al arroyo justo hasta este punto en el que gira separándose del mismo. Es un lugar de gran encanto, esbeltos quejigos frente a estilizados álamos, rodeados de olivos con la hierba primorosamente afeitada a sus pies, y alrededor las desnudas alturas de la sierra.

Tomamos el camino a la izquierda, y en pocos metros desembocamos en otra encrucijada: a la izquierda baja hacia el valle y a la derecha asciende hacia un nuevo cortijo y más allá. A la derecha lo tomamos hasta el mencionado cortijo.

28. A la altura del mismo -que queda a la izquierda de la foto- y sobrepasada una pequeña nave -en el centro- miramos hacia atrás. Por sobre el camino destaca el Peñón de Murcia, desde cuyo pie venimos, bajando y subiendo.

28. A la altura del mismo -que queda a la izquierda de la foto- y sobrepasada una pequeña nave -en el centro- miramos hacia atrás. Por sobre el camino destaca el Peñón de Murcia, desde cuyo pie venimos, bajando y subiendo.

A esta altura tenemos a la izquierda (en el sentido de la marcha) una dolina u hoya despejada que interrumpe la línea de los cerros. El camino ideal es por dicha hoya, pero entre ella y nosotros se interpone una cerca ganadera de alambre de espino. Los del cortijo nos decían que se podía pasar (siendo Sergey Bubka, tal vez), pero que había un portillo más arriba, por el camino. Así que, si sois atléticos y decididos, saltad la valla ahí. Si no, subid un ciento de metros por el camino y, tras pasar una segunda edificación más pequeña, encontraréis a la izquierda el portillo de marras (f) por el que, por cierto, pasa la otra variante. Realmente desde aquí se puede seguir esta última, si el tiempo apremiara, pero sería pena no adentrarse en el encinar que hay al otro lado del cerro, que es lo que perseguimos; así que, pasado el portillo, desandamos del otro lado de la cerca hasta la dolina.

Cruzaremos ésta hasta donde se adivina un collado entre encinas, al que accedemos tras una mínima subida.

29. Del otro lado se desarrolla un estupendo encinar, en el que se abren primorosos claros de hierba. No bajaremos hacia el que se ve en el centro. Se trata de ir derivando a la derecha, no lejos de la cima del cerro (si tropezamos con una nueva valla, nos mantendremos sin cruzarla y dejaremos que nos guíe).

29. Del otro lado se desarrolla un estupendo encinar, en el que se abren primorosos claros de hierba. No bajaremos hacia el que se ve en el centro. Se trata de ir derivando a la derecha, no lejos de la cima del cerro (si tropezamos con una nueva valla, nos mantendremos sin cruzarla y dejaremos que nos guíe).

Debemos embocar una vaguada más despejada que pasa al lado de un par de edificaciones mientras sigue rodeando el cerro. Poco después de los edificios la vaguada tuerce a la izquierda, pero a la derecha se ve que el cerro se retira y deja un paso abierto, en ligera subida. Por ahí caminaremos para salir en un momento a una prreecioosa dolina, de suelo plano como un lago verde y escarpadas paredes cubiertas de encinas. La cruzaremos a todo lo largo, y por su extremo -menos escarpado- ascenderemos hasta el punto (g) en el que conectamos con la otra variante.

30. Después de haberla cruzado a todo lo largo, miramos la dolina desde arriba.

30. Después de haberla cruzado a todo lo largo, miramos la dolina desde arriba.

Ya sólo nos queda acabar de rodear el extremo Norte de la Sierra. Pero antes de meternos en eso, vamos a volver atrás y describir la otra alternativa desde la era de los almendros (e) hasta este punto.

Desde la mencionada era habíamos tomado la senda descendente, obviando las que salían hacia la derecha. En esta variante tomaremos estas últimas. Lo digo en plural porque en zonas abiertas se dividen y entrelazan al ritmo del rebaño. En general buscaremos la más cómoda que nos lleve a la derecha, entre un buen encinar, sin subir ni bajar más de lo indispensable.

31. El interior del encinar es un microclima más fresco y húmedo, paraíso de musgos y líquenes.

31. El interior del encinar es un microclima más fresco y húmedo, paraíso de musgos y líquenes.

Pronto estaremos a la altura del cortijo que dejábamos a la derecha en el otro trayecto, pero que ahora nos debe quedar a la izquierda y algo por debajo (si no es que queramos visitarlo, pues encanto tiene). Desde aquí la senda comienza a subir hasta salir del encinar a un empinado secano con almendros. Se ve claramente cómo las trochas (varias) lo cruzan en diagonal, en ascenso, hasta su borde opuesto. Tomamos la más alta y trasponemos la lomilla que forma, para dar vista…

32. Al Peñón de Murcia, pero esta vez a su altura, culminada la mayor parte del ascenso hasta su collado. Nos queda avanzar a cota, primero entre almendros, luego encinas, hasta alcanzarlo.

32. Al Peñón de Murcia, pero esta vez a su altura, culminada la mayor parte del ascenso hasta su collado. Nos queda avanzar a cota, primero entre almendros, luego encinas, hasta alcanzarlo.

33. El mencionado collado es un llano pedregoso, donde las estupendas vistas superan con mucho el interés del terreno inmediato. La ladera de olivos que tenemos enfrente se conoce como El Cañadoso, y en ella podemos ver el Cortijo de los Caños y otros más pequeños a su izquierda. Más a la derecha (de hecho, entre los árboles que hay tras los excursionistas) interesa localizar una amplia balsa de agua cuadrangular, flanqueada por álamos, que va a ser nuestro faro en el tramo siguiente.

33. El mencionado collado es un llano pedregoso, donde las estupendas vistas superan con mucho el interés del terreno inmediato. La ladera de olivos que tenemos enfrente se conoce como El Cañadoso, y en ella podemos ver el Cortijo de los Caños y otros más pequeños a su izquierda. Más a la derecha (de hecho, entre los árboles que hay tras los excursionistas) interesa localizar una amplia balsa de agua cuadrangular, flanqueada por álamos, que va a ser nuestro objetivo en el tramo siguiente.

En efecto, hay que llegar justo al frente, a la balsa y Cortijo, que están sólo 50 o 60 m. más bajos que nosotros. El rumbo inicial es casi directo al objetivo, pero después, cierta concavidad del terreno nos llevará a derivar un poco a la derecha para no perder demasiada altura. Cruzaremos una mancha de encinar cerca de la base de los tajos que hace ahí la montaña…

34. … donde no faltan buenos ejemplares de quejigos. Hacia abajo podríamos entretenernos en buscar encinas centenarias, de las que hay unas cuantas de majestuoso porte.

34. … donde no faltan buenos ejemplares de quejigos. Hacia abajo podríamos entretenernos en buscar encinas centenarias, de las que hay unas cuantas de majestuoso porte.

35. Bajo los tajos, y atravesado el encinar, comienza de nuevo el secano de olivos (aunque lo de secano es un decir, porque esta parte es de encinar “sostenible” con hierba, y además tiene riego por goteo). La foto está tomada mirando hacia arriba y hacia atrás. Nosotros habremos salido del bosque que se ve a la derecha, bien a esta altura, o bien frente a la alameda anaranjada del centro. Tras ella (a la izquierda en la foto), comienza otro secano en cuesta, separado del resto por una mancha de monte cerrado en un escalón de la ladera. Si hemos salido por allí, es más cómodo bajar hasta el punto en el que está tomada la foto, dejando secano y monte cerrado a la derecha, pues luego sólo queda llanear hasta la balsa.

35. Bajo los tajos, y atravesado el encinar, comienza de nuevo el secano de olivos (aunque lo de secano es un decir, porque esta parte es de encinar “sostenible” con hierba, y además tiene riego por goteo). La foto está tomada mirando hacia arriba y hacia atrás. Nosotros habremos salido del bosque que se ve a la derecha, bien a esta altura, o bien frente a la alameda anaranjada del centro. Tras ella (a la izquierda en la foto), comienza otro secano en cuesta, separado del resto por una mancha de monte cerrado en un escalón de la ladera. Si hemos salido por allí, es más cómodo bajar hasta el punto en el que está tomada la foto, dejando secano y monte cerrado a la derecha, pues luego sólo queda llanear hasta la balsa.

Ésta se divisa claramente, pues posee un potente talud, al que varias hileras de chopos sostienen con sus raíces, formando un conjunto que destaca claramente en el paisaje.

36. Tas trepar el talud -y metiendo el objetivo por un agujero de la malla que convenientemente la rodea- obtenemos una vista de la balsa. Por encima de las encinas y quejigos del centro/izquierda discurre el secano que comenzaba en la otra alameda, cuyas copas alcanzan a verse por detrás.

36. Tas trepar el talud -y metiendo el objetivo por un agujero de la malla que convenientemente la rodea- obtenemos una vista de la balsa. Por encima de las encinas y quejigos del centro/izquierda discurre el secano que comenzaba en la otra alameda, cuyas copas alcanzan a verse por detrás.

Desde la balsa tenemos el Cortijo de los Caños a tiro de piedra. Supongo que los caños son caños de agua, pues la propia balsa, y algún arroyito en el suelo atestiguan su abundancia. No surprise, pues estamos justamente sobre el subsuelo de margas cretácicas que sostiene el bloque de dolomías y calizas jurásicas que es la sierra. Permeables éstas e impermeables aquellas, al agua no le queda más remedio que salir por su borde de contacto, que por cierto ocurre a lo largo de una potente falla al pie de los tajos de la foto anterior.

Desde la balsa, dejaremos el cortijo a la izquierda y atravesaremos un arroyo o zona encharcada, para llegar hasta un espectacular quejigo que destaca al otro lado. Era aun más espectacular, pero el temporal que ya hemos comentado también le arrebató una rama importante, dejándolo un poco descompensado. Más allá del quejigo divisaremos otro venerable ejemplar, en este caso de nogal, y hacia él nos dirigiremos.

37. A la sombra del nogal miramos atrás hacia el quejigo. Son dos árboles de los de antes (y no los de Merimée).

37. A la sombra del nogal miramos atrás hacia el quejigo. Son dos árboles de los de antes (y no los de Merimée).

Tras el nogal prosigue el olivar. Lo cruzaremos hacia su borde más cercano, sin subir ni bajar un metro, para descubrir, detrás de un macizo de encinas, un camino perpendicular a nuestro rumbo. En verdad no es otro que el que subía del valle en la variante anterior, y que viene a morir algo más arriba, hacia la derecha, tras rodear el secano. Nosotros lo tomaremos a la izquierda, unos metros, hasta encontrar el portillo que ya conocemos (f), que ahora nos quedará a la derecha.

38. Bajando hacia el portillo, que está a la altura de Bruno (el perro) y Kiko (el humano). Detrás y a la derecha, bajo la sombra del cerro, se adivina la hondonada por donde discurre la otra variante.

38. Bajando hacia el portillo, que está a la altura de Bruno (el perro) y Kiko (el humano). Detrás y a la derecha, bajo la sombra del cerro, se adivina la hondonada por donde discurre la otra variante.

Desde el portillo hay como una trocha de cabras que asciende unos metros entreverándose con un estrecho cauce seco, en dirección a un amplio collado, apenas más bajo que el cerro a su izquierda. De hecho hay que andar atentos al coronar, para no irse de frente hacia unos prados, sino derivar a la derecha, sin subir ni bajar, siguiendo la trocha en esa dirección (es que trochas hay a troche y moche; el caso es coger la buena. Se trata de mantenerse rodeando el escalón superior de la sierra manteniendo en lo posible la cota). Signo de que vamos por el buen camino será que, unos metros después, veremos a la izquierda abrirse la prreecioosa dolina que atravesábamos en la otra variante, y llegaremos al punto (g) en el que las dos alternativas se unen.

A partir de aquí seguiremos rodeando la sierra por un inmenso lapiaz:

39. La orientación se pierde un poco, pero vamos a fijar el rumbo justo al extremo superior del bosque de encinas que tenemos enfrente. El terreno es algo más cómodo hacia la derecha. Si subimos un poco primero, encontraremos luego más hierba y menos piedras, y un asomo de vereda.

39. La orientación se pierde un poco, pero vamos a fijar el rumbo justo al extremo superior del bosque de encinas que tenemos enfrente. El terreno es algo más cómodo hacia la derecha. Si subimos un poco primero, encontraremos luego más hierba y menos piedras, y un asomo de vereda.

40. Llegados al borde del encinar, lo dejamos a la izquierda y seguimos llaneando. Todo este tramo es un estupendo balcón sobre la Sierra Sur de Jaén. Vemos Alcalá la Real en el centro de la foto. Más a la izquierda la Sierra de la Pandera. A la derecha, los montes de Frailes y Valdepeñas, culminando en el Paredón, tras el que asoma la Sierra de Mágina.

40. Llegados al borde del encinar, lo dejamos a la izquierda y seguimos llaneando. Todo este tramo es un estupendo balcón sobre la Sierra Sur de Jaén. Vemos Alcalá la Real en el centro de la foto. Más a la izquierda la Sierra de la Pandera. A la derecha, los montes de Frailes y Valdepeñas, culminando en el Paredón, tras el que asoma la Sierra de Mágina.

En ese punto estamos en el extremo norte de la sierra, y a partir de aquí comenzamos a virar hacia el sur (y, si es por la tarde, a internarnos en la sombra del propio macizo). Cruzaremos un portillo ganadero cómodo y practicable y seguiremos la senda conforme contornea lomas y vaguadas…

41. …que implican pequeñas subidas y bajadas manteniendo grosso modo la cota de 1.290 m en la que nos movemos. Aparece ya Sierra Nevada al fondo, señal de que vamos completando el círculo.

41. …que implican pequeñas subidas y bajadas manteniendo grosso modo la cota de 1.290 m en la que nos movemos. Aparece ya Sierra Nevada al fondo, señal de que vamos completando el círculo.

Tras una última lomilla venimos a desembocar a otro olivar, cuyo límite superior sigue aproximadamente la mencionada cota. Caminaremos por él, sin alejarnos del borde, hasta que por la derecha, en dirección a la sierra, vemos un grupo de edificaciones:

42. Ahí termina una valla que venía cerrando al paso a la derecha. Junto a su esquina, y superando un arroyito, subiremos un escalón de un par de metros hasta el olivar de la foto. Tomaremos ahora su borde inferior, hasta donde acaba, convirtiéndose en un vetusto camino…

42. Ahí termina una valla que venía cerrando al paso a la derecha. Junto a su esquina, y superando un arroyito, subiremos un escalón de un par de metros hasta el olivar de la foto. Tomaremos ahora su borde inferior, hasta donde acaba, convirtiéndose en un vetusto camino…

43. …que se abre paso por una nueva mancha de encinar, hasta salir a otro carril que viene por la derecha (y es el que da servicio a los cortijos que veíamos antes). Siguiéndolo en la dirección que traíamos, en cosa de cinco minutos estamos en el cruce del que partimos por la mañana.

43. …que se abre paso por una nueva mancha de encinar, hasta salir a otro carril que viene por la derecha (y es el que da servicio a los cortijos que veíamos antes). Siguiéndolo en la dirección que traíamos, en cosa de cinco minutos estamos en el cruce del que partimos por la mañana:

44. Y así, sin comerlo ni beberlo, habremos completado 360º de variados terrenos y espectaculares panorámicas.

44. Y así, sin comerlo ni beberlo, habremos completado 360º de variados terrenos y espectaculares panorámicas.

Un último apunte: es posible llegar en vehículo hasta la base del Peñón de Murcia, bien desde Alomartes o bien desde la carretera de Puerto Lope a Montefrío (saliendo por la que lleva a la Cortijada de los Gitanos y que arranca junto a una parada del autobús interurbano) (ver entrada). Siendo un punto casi opuesto a nuestro inicio, permite plantearse la ruta con otra secuencia. Y por supuesto, también hacerla en sentido contrario, aunque entonces las indicaciones se convierten en un galimatías. En todo caso, disfrutadla.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s