El karst de La Mora

Caratula-Karst-Mora

12 Enero 2014

Como lo prometido es duda, volvemos más pronto que tarde a la fascinante umbría y cresta de la Mora, que aun guarda secretos, esperemos que confesables… En esta ocasión subiremos hasta el Collado del Cigarrón para luego recorrer la cresta por abajo de cabo a rabo (que hasta el rabo todo es toro…).

Repetimos el comienzo desde la salida de las Mimbres en la A-92, y por el mismo camino llegamos al Chorrillo (remito a la entrada anterior para un track de la ruta y una descripción más detallada del acceso y de la zona). Pero es un poco más temprano, y en la umbría se nota:

…pues la escarcha enharina todo lo que está a la sombra.

…pues la escarcha enharina todo lo que está a la sombra.

Colores del invierno, en todo su esplendor, que es propio y particular.

Colores del invierno, en todo su esplendor, que es propio y particular.

Ascendemos el arroyo hasta el punto en el que lo cruza el camino que viene del Cortijo. Hoy hemos decidido seguir valle arriba, para luego salir al camino del Cigarrón. De momento, en la encrucijada hay camino barranco arriba:

Conoció mejores tiempos, pero fue incluso apto para vehículos… Lástima de una zona donde está invadido por las zarzas, y cuesta un poco progresar.

Conoció mejores tiempos, sin duda, pero tuvo que ser incluso apto para vehículos… Lástima de una zona donde está invadido por las zarzas, y cuesta un poco progresar.

Llega un momento en que el camino termina, como todo en esta vida, y nos deja dos opciones: una senda que se ve razonablemente bien y es muy pendiente, que asciende al frente con el arroyo a la derecha; o bien cruzar el arroyo -vaguada, vamos- y subir fuerte por la margen derecha, hacia donde se ve collado. Eso es lo que hacemos, y salimos efectivamente a un collado de la loma. Unos metros más allá, encontramos el camino que sube desde el Chorrillo, que tomamos alegremente hacia la izquierda.

En un pispás estamos en el Collado del Cigarrón:

Este collado es el que comunica los Llanos del Chorrillo con el Barranco y Umbría del Polvorite. El camino supera el collado y desemboca en pocos metros en el que viene de Las Minas y se dirige luego a la Fuente de La Mora y al Cerro del Mirador.

Es el que comunica los Llanos del Chorrillo con el Barranco y Umbría del Polvorite. El camino supera el collado y desemboca en pocos metros en el que viene de Las Minas y se dirige luego a la Fuente de La Mora y al Cerro del Mirador.

Desde aquí se podría llegar al objetivo por el cortafuegos que asciende hasta la base de las crestas, pero es muy empinado y soso, así que decidimos tomárnoslo con tranquilidad por el camino, que seguimos hacia la izquierda. Tras unas cuantas curvas dejamos a la derecha el ramal que baja a la Fuente del Polvorite, rodeada de arces ahora pelados. Sigue una subidita y luego una cerrada curva a la izquierda, seguida, tras un corto tramo recto, de otra aun más cerrada a la derecha. En este punto mesehaocurrío que puede haber un acceso fácil a la divisoria de la loma, al cortafuegos, y de ahí a la base de la cresta. De modo que salimos del camino en la curva y ascendemos apenas, ganando un llanillo tras el que empezamos a rodear la ladera. Y ¡tate! las cabras ya lo habían pensado antes: una inequívoca trocha parece habernos leído el pensamiento, y nos dejamos llevar por ella bajo una pinada de altura:

Casi filiformes, los pinos silvestres se disputan la luz y el espacio.

Casi filiformes, los pinos silvestres se disputan la luz y el espacio.

En menos de lo que canta un gallipato nos tropezamos con el cortafuegos. De aquí a la cresta sube directo y a todo trapo. Pero, guarda… la trocha que hemos seguido cruza con decisión el cortafuegos y se interna en el otro lado, sin ganar altura. ¿Conectará con las que conocemos de la umbría? ¿Será que aquellas vienen a salir aquí, y no allá arriba? Duda existencial que resolvemos pronto, en favor de la trocha horizontal. Tiene más lógica caprina.

De modo que nos internamos en la pinada del otro lado y vamos avanzando, sin apenas subir, hasta que salimos a una zona más despejada, donde ya vemos la cresta sobre nuestras cabezas:

Es un espectáculo bravío de piedras torturadas, castillo de duendes…

Es un espectáculo bravío de piedras torturadas, castillo de duendes…

Como queda ladera hasta las rocas, ganamos un poco de altura para asegurarnos de que cogemos la senda buena, y no una que baje al valle. Cuando encontramos una trocha bien definida y con ínfulas de vereda, la seguimos.

Creo que ya he comentado que me gusta esta ladera: con sus mostajos y guillomos, sus pinos aislados y espinos en grupos, sus cojines de monja, la salvia, la humedad, la hierba… todo colgado, escalonadamente ordenado frente al paisaje inmenso…

Creo que ya he comentado que me gusta esta ladera: con sus mostajos y guillomos, sus pinos aislados y espinos en grupos, sus cojines de monja, la salvia, la humedad, la hierba… todo colgado, escalonadamente ordenado frente al paisaje inmenso…

Aquí tomamos un bocado antes de proseguir. La vereda lleva hasta la vaguada que precede al Collado de la Mora. La seguimos en general, aunque en un momento nos desviamos a la derecha, hasta la base de los peñascos, para enseñarle a Giu el hoyo que descubrí el otro día. De vuelta, bajamos del todo de nuevo hasta la vereda, al inicio de la vaguada:

… que resulta ser una preciosa dolina -o un rosario de ellas- de fondo plano y herboso, buy herboso.

… que resulta ser una preciosa dolina -o un rosario de ellas- de fondo plano y herboso, buy herboso.

Aquí la primera dolina, desde el otro lado.

Aquí la primera dolina, desde el otro lado.

Enfrente y a la derecha, la cresta se deshace en una vistosa serie de bloques y pináculos…

Enfrente y a la derecha, la cresta se deshace en una vistosa serie de bloques y pináculos…

En fin: estamos claramente en mitad de un pequeño torcal, donde los fenómenos kársticos predominan (de ahí el título de la entrada). El karst (de la región eslovena del mismo nombre) es el tipo de modelado que experimentan las calizas en ciertas condiciones, debido a su capacidad de ser disueltas por el agua (ligeramente ácida). Paisajes de este tipo requieren estratos próximos a la horizontal (que puedan crear cavidades subterráneas que colapsen), abundancia de fracturas (que luego el agua ensancha separando bloques) y, por supuesto, agua. Aquí tenemos de todo ello, y el resultado es un gozoso laberinto, aderezado por la vegetación, que ocupa la mayor parte de la cresta de la Mora y sus aledaños.

Sobre un rellano colgado ha echado sus raíces un vigoroso arce, que duerme de pie esperando la primavera.

Sobre un rellano colgado ha echado sus raíces un vigoroso arce, que duerme de pie esperando la primavera.

Recorremos la serie de depresiones hasta el final, dejando atrás, a nuestra derecha, el frente de un escalón rocoso que asciende hacia el collado. Es por encima de este escalón que al final subimos, con los tajos de este lado a nuestra izquierda, tras torcer bruscamente a la derecha al final de las dolinas. Y es por ahí por donde circula lo más parecido a una trocha, y por donde el camino está más despejado de arbustos hasta el collado…

Al que arribamos sin problemas un poco después.

Al que arribamos sin problemas un poco después.

En la última ocasión, bajé directamente hacia la Fuente de la Mora, pero hoy nos sobra tiempo, y decidimos demorarnos cerca de la cresta, pues la ortofoto muestra que hay repliegues ocultos también en la solana. Vamos a buscarlos siguiendo la débil trocha que se mantiene pegada al roquedo conforme giramos a la izquierda tras el collado:

Atraviesa la trocha un grupo de encinas, como fuentes de ramas, que crecen al pie de los peñascos.

Atraviesa la trocha un grupo de encinas, como fuentes de ramas, que crecen al pie de los peñascos. La trocha es más clara que la que baja directamente, y me convence de que vamos bien, caprinamente hablando.

Efectivamente, en pocos momentos accedemos a un terreno más despejado, que sube hacia la cresta y se convierte en una amplia y profunda trinchera:

Aquí se ha desgajado un dique de piedra por la izquierda, dejando este notable pasillo. Tiene centinelas de piedra en su entrada, y más arriba alguna parede de piedra donde ha muerto la hiedra que la abrazaba. El suelo  removido indica a las claras que cabras y ovejas frecuentan el lugar.

Aquí se ha desgajado un dique de piedra por la izquierda, dejando este notable pasillo. Tiene centinelas de piedra en su entrada, y más arriba alguna pared donde subsiste el cadáver de la hiedra que la abrazaba. El suelo removido indica a las claras que cabras y ovejas frecuentan el lugar.

Cerca del fondo, la trinchera se convierte en una agradabilísima estancia, casi llana aunque rodeada de peñascos, que termina, por un lado, en un estrechamiento final…

Cerca del fondo, la trinchera se convierte en una agradabilísima estancia, casi llana aunque rodeada de peñascos, que termina, por un lado, en un estrechamiento final…

… que aquí podéis ver, esta vez con la hiedra vivita y coleando.

… que aquí podéis ver, esta vez con la hiedra vivita y coleando.

… y por la izquierda en una apoteósica ventana sobre el paisaje:

Es ventana con balcón, en forma de castillejo que avanza sobre el despeñadero. El árbol de la izquierda resulta ser el arce que veíamos antes desde abajo, pues el corte que hemos seguido atraviesa toda la cresta, devolviéndonos a la umbría.

Es ventana con balcón, en forma de castillejo que avanza sobre el despeñadero. El árbol de la izquierda resulta ser el arce que veíamos antes desde abajo, pues el corte que hemos seguido atraviesa toda la cresta, devolviéndonos a la umbría.

En este lugar de profundas vibraciones hacemos un alto, uno disparando, otra meditando, pero nos juntamos para la foto (quien se mueva nos sale, ya se sabe…):

Foto oficial y caballeras piedras.

Foto oficial y caballeras piedras.

Luego desandamos el pasillo, de nuevo hacia la solana:

…con el Veleta observándonos por encima del hombro.

…con el Veleta observándonos por encima del hombro.

Saliendo del pasillo, enfilamos de nuevo a la izquierda, donde la trocha se hace aun más evidente, y conduce en breves momentos a un último prado pegado a la pared:

Que es este, razón de más para que el ganado pase por aquí.

Que es este, razón de más para que el ganado pase por aquí.

De hecho, pegada a la cresta se abre esta oquedad, donde más de un rebaño habrá aguantado el chaparrón.

De hecho, pegada a la cresta se abre esta oquedad, donde más de un rebaño habrá aguantado el chaparrón.

Cruzamos el prado y nos internamos en los pinos del otro lado, derivando a la derecha pero sin bajar pues hemos de mantenernos en la parte superior de una lomilla que desde aquí se prolonga perpendicular a las crestas. Poco después, salimos a una nueva zona despejada, que ahora tiene caída a ambos lados: por la derecha hacia el prado de la Fuente de la Mora…

… y por la izquierda al Llano de los Fabiares y la Autovía. El Cerro del Calabozo centra el paisaje de este lado.

… y por la izquierda al Llano de los Fabiares y la Autovía. El Cerro del Calabozo centra el paisaje de este lado.

Tras unos pocos metros caminados por este lomo despejado, nos dejamos caer a la derecha, en dirección al prado de la fuente, por terreno más o menos pisado.

Salimos de entre los pinos y ya vemos abajo nuestro objetivo: el prado donde se ubica la Fuente de la Mora, que ya hemos conocido.

Salimos de entre los pinos y ya vemos abajo nuestro objetivo: el prado donde se ubica la Fuente de la Mora, que ya hemos conocido.

De aquí salimos como la vez anterior, por la sendita que acompaña, al final del prado, a una tubería de goma enterrada. En esta ocasión, no erramos el camino en al altozano que hay más adelante, sino que, pegados a la izquierda, acabamos enhebrando la vaguada por donde discurre el sendero, señalado por (escasos) mojones de piedras en los sitios más complicados. No es fácil de seguir, aunque la diferencia entre ir por el sitio o no tampoco es tanta.

Habiendo procedido correctamente, venimos a salir a estos resaltes, en zona abierta ya junto a la autovía, junto a la que luego caminaremos paralelos hasta el vehículo.

Habiendo procedido correctamente, venimos a salir a estos resaltes, en zona abierta ya junto a la autovía, paralelos a la cual luego caminaremos hasta el vehículo.

Y en casa a comer, que no están los tiempos para comer fuera. No prometo que sea la última…

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3 pensamientos en “El karst de La Mora

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